Gutiérrez, nacido hace 55 años en Luanco (Asturias), lleva años instalado en Madrid, ciudad que según sus palabras conoció como un lugar de oportunidades y que hoy percibe como «hostil» por la presión del mercado inmobiliario. El actor extiende su diagnóstico más allá de la capital y apunta a un fenómeno que, según sus declaraciones, también afecta a Barcelona, Valencia o Bilbao.
«Vivo en una finca de 90 vecinos y más de la mitad ya son apartamentos vacacionales. Puede que en cinco años quedemos cuatro o cinco propietarios. Es una auténtica desgracia para un modo de vida que hace unos años disfrutábamos y que hoy es impensable sostener», ha declarado Javier Gutiérrez, actor, a Esquire.
Ante ese escenario, el intérprete admite que valora mudarse a su casa en la sierra, donde según describe «todo está conectado» y el trato vecinal conserva una dimensión más humana que la que percibe en su actual finca madrileña.
El malestar expresado por Gutiérrez, compartido por otras voces del mundo de la cultura y el espectáculo, contrasta con los datos disponibles sobre el mercado inmobiliario. La rentabilidad del alquiler turístico frente al convencional varía de forma notable según la ciudad, el precio de compra de la vivienda o la tasa de ocupación, por lo que no cabe generalizar que un piso turístico resulte siempre más lucrativo que uno de alquiler tradicional. Algunos estudios recientes sitúan el alquiler residencial por encima del turístico en ciudades concretas.
El Plan Reside y la caída de licencias
El Ayuntamiento de Madrid ha intentado contener el fenómeno a través del Plan Reside, cuya aplicación ha derivado en un descenso de las nuevas solicitudes de licencia para vivienda de uso turístico. En 2025, esas peticiones cayeron un 42%, al pasar de 289 a 167, según los datos municipales. El censo del Instituto Nacional de Estadística refleja, por su parte, que el número de pisos turísticos en la capital se redujo de 22.435 en agosto de 2024 a 13.431 en mayo de 2026, un recorte del 40% en menos de dos años.
La normativa estatal ha reforzado además la posición de los propietarios frente a la proliferación de apartamentos turísticos dentro de sus edificios. Desde el 3 de abril de 2025, cualquier vecino que pretenda destinar su vivienda a uso turístico necesita la aprobación de la comunidad, con una mayoría de tres quintas partes de los propietarios. Esa mayoría cualificada permite aprobar, condicionar, limitar o prohibir la actividad, así como imponer un incremento de hasta el 20% en los gastos comunes de los pisos dedicados al alquiler turístico.
La reforma no tiene efecto retroactivo en los bloques donde el régimen turístico ya estaba implantado antes de esa fecha. Todo propietario que ejerciera la actividad con anterioridad a abril de 2025 y cumpliera entonces los requisitos legales puede seguir operando en las mismas condiciones, de modo que las comunidades no pueden aplicar la nueva prohibición a las viviendas turísticas que ya funcionaban como tales.
La protesta de Gutiérrez se suma a la de otras figuras públicas que han convertido la crisis de la vivienda en material cultural; en ese mismo terreno, Penélope Cruz encarna en 'La bola negra' a una cupletista del Madrid de otra época. El salto de la denuncia individual a la queja colectiva no es nuevo: la presión turística sobre el centro de las ciudades llevó ya en 2014 a los primeros vecindarios de Barcelona a organizarse contra la masificación de barrios como la Barceloneta.
Mientras la rentabilidad siga siendo el factor decisivo para propietarios e inversores que optan por el alquiler turístico frente al tradicional, el trasiego de maletas en portales y rellanos seguirá siendo una estampa habitual en buena parte de las comunidades de vecinos españolas, pese al freno regulatorio reciente.



