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Córdoba habría registrado alza en todos los delitos en el primer semestre de 2026

Un observatorio de la Unidad para las Víctimas habría detectado incrementos generalizados, con el desplazamiento forzado entre las mayores preocupaciones de organismos de derechos humanos.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Córdoba habría experimentado un aumento generalizado en las cifras de todos los delitos durante el primer semestre de 2026, según un reporte atribuido al Observatorio de la Unidad para las Víctimas. El desplazamiento forzado figuraría entre las problemáticas que más inquietud generan entre las entidades que monitorean la situación de derechos humanos en el departamento, en la región Caribe.

El reporte, atribuido a un observatorio dependiente de la Unidad para las Víctimas, señala que ningún indicador delictivo habría quedado exento de la tendencia al alza en el departamento durante los primeros seis meses de este año. El material disponible no detalla cifras específicas por tipo de delito ni la metodología con la que se consolidó el hallazgo, un vacío que las propias entidades de atención a víctimas suelen precisar en balances posteriores. Aun así, la magnitud del reporte —que abarcaría la totalidad de los delitos monitoreados— resulta suficiente para activar alertas entre los organismos encargados de la protección de derechos humanos en la región.

Córdoba ha sido históricamente uno de los departamentos con mayor incidencia del conflicto armado interno. Durante las décadas de 1990 y 2000, la zona fue escenario de una intensa disputa territorial entre grupos guerrilleros y estructuras paramilitares, particularmente las Autodefensas Unidas de Colombia, cuyo proceso de desmovilización se formalizó tras la Ley 975 de 2005, conocida como ley de Justicia y Paz. Esa historia dejó al departamento con un patrón de victimización que se cuenta entre los más altos del país, según registros históricos de la Unidad para las Víctimas.

El desplazamiento forzado y el marco judicial que obliga al Estado

Entre los fenómenos que más preocuparían a las entidades de derechos humanos se encuentra el desplazamiento forzado, tipificado en el Código Penal colombiano y considerado por la jurisprudencia de la Corte Constitucional como una violación masiva y sistemática de derechos fundamentales. La sentencia T-025 de 2004, que declaró el estado de cosas inconstitucional en materia de desplazamiento, sigue siendo el marco de referencia judicial más citado en el país para exigirle al Gobierno nacional respuestas concretas frente a los desplazamientos masivos, con obligaciones de prevención y atención sujetas a seguimiento de la propia Corte.

La Unidad para las Víctimas, creada mediante la Ley 1448 de 2011 —ley de víctimas y restitución de tierras—, es la entidad estatal encargada de coordinar la atención, asistencia y reparación integral a las personas afectadas por el conflicto armado. Sus observatorios regionales cumplen la función de monitorear tendencias delictivas y de victimización en los territorios más golpeados por la violencia, generando insumos que deberían alimentar la política pública de prevención.

La Defensoría del Pueblo y otras entidades de derechos humanos han advertido de manera reiterada sobre la reconfiguración de grupos armados en zonas del Caribe y el Urabá, área que limita con Córdoba y que ha sido escenario de disputas territoriales entre estructuras herederas del paramilitarismo y disidencias de las antiguas FARC que no se acogieron al Acuerdo de Paz de 2016. Ese instrumento, que dio origen a la JEP, transformó el mapa de actores armados sin cerrar del todo los focos de violencia en el norte del país.

Un patrón que se repite en el mapa nacional

El comportamiento delictivo en Córdoba no sería un caso aislado dentro del panorama de seguridad colombiano. Departamentos como Chocó, Cauca y Nariño han reportado en años recientes dinámicas de recrudecimiento de la violencia, asociadas con frecuencia a economías ilegales como el narcotráfico, la minería ilegal y las rutas de tráfico de personas. El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Defensa y la Policía Nacional, ha mantenido operativos de control territorial en estas regiones, aunque las cifras oficiales de criminalidad suelen conocerse con cierto rezago respecto a los reportes de organismos especializados en víctimas y derechos humanos.

La Procuraduría General de la Nación, como órgano de control disciplinario, y la Defensoría del Pueblo, como garante de derechos fundamentales, tienen competencias para exigir explicaciones a las autoridades locales y nacionales sobre el manejo de la seguridad en departamentos con estas características. Hasta el momento no se conoce un pronunciamiento oficial de ninguna de estas entidades sobre el reporte específico del observatorio.

El derecho de réplica de todas las partes permanece, por tanto, abierto.

Organizaciones sociales y de víctimas en el departamento han insistido de manera histórica en la necesidad de fortalecer los mecanismos de alerta temprana, un instrumento que opera la Defensoría del Pueblo y que busca anticipar riesgos de violaciones masivas de derechos humanos antes de que se materialicen en hechos como masacres o desplazamientos colectivos. El cruce de esas alertas con los datos de los observatorios de víctimas suele ser uno de los puntos de tensión entre las entidades de control y el Gobierno nacional al evaluar la efectividad de la política de seguridad territorial.

De cara a los próximos meses, se esperaría que la Unidad para las Víctimas publique un balance más detallado correspondiente al primer semestre de 2026, que permitiría contrastar las cifras departamentales con los promedios nacionales y con los registros de años anteriores. Ese ejercicio comparativo resultará clave para determinar si el comportamiento de Córdoba refleja una tendencia coyuntural o un patrón estructural que exija una respuesta diferenciada por parte del Estado colombiano.

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