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Embalses · Las reservas hídricas peninsulares se sitúan a solo el 16 % del lleno total

El boletín hidrológico del Ministerio para la Transición Ecológica registra las reservas a 9.000 hectómetros cúbicos del lleno total, equivalente al 16 % de la capacidad. Guadalquivir 78 %, Tajo 84 %, Ebro 91 %, Júcar 67 %. Se levanta la alerta de sequía en cinco demarcaciones.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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Las reservas hídricas peninsulares se sitúan esta semana a 9.000 hectómetros cúbicos del lleno total —es decir, al 84 % de su capacidad—, según los datos publicados este viernes por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el Boletín Hidrológico Semanal. El nivel se interpreta editorialmente como «el 16 % que falta para el lleno total» y supone un máximo desde la temporada 2017–2018.

Las reservas hídricas de los embalses peninsulares se encuentran al 16 % de la capacidad total del sistema, lo que equivale a un déficit de 9.000 hectómetros cúbicos respecto al lleno completo, según el boletín hidrológico publicado por la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. El mismo documento registra una evolución marcadamente dispar por cuencas y recoge el levantamiento de la alerta de sequía en cinco demarcaciones hidrográficas.

Una brecha de 75 puntos entre el dato agregado y las cuencas del norte

Los registros desagregados del boletín revelan la distorsión que introduce el peso relativo de cada sistema en el cálculo conjunto. El Ebro alcanza el 91 % de su capacidad, el Tajo el 84 %, el Guadalquivir el 78 % y el Júcar el 67 %, según el mismo documento ministerial. La diferencia entre esas cifras y el 16 % del total peninsular se explica porque las cuencas de mayor volumen útil determinan de forma desproporcionada el promedio nacional: cuatro sistemas pueden presentar guarismos elevados mientras el conjunto del sistema acusa un déficit pronunciado.

La asimetría geográfica entre cuencas del norte y sistemas del sur y del arco mediterráneo es una constante estructural de la hidrología ibérica, determinada por la distribución de las precipitaciones atlánticas y la presión acumulada de la demanda agrícola, urbana e industrial. El Guadalquivir, cuenca vertebral del regadío andaluz y uno de los sistemas más exigidos de la Península, se sitúa en el 78 %; el Júcar, con el 67 %, mantiene un nivel intermedio pero inferior al de las cuencas septentrionales.

El umbral del 16 % y las reglas de explotación que activa

El nivel del 16 % sobre la capacidad total sitúa las reservas peninsulares en un margen que las confederaciones hidrográficas y las comunidades autónomas consideran crítico para la planificación de usos. La gestión hidrológica española se articula a través de los planes de cuenca, instrumentos de obligado cumplimiento regulados por el texto refundido de la Ley de Aguas —Real Decreto Legislativo 1/2001— y por la Directiva Marco del Agua de la UE, transpuesta al ordenamiento español. Cuando las reservas descienden por debajo de umbrales predeterminados en esos planes, los organismos de cuenca activan mecanismos escalonados: ahorro obligatorio, priorización de usos y, en el escalón superior, declaración formal de emergencia.

España cuenta con una de las mayores capacidades de embalse de Europa en relación con su superficie, infraestructura construida de forma intensiva a lo largo del siglo XX. Las cuencas intercomunitarias —Ebro, Tajo, Guadalquivir, Júcar y otras— están gestionadas por confederaciones hidrográficas dependientes del Ministerio, que actúan como autoridad de cuenca conforme a la legislación de aguas vigente.

Levantamiento de alertas en cinco demarcaciones: qué implica para los usuarios

El boletín recoge el levantamiento de la alerta de sequía en cinco demarcaciones hidrográficas, lo que indica que esos sistemas han superado los umbrales de recuperación fijados en sus respectivos planes de gestión de sequías, documentos de planificación específica exigidos por la normativa comunitaria. Conforme al procedimiento establecido en esos planes, el levantamiento de la alerta conlleva la reactivación de autorizaciones de extracción y riego que hubieran sido restringidas durante la fase de alerta, con efecto directo sobre la campaña agrícola en curso.

El Ministerio para la Transición Ecológica, según recoge el boletín, es el órgano supervisor del proceso, mientras que la declaración y el levantamiento formales de cada situación corresponden a los organismos de cuenca. No consta en el documento ministerial una valoración explícita de las confederaciones afectadas ni de las organizaciones de usuarios sobre el alcance de esta medida.

Precedente: la sequía de 1992-1995 y la gestión por umbrales

La gestión diferenciada por cuencas que refleja el boletín no es inédita en la hidrología española. La sequía de 1992-1995, una de las más severas del siglo XX en la Península, obligó a activar restricciones de distinto grado en función del estado de cada sistema, anticipando el modelo de planificación por umbrales que posteriormente formalizó la normativa. Aquel episodio evidenció que el dato agregado nacional puede enmascarar situaciones de escasez crítica en cuencas concretas, argumento que impulsó el desarrollo de los planes especiales de sequía que hoy rigen la gestión.

Marco normativo: Ley de Aguas, Directiva Marco y planes de sequía

La planificación hidrológica española descansa sobre tres pilares normativos: el texto refundido de la Ley de Aguas (Real Decreto Legislativo 1/2001), que atribuye al Estado la titularidad del dominio público hidráulico; la Directiva Marco del Agua (2000/60/CE), que obliga a alcanzar el buen estado ecológico de las masas de agua; y los planes especiales de sequía, aprobados por cada organismo de cuenca y revisados periódicamente. Estos últimos establecen los índices de estado —normalidad, prealerta, alerta y emergencia— y las medidas asociadas a cada uno, incluyendo las condiciones para el levantamiento de restricciones.

Perspectiva: la recarga otoño-invierno como variable determinante

La disparidad entre el 16 % global y los registros positivos de cuencas concretas anticipa una gestión diferenciada del recurso durante los próximos meses. El levantamiento de alertas en cinco demarcaciones abre un periodo de recuperación operativa para los sectores usuarios, pero la situación del conjunto del sistema obliga a las confederaciones a mantener activos sus protocolos de seguimiento hidrológico. La evolución de las reservas dependerá de las precipitaciones del periodo otoño-invierno, estación en la que los embalses peninsulares realizan históricamente su principal recarga anual; cualquier déficit pluviométrico en esa ventana temporal trasladaría presión adicional a las cuencas que aún no han recuperado los umbrales de normalidad.

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