La provincia de Jaén, sin litoral, ha basado tradicionalmente su oferta turística en el patrimonio histórico, los parques naturales y el olivar, frente al modelo de sol y playa predominante en el resto de Andalucía. Segura de la Sierra se inscribe en esa tradición como uno de los municipios de referencia de la Sierra de Segura, comarca que forma parte del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, el espacio protegido más extenso de España por superficie, declarado en 1986 y con una extensión que ronda las 214.000 hectáreas según la Junta de Andalucía.
La altitud del municipio, superior a los 1.100 metros, explica en buena medida un clima más templado en los meses de julio y agosto respecto a las zonas de la campiña o la costa. Esa circunstancia ha impulsado un perfil de turismo de interior que busca escapar de las temperaturas elevadas registradas en el sur peninsular durante la época estival, una tendencia que las administraciones turísticas autonómicas han tratado de impulsar mediante campañas de promoción del turismo rural y de naturaleza como complemento al modelo de costa.
Un enclave fronterizo entre Castilla y el reino nazarí
El origen histórico de Segura de la Sierra está vinculado a su condición de plaza fronteriza entre el reino de Castilla y el reino nazarí de Granada durante la Baja Edad Media. El municipio perteneció a la Orden de Santiago, una de las órdenes militares que desempeñaron un papel destacado en el avance cristiano, con encomiendas que administraban extensos territorios en la frontera meridional. Rodrigo Manrique fue comendador de la Orden de Santiago en la encomienda de Segura durante buena parte del siglo XV. Su hijo, Jorge Manrique, autor de las Coplas por la muerte de su padre, una de las obras capitales de la literatura castellana medieval, pasó parte de su infancia en la localidad, uno de los elementos de mayor proyección cultural del municipio.
El castillo de Segura, situado a más de 1.200 metros de altitud, es el elemento arquitectónico que mejor resume ese pasado fronterizo. La fortaleza, que llegó a ser una de las más relevantes del reino de Castilla en la zona oriental de Jaén, conserva el patio de armas, la torre del homenaje y un aljibe medieval que garantizaba el suministro de agua en caso de asedio, una solución de ingeniería habitual en las fortificaciones defensivas de la época. Actualmente es posible recorrer estas dependencias, que constituyen el principal reclamo monumental de la villa.
El casco histórico conserva un trazado de calles empedradas y casas encaladas que remite a su pasado andalusí, previo a la conquista cristiana de la zona en el siglo XIII. Los Baños Árabes, construidos entre los siglos XI y XII, se cuentan entre los conjuntos termales de origen islámico mejor conservados de la provincia, con arcos de herradura y claraboyas originales que documentan las técnicas constructivas de la época. La Fuente Imperial de Carlos V, obra renacentista del siglo XVI decorada con motivos heráldicos y gárgolas, representa por su parte el periodo posterior a la incorporación definitiva del territorio a la Corona de Castilla, cuando la localidad adquirió un carácter señorial.
La plaza de toros del municipio, de planta rectangular y sin gradas, constituye una singularidad dentro del patrimonio taurino español, donde predominan los recintos circulares construidos a partir del siglo XVIII. La Iglesia de Nuestra Señora del Collado, que alberga la talla de alabastro de la Virgen de la Peña, y la calle Caballeros Santiaguistas, con fachadas tradicionales engalanadas con flores, completan el conjunto de bienes patrimoniales más reseñables.
Naturaleza y gastronomía como complemento a la visita
El Mirador de Peñalta ofrece una de las panorámicas más destacadas del entorno, con vistas hacia la cumbre del Yelmo, que alcanza los 1.800 metros de altitud y constituye uno de los puntos geográficos de referencia de la Sierra de Segura. El parque natural en el que se enmarca el municipio es también hábitat de especies como la cabra montés y diversas rapaces protegidas, dentro de un régimen de protección regulado por la Junta de Andalucía como espacio natural protegido.
La gastronomía local gira en torno al aceite de oliva virgen extra, producto amparado por denominación de origen en varias comarcas jienenses, y a platos tradicionales como los andrajos, el ajoatao o las gachamigas, recetas de raíz campesina que han pervivido como seña de identidad culinaria de la sierra.
El turismo de interior en Jaén, y en particular en comarcas como la Sierra de Segura, ha registrado en los últimos años un interés creciente vinculado a la búsqueda de destinos con menor afluencia y temperaturas más suaves en verano. La consolidación de esa demanda dependerá en los próximos ejercicios de la mejora de la conectividad por carretera, la oferta de alojamiento rural y las campañas de promoción que las administraciones despliegan cada temporada estival.
