El documento europeo detalla que España, Francia e Italia acumularon un número similar de jornadas por encima de lo habitual, con temperaturas que no dieron tregua ni de noche: las mínimas tropicales, que no bajaron de los 20 grados, impidieron a los cultivos recuperarse del estrés térmico diurno. Grecia y Croacia registraron un exceso menor pero también significativo de días de calor extremo, según el mismo balance.
El campo español llegó a ese verano ya debilitado. En junio, antes de que arreciara el calor estival, ASAJA había estimado una cosecha nacional de cereal de invierno de 15,1 millones de toneladas, frente a los más de 22 millones del año anterior, en lo que la organización agraria calificaba de campaña media-baja. La causa no fue uniforme: en el centro y norte peninsular pesaron la sequía y las altas temperaturas de la segunda quincena de mayo, cuando el grano todavía se llenaba; en el sur, el daño vino de las borrascas de enero y febrero, que anegaron miles de hectáreas en Sevilla, Cádiz y Córdoba.
En Andalucía, esas inundaciones invernales dejarán una producción de cerca de 1,23 millones de toneladas, un 24% menos que el año anterior, según las estimaciones de ASAJA. El mapa del daño se extiende a otras comunidades: la organización agraria había calculado en junio caídas del 61,3% en Baleares y del 49% en la Comunidad de Madrid, donde la cosecha rondaría las 153.000 toneladas, por debajo incluso de las 170.000 previstas en La Rioja.
Castilla y León pierde 3,52 millones de toneladas
La primera región cerealista del país concentra el golpe más severo. La Junta de Castilla y León estimó en julio una producción de unos 4,9 millones de toneladas de cereal de invierno, un 41,8% menos que los 8,42 millones del año anterior, lo que equivale a una pérdida de 3,52 millones de toneladas de grano. A ese derrumbe se suma una menor superficie sembrada: según ASAJA, la región pasó de 1.883.000 a 1.650.000 hectáreas cultivadas, un recorte del 13% motivado por la falta de rentabilidad del cultivo en campañas recientes.
El calor adelantó además el calendario agrícola. ASAJA de Castilla y León señaló que la recolección comenzó hasta quince días antes de lo habitual, un adelanto que coincidió con perspectivas económicas muy preocupantes para los cerealistas de la comunidad. Las organizaciones agrarias calculan que la cosecha regional valdrá unos 980 millones de euros, frente a unos costes de producción de 1.300 millones, lo que deja pérdidas cercanas a los 300 millones de euros.
«Trabajando, nos arruinamos», resumió Donaciano Dujo, presidente de ASAJA en Castilla y León.
El sector recuerda que el Gobierno aportó 150 millones de euros en ayudas y reclama a la Junta una cantidad similar en apoyo directo al cereal. El patrón de campañas erráticas, con sequías e inundaciones alternas, viene siendo señalado por las administraciones agrarias españolas desde hace varios ciclos, en paralelo a otros episodios de deterioro ambiental documentados en el continente, como la rebaja del 98% de partículas PM2,5 que Pekín atribuyó a su política entre 2013 y 2025.
El maíz madura tres semanas antes en algunos puntos
El análisis del JRC, que recoge datos de toda la Unión Europea, distingue entre dos tipos de cultivo según el momento en que les golpeó el calor. Los cereales de invierno, que habían completado casi todo su ciclo antes de las peores olas de calor, mantienen rendimientos cercanos a la media de los últimos cinco años en el conjunto de la UE, un contraste notable con el desplome registrado en España. Los cultivos de verano, en cambio, atravesaban su fase crítica cuando llegó el calor extremo.
Las previsiones de septiembre citadas por el JRC sitúan los rendimientos de la soja un 15% por debajo de la media, los del maíz verde un 14% y los del maíz grano un 8%; la patata queda un 7% por debajo y la remolacha azucarera, un 11%. Ya en julio, el boletín MARS había recortado la previsión de maíz grano a 6,93 toneladas por hectárea, desde las 7,38 de junio, según recogió Reuters. El organismo calcula que, en las zonas más castigadas, el maíz maduró hasta tres semanas antes de lo normal, un adelanto que redujo el tiempo disponible para formar grano y mazorca.
El JRC advierte de que el impacto final sobre la producción total superará con claridad el recorte de los rendimientos por hectárea, porque en varias de las zonas más castigadas cosechar dejó de resultar rentable y los agricultores optaron por abandonar los campos sin recolectar. Ese fenómeno, señala el organismo, hace que el dato de rendimiento, ya de por sí negativo, no refleje toda la magnitud del daño sobre el volumen final de cosecha en el conjunto de la Unión Europea.
Francia, Italia y Hungría entre las zonas más críticas
El boletín de agosto del JRC había identificado ya las regiones donde el fallo de cosecha sería más probable: Francia, el sur de Alemania, el norte y el centro de Italia, Austria, Chequia, Eslovaquia, Hungría y el oeste de Rumanía. En todas ellas se esperaban rendimientos muy reducidos y, en algunos casos, fracasos locales del cultivo. La escasez de agua de riego y las restricciones a su uso agravaron el estrés hídrico en buena parte de esas zonas.
El organismo europeo matiza que el impacto fue desigual según la disponibilidad de riego: en Benelux, Eslovenia y Croacia el daño resultó moderado, concentrado sobre todo en el maíz de secano. Otras áreas permanecían bajo vigilancia al cierre del boletín, como el sur de Irlanda, el norte de Alemania y Dinamarca, por la falta de humedad en el suelo, además de déficits localizados en el sur de Polonia, el oeste de Ucrania y el oeste de Bulgaria. En España, el mismo informe de agosto registró temperaturas localmente muy altas en el norte del país, aunque con efectos que en ese momento todavía parecían limitados sobre los cultivos.
El JRC coordina a escala europea el sistema MARS, que combina observación por satélite y modelos agrometeorológicos para anticipar los rendimientos de las principales cosechas de la Unión y orientar la gestión de los mercados agrarios. Sus boletines mensuales, como los de julio y agosto que anticiparon el deterioro de este verano, son la referencia oficial sobre la que la Comisión evalúa la evolución de la producción comunitaria antes de la recolección definitiva.


