La convocatoria, según los organizadores, partió de ciudadanos de las cuatro confesiones religiosas presentes en la ciudad autónoma —cristianos, musulmanes, judíos e hindúes—, que se declararon españoles y responsabilizaron al presidente del Gobierno de dejarles a su suerte ante Marruecos. La ausencia de Pérez Triano en una movilización de esa magnitud, con cargos de su propia formación en primera línea, ha abierto una brecha visible entre la dirección socialista ceutí y parte de su militancia orgánica.
La presencia del secretario de Organización y de dos de los tres diputados socialistas representa a una parte sustancial del grupo parlamentario del PSOE en la Asamblea, que cuenta con tres escaños. Su asistencia a un acto que cuestiona la gestión del Ejecutivo sitúa a la dirección local en una posición incómoda respecto a Moncloa.
Pérez Triano compagina su cargo de delegado del Gobierno —designado por el Ejecutivo central para representar al Estado en la ciudad autónoma— con el liderazgo del PSOE ceutí. Esa doble condición dificulta cualquier desmarque público de las políticas del Gobierno, a diferencia del margen con el que cuentan los dirigentes territoriales sin responsabilidad institucional en la Administración General del Estado.
Una frontera que condiciona la vida local
Ceuta mantiene con Marruecos una relación fronteriza compleja, marcada por episodios recurrentes de tensión, cierres de pasos y una disputa de soberanía que Rabat no reconoce, pese a que España administra la ciudad desde hace siglos. Con una población en torno a los 83.000 habitantes, según el padrón del Instituto Nacional de Estadística, la ciudad depende en buena medida de su relación comercial y logística con el país vecino, lo que convierte cada fricción bilateral en un asunto de impacto económico y social directo.
El precedente que evocan los propios vecinos es el de mayo de 2021, cuando la entrada masiva de personas por la zona de El Tarajal, facilitada por la relajación de los controles marroquíes, desbordó a las autoridades españolas y desató una crisis humanitaria y diplomática de primer orden. Aquel episodio, que el Gobierno calificó entonces de agresión por parte de Rabat, marcó un punto de inflexión en la percepción ceutí sobre la fragilidad de la frontera y su dependencia de las decisiones que se toman en Madrid y en el país vecino.
Sobre ese trasfondo, la protesta del domingo reavivó el temor de la población a quedar relegada en las prioridades de la política exterior española, con reproches al Ejecutivo por lo que los manifestantes perciben como una actitud de excesiva cautela ante Marruecos. Ceuta reclama desde hace años mayor inversión en infraestructuras, seguridad fronteriza y reconocimiento de su singularidad estatutaria.
El marco competencial y las réplicas pendientes
Ceuta y Melilla se rigen por sus Estatutos de Autonomía, aprobados en 1995, que les otorgan un régimen especial con competencias más limitadas que las comunidades autónomas plenas y una dependencia mayor de la Administración General del Estado. La seguridad fronteriza y las relaciones internacionales son competencia exclusiva del Estado, conforme al artículo 149.1.3 de la Constitución, lo que sitúa la gestión de la frontera fuera del alcance del Gobierno local, sea cual sea su color político.
Desde la Delegación del Gobierno no ha trascendido una explicación pública sobre la ausencia de Pérez Triano en la manifestación. Tampoco ha habido pronunciamientos oficiales del PSOE de Ceuta que confirmen o desmientan la existencia de una fractura interna, por lo que el alcance real de la división permanece sin despejar.
El Partido Popular, en la oposición en Ceuta, y Vox, con representación en la Asamblea, han sostenido en episodios anteriores un discurso de exigencia hacia Marruecos en materia de soberanía y control fronterizo, si bien ninguna de las dos formaciones ha fijado una posición específica sobre esta última protesta ni sobre la división atribuida al PSOE local. El Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, responsable de la relación bilateral con Rabat, tampoco ha precisado el estado actual de la tensión aludida por los manifestantes.
A partir de ahora, el foco se sitúa en si la dirección federal del PSOE interviene para recomponer la unidad del partido en Ceuta y en si Pérez Triano ofrece explicaciones sobre su ausencia. Será igualmente determinante observar si el Gobierno articula algún gesto o comunicado dirigido a la ciudad autónoma en las próximas semanas, en un momento en que la relación con Marruecos —socio comercial y de cooperación migratoria de primer orden para España— sigue condicionando buena parte de la agenda bilateral en el Mediterráneo occidental.


