El Modelo Magnético Mundial (WMM, por sus siglas en inglés) es la referencia técnica que emplean los sistemas de navegación basados en el campo geomagnético terrestre, desde la aviación civil hasta la navegación submarina. Lo desarrollan conjuntamente la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial de Estados Unidos (NGA) y el Centro Geográfico de Defensa del Reino Unido (DGC), y se revisa cada cinco años. La versión vigente, el WMM2025, se publicó a finales de 2024 y mantendrá su validez hasta finales de 2029, salvo que se detecten variaciones extraordinarias en el campo magnético.
Durante buena parte del siglo XX, el polo norte magnético mantuvo un desplazamiento relativamente estable desde su primera localización en Canadá. La situación cambió a finales de esa centuria, cuando el punto empezó a acelerar su marcha hasta alcanzar los 60 kilómetros anuales, diez veces más rápido que su ritmo histórico previo. Ese comportamiento anómalo obligó a los organismos responsables a revisar con mayor frecuencia sus modelos de predicción, ante el riesgo de que las brújulas y los sistemas de posicionamiento perdieran precisión antes de la actualización quinquenal prevista.
La desaceleración detectada ahora, hasta los 35 kilómetros por año, constituye según los datos disponibles el mayor frenazo registrado desde que existen mediciones sistemáticas. El fenómeno en sí —el desplazamiento del polo magnético— es normal y conocido desde hace casi dos siglos: se origina en el movimiento del líquido conductor de electricidad del núcleo terrestre, que circula mediante corrientes de convección entre el núcleo interno y el externo. Ese proceso de calentamiento, ascenso, enfriamiento y descenso del material es, según explica la Fundación Aquae, el mecanismo que genera el campo magnético del planeta.
Un modelo con margen reducido a 300 kilómetros
La versión de alta resolución del modelo, conocida como WMMHR2025, ha permitido reducir el margen de error de cálculo de unos 3.300 kilómetros a cerca de 300 kilómetros en la zona ecuatorial. La mejora resulta especialmente relevante en las regiones polares, donde las brújulas convencionales pierden fiabilidad por la proximidad del campo magnético a la vertical. El WMM lo emplean marinas comerciales y militares, sistemas de navegación submarina, la aviación civil y organismos como la OTAN, además de fabricantes de automóviles y teléfonos móviles que calibran con estos datos sus brújulas digitales y mapas.
Los riesgos prácticos de este desplazamiento no son hipotéticos. Los sistemas de posicionamiento global (GPS) podrían sufrir errores de orientación temporales si el modelo de referencia queda desfasado respecto a la posición real del polo. En la aviación, las pistas de aterrizaje y las rutas de vuelo se orientan según el campo magnético, por lo que un desajuste no corregido a tiempo podría traducirse en retrasos, cancelaciones o incidencias de seguridad que las autoridades aeronáuticas deben prevenir mediante recalibraciones periódicas.
El segundo frente de riesgo tiene que ver con la interacción entre el campo magnético terrestre y la actividad solar. Cuando una tormenta solar de intensidad suficiente alcanza la magnetosfera, puede inducir corrientes geomagnéticas en las líneas de alta tensión y disparar apagones eléctricos. El episodio de referencia es el de marzo de 1989, cuando una tormenta solar dejó sin electricidad durante nueve horas a la provincia canadiense de Quebec, un caso que la comunidad científica sigue empleando para calibrar la vulnerabilidad de las redes eléctricas modernas.
Dolores Knipp, profesora del Departamento de Ciencias de Ingeniería Aeroespacial Smead e investigadora asociada sénior en el Observatorio de Gran Altitud del NCAR, en Boulder (Colorado), ha matizado la dificultad de establecer comparaciones históricas fiables entre tormentas geomagnéticas.
«Es un poco difícil calibrar las tormentas a lo largo del tiempo porque nuestra tecnología está cambiando constantemente», ha explicado Dolores Knipp, investigadora del NCAR en Boulder, Colorado.
Esa advertencia resulta relevante porque la infraestructura crítica actual —desde hospitales hasta redes de telecomunicaciones— depende de sistemas digitales mucho más sensibles a las perturbaciones geomagnéticas que los existentes hace tres décadas. La combinación de una desaceleración del polo con una eventual tormenta solar de gran magnitud multiplicaría, según los datos disponibles, el riesgo de interrupciones simultáneas en varios sistemas dependientes del campo magnético.
Coordinación transatlántica en la OTAN
Para Europa, la cuestión no es menor: buena parte de la navegación aérea, marítima y de defensa del continente se apoya en modelos actualizados a partir de los mismos datos que emplea la OTAN, lo que convierte cualquier desajuste geomagnético en un asunto de coordinación transatlántica más que de un solo país. La dependencia europea de sistemas de posicionamiento por satélite, civiles y militares, se suma a un contexto en el que la resiliencia tecnológica del continente ya es objeto de debate, en línea con la percepción de declive recogida en la encuesta que sitúa a el 68% de los europeos con una visión pesimista sobre el futuro del continente.
Los responsables del WMM insisten en que no existe previsión de un colapso tecnológico inminente derivado de este fenómeno. La actualización quinquenal del modelo, sumada a la mejora de resolución que ofrece el WMMHR2025, está concebida precisamente para absorber estas variaciones antes de que generen fallos operativos significativos. El desafío, según se desprende de los datos disponibles, no es tanto el desplazamiento en sí —documentado desde 1831— como la capacidad de los sistemas de navegación y energía para adaptarse a un ritmo de cambio que ha demostrado ser menos predecible de lo asumido hasta ahora.
El WMM2025 seguirá siendo la referencia oficial hasta finales de 2029, salvo que una variación extraordinaria del campo magnético obligue a los organismos responsables a adelantar su revisión.
