El episodio más reciente de esta tensión ocurrió en una cancha de fútbol. Antes de un partido de la Liga de Naciones de la UEFA, el plantel irlandés amenazó con un boicot y finalmente salió al campo con brazaletes negros "en reconocimiento a todas las vidas perdidas en el conflicto", según la descripción difundida sobre el gesto. La escena condensó un enfrentamiento diplomático que se arrastra desde el inicio de la guerra.
La ofensiva militar israelí en Gaza, lanzada como respuesta al ataque de Hamás, ha dejado más de 73,000 muertos según cifras del Ministerio de Salud del territorio, administrado por ese grupo y que la ONU considera fiables. En enero de 2025, Irlanda se sumó formalmente al caso por presunto "genocidio" en Gaza que Sudáfrica presentó contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, un paso que profundizó el distanciamiento entre Dublín y Jerusalén.
Las fricciones entre ambos países no son nuevas, pero se agudizaron tras unas declaraciones del entonces ministro israelí de Patrimonio, Amichai Eliyahu, del partido Otzma Yehudit. El 5 de noviembre de 2023, antes de cumplirse un mes del ataque de Hamás, Eliyahu dijo en la radio Kol Berama que lanzar una bomba nuclear sobre Gaza era "una opción", frase que le costó el repudio del propio primer ministro Benjamin Netanyahu.
En esa misma entrevista, al ser consultado sobre qué hacer con la población palestina de la Franja, Eliyahu respondió que "ellos pueden ir a Irlanda o a los desiertos". La mención del país europeo no fue casual: Irlanda ya era entonces reconocida como una de las naciones con mayor respaldo público a la causa palestina y más críticas hacia el Estado de Israel.
Miceal Canavan, profesor de Política Irlandesa en la Universidad de Queens, en Belfast, considera que el caso irlandés resulta inusual porque el público general suele desentenderse de conflictos extranjeros sin vínculos directos con su propio país.
"Esto ocurre especialmente cuando no existen vínculos étnicos, religiosos, económicos o políticos con el conflicto en cuestión; y, en este caso, Irlanda no tiene ninguno de esos vínculos con Palestina ni con la región en general", dice Miceal Canavan, profesor de Política Irlandesa en la Universidad de Queens, en Belfast.
Junto con Liam Kneafsey, profesor adjunto de Ciencias Políticas en el Trinity College de Dublín, Canavan condujo el estudio que documentó ese 76% de interés en la población irlandesa, una proporción que calificó como muy superior a la de cualquier país europeo comparable. Kneafsey subraya además que lo singular no es solo el interés, sino la intensidad del respaldo hacia una de las partes del conflicto.
"Observamos que Irlanda constituye un caso muy particular en cuanto al nivel y la intensidad del sentimiento hacia una de las partes. Existe una mayoría de personas que simpatizan con los palestinos, una proporción muy superior a la que se registra en otros países europeos —como España, por ejemplo— que también se consideran favorables a la causa palestina", afirma Liam Kneafsey, profesor adjunto de Ciencias Políticas en el Trinity College de Dublín.
Según Kneafsey, ese respaldo trasciende las diferencias partidistas y permea a gran parte de la sociedad irlandesa, un fenómeno que contrasta con la fragmentación política habitual en otros temas de política exterior.
Fachler y los pilares de la sociedad irlandesa
Yanky Fachler, presidente de la Sociedad Histórica Judía de Irlanda, matiza que el tema palestino no figura entre las primeras preocupaciones cotidianas de los irlandeses cuando se les pregunta en encuestas generales. Sin embargo, apunta a un consenso institucional más amplio.
"Tanto los partidos del gobierno como los de la oposición, así como los medios de comunicación y el ámbito académico —en otras palabras, todos los pilares de la sociedad irlandesa convencional— se manifiestan abierta y rotundamente en contra de Israel", sostiene Yanky Fachler, presidente de la Sociedad Histórica Judía de Irlanda.
Esta postura tiene raíces diplomáticas que se remontan a 1980, cuando Irlanda se convirtió en el primer Estado miembro de la entonces Comunidad Europea en declarar, en una declaración conjunta con Baréin, que la solución al conflicto de Medio Oriente debía basarse en un Estado palestino soberano que coexistiera con Israel. Dublín también fue el último país de la Unión Europea en aceptar la apertura de una embajada israelí en su territorio, lo que ocurrió en enero de 1996, 21 años después de establecerse relaciones diplomáticas plenas entre ambos Estados.
Diciembre de 2024: Sa'ar cierra la embajada
El deterioro llegó a su punto más visible en diciembre de 2024, cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Sa'ar, anunció el cierre de la sede diplomática israelí en Dublín y acusó a Irlanda de sostener "políticas antiisraelíes extremas". El cierre revirtió la apertura lograda a mediados de los noventa, tras décadas de reticencia de Dublín.
"Las acciones y la retórica antisemita empleadas por Irlanda contra Israel tienen su raíz en la deslegitimación y demonización del Estado judío, junto con una doble moral. Irlanda ha cruzado todas las líneas rojas en sus relaciones con Israel", declaró Gideon Sa'ar, entonces ministro de Asuntos Exteriores de Israel, según un comunicado de esa cartera.
Canavan y Kneafsey atribuyen esta posición a lo que denominan "narrativas históricas" compartidas por buena parte de la sociedad irlandesa: la colonización inglesa de los siglos XVI y XVII, que desplazó a la población nativa de sus tierras en favor de colonos afines a la administración británica, y la emigración masiva posterior, impulsada por motivos políticos y económicos como la gran hambruna del siglo XIX. Ese mismo pasado de Dublín es escenario de otra historia reciente, la de la cadena RIU que reabrió The Gresham tras remodelarlo sin tocar su esencia.
