La inversión de roles es la señal más cruda de ese giro: ahora son los soldados ucranianos en el frente quienes llaman a sus familias en Kyiv para preguntar si están a salvo, y no al revés. Lo describió Peter Dickinson, residente de la capital y editor del blog Ukraine Alert del centro de análisis Atlantic Council, en declaraciones al Servicio Mundial de la BBC.
"Ahora se habla de Kyiv como una ciudad en el frente de batalla", declaró Dickinson. "Básicamente, ahora es tan peligrosa, si no más, que las ciudades que se encuentran geográficamente en la primera línea de la guerra."
La secuencia de ataques documentados en las últimas semanas ilustra la magnitud de la escalada. El 30 de septiembre, drones dañaron dos tiendas cerca de Kyiv. Al día siguiente, un dron impactó contra un edificio escolar en el distrito de Solomianskyi, mientras otro ataque alcanzaba un centro de negocios en la región de Odesa. El 8 de octubre, un dron ruso golpeó una escuela y un jardín infantil en el distrito de Bucha. La semana pasada, uno de los bombardeos dejó al menos 25 muertos, entre ellos niños, según el presidente Volodymyr Zelenski.
El Ministerio de Defensa ruso sostiene que los edificios atacados se utilizaban para fabricar o almacenar armamento y que sus objetivos son exclusivamente instalaciones militares o de la industria de defensa. Esa versión contrasta con el patrón señalado por analistas occidentales, que apuntan a una ofensiva deliberada contra infraestructura civil, en particular los puentes que cruzan el río Dniéper y dividen la capital ucraniana en dos.
Dickinson llama a esos puentes "las arterias vitales de la ciudad": la margen derecha concentra las oficinas gubernamentales y gran parte de la actividad económica, mientras la izquierda es predominantemente residencial. No existen túneles alternativos, solo puentes que dan servicio al metro y a las carreteras por donde transitan a diario millones de personas.
Según Dickinson, los drones rusos probablemente carecen de la potencia necesaria para destruir estructuras de ese tamaño, por lo que el objetivo real parecería ser forzar su cierre. El horario de los ataques resultaría revelador en ese sentido.
"Si su tarea fuera simplemente destruir infraestructuras, podrían hacerlo fácilmente a altas horas de la noche o de madrugada, con el mismo impacto, pero obviamente sin riesgo para la vida humana. Pero no lo hacen, lo hacen literalmente a la hora punta", afirmó Dickinson. "Realmente da la sensación de que se trata de una política muy deliberada. No hay manera de justificar estos ataques diciendo que fueron daños colaterales o que se trataba de objetivos militares legítimos."
El profesor Phillips O'Brien, de la Universidad de St Andrews, matiza el alcance de la novedad: "Yo no lo llamaría un cambio, lo llamaría una escalada", declaró al mismo servicio informativo. La diferencia, según Dickinson, radica en que Kyiv es ahora blanco de ataques de manera continua, día y noche, con consecuencias que van más allá de las víctimas directas.
La orden que citó Zelenski
"Es una enorme amenaza para la vida, pero también es increíblemente perjudicial porque significa que las escuelas no pueden funcionar, las empresas no pueden funcionar y hay una sensación de incertidumbre permanente", sostuvo Dickinson. El mandatario ucraniano ofreció al diario Financial Times una explicación directa sobre las motivaciones de la ofensiva, vinculándola con la imposibilidad rusa de ocupar el territorio por vía militar convencional.
"Los rusos no pudieron ocuparnos. Así que ahora están llevando a cabo ataques masivos y asesinatos en masa. Y, por supuesto, quieren atacar nuestros puentes y, según tenemos entendido, nuestros centros de datos, internet, redes de telefonía móvil, hospitales, guarderías, escuelas, universidades, todo. Quieren que la gente huya de sus ciudades", declaró Volodymyr Zelenski, presidente de Ucrania, al Financial Times.
Zelenski añadió un dato que atribuyó a información de inteligencia: "Sabemos por información de inteligencia y por algunas personas cercanas a Putin que a principios de septiembre Putin dijo: 'Ahora no hay reglas'". El profesor O'Brien interpreta esa lógica en clave de presión política más que puramente militar: "En resumen, se trata básicamente de ejercer tal presión política sobre el gobierno ucraniano que acepte un acuerdo que satisfaga los deseos de Rusia", señaló.
Con el invierno acercándose y temperaturas que en Ucrania pueden descender hasta los -20°C, la posibilidad de que Rusia desconecte centrales nucleares de la red eléctrica para privar de calefacción y agua a las ciudades añade una dimensión adicional a la ofensiva. Kyiv parece ser el principal objetivo, aunque Odesa, Leópolis, Dnipro y Járkov también estarían en la mira, de acuerdo con el análisis de Dickinson, "porque quieren atacar a civiles siempre que sea posible".
El bombardeo de ciudades ucranianas ha sido una constante desde que Putin lanzó la invasión a gran escala en 2022. Entonces los ataques se concentraban en objetivos de infraestructura energética y militar; la novedad que describen los analistas es la elección de blancos civiles cotidianos en horas de máxima concurrencia. La propia estadística de Lubinets, con un alza del 55% interanual en civiles muertos o heridos, refleja ese desplazamiento del patrón.
El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, resumió la estrategia en una publicación en la red social X: "Rusia está atacando sistemáticamente lugares donde sabe que la gente pasa su tiempo realizando sus actividades cotidianas, con el objetivo de maximizar las bajas, sembrar el miedo y presionar a la sociedad ucraniana". Dickinson coincide en que el propósito último es quebrar la moral de la población y generar la impresión de que el gobierno es incapaz de proteger a sus ciudadanos, lo que Rusia esperaría que derive en llamamientos internos a la capitulación.
