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La Nasa halla hongos y bacterias que resistirían semanas en la Luna

Una investigación en Science Advances plantea que microorganismos terrestres podrían sobrevivir en cráteres del polo sur lunar, en la ruta de las misiones Artemis.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un equipo liderado por Prabal Saxena, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland (EE. UU.), publicó en la revista Science Advances una investigación según la cual ciertos hongos y bacterias asociados a los humanos podrían sobrevivir durante semanas o meses bajo condiciones específicas de la superficie lunar.

El trabajo evaluó cinco microorganismos mediante simulaciones aplicadas a tres regiones cercanas al polo sur lunar —Nobile Rim, Connecting Ridge y Gerlache Rim—, con datos ambientales tomados del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA y de mediciones de exposición a la radiación en ese sector del satélite. Los modelos identificaron lo que los investigadores llaman zonas de supervivencia, ubicadas principalmente en cráteres con sombra permanente y durante estaciones lunares como el otoño y el invierno, cuando la temperatura y la radiación ultravioleta descienden lo suficiente como para no destruir de inmediato a los organismos analizados.

De los cinco microorganismos puestos a prueba, dos hongos mostraron mayor resistencia que las tres bacterias estudiadas. El más resistente fue Aspergillus niger, conocido como moho negro, común en ambientes cálidos y húmedos como baños y sistemas de climatización, que ya ha sido hallado por astronautas dentro de la Estación Espacial Internacional. “Aspergillus fue el más capacitado para sobrevivir en regiones de los polos lunares. Fusarium mostró una resistencia similar, aunque no al mismo nivel”, valoró Saxena.

El autor principal explicó que experimentos previos ya habían demostrado que el moho negro puede sobrevivir incluso fuera de la estación orbital, expuesto directamente al espacio. En el nuevo estudio, los modelos mostraron que el A. niger logró resistir incluso en áreas con cierta exposición a la luz solar y, por tanto, a la radiación ultravioleta, un umbral que otros organismos no superaron. El segundo hongo evaluado, Fusarium, exhibió una resistencia menor a la del moho negro, aunque ambos superaron con claridad a las especies bacterianas.

Las bacterias estudiadas fueron Deinococcus radiodurans, conocida por su capacidad de resistir el frío extremo y la radiación; Staphylococcus aureus, presente de forma habitual en la piel y las fosas nasales humanas; y Bacillus subtilis, hallada en el suelo, la vegetación y el tracto gastrointestinal. “Las bacterias que examinamos fueron menos resistentes a la radiación UV y, en consecuencia, tuvieron menor supervivencia”, aseguró Saxena.

Los investigadores identificaron cuatro amenazas principales para la persistencia de cualquier microorganismo en la superficie lunar: la radiación ultravioleta, el calor diurno —que puede alcanzar cerca de 127 grados centígrados—, la radiación de partículas energéticas y los efectos del vacío espacial, una combinación que en la mayor parte de la Luna resulta letal en cuestión de horas.

Sobrevivir no es lo mismo que crecer

La coautora del estudio, Heather Graham, biogeoquímica orgánica del mismo centro de la NASA, precisó que la investigación se limitó a analizar la supervivencia celular, sin evaluar si esos microorganismos serían capaces de crecer o reproducirse en el entorno lunar. “Existen escenarios donde las células pueden quedar enterradas, lo que las mantendría cálidas y protegidas de la radiación. También podría formarse en bolsas de agua líquida, lo que potencialmente ayudaría a que los organismos crezcan”, planteó como hipótesis no comprobada por el trabajo.

El equipo tampoco indagó si la exposición a las condiciones lunares —radiación, vacío, ciclos térmicos extremos— podría inducir mutaciones que alteraran el comportamiento de estos microorganismos. “El estudio solo examinó la persistencia celular y no la mutación, por lo que no podemos extender estos resultados para incluir detalles sobre una futura patogenicidad”, subrayó Graham, en una advertencia contra interpretaciones alarmistas.

El hallazgo se produce en un momento en que el programa Artemis de la NASA apunta precisamente al polo sur lunar como zona de alunizaje para futuras misiones tripuladas, la misma región donde los modelos ubicaron las zonas de supervivencia. China, por su parte, mantiene un cronograma propio de exploración lunar con aspiraciones de presencia humana sostenida, lo que multiplica el número de artefactos —y de microbios polizones— que llegarían al satélite en los próximos años.

La cuestión conecta con los principios de protección planetaria que rigen la exploración espacial desde la década de 1960, recogidos en el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, suscrito también por Colombia, que establece la obligación de evitar la contaminación biológica dañina tanto de otros cuerpos celestes como de la Tierra al retornar muestras extraterrestres. El antecedente más citado en la historia de la exploración es el de las misiones Apolo, cuyos astronautas fueron sometidos a cuarentena tras el regreso a partir de 1969 por precaución ante una eventual contaminación.

Aunque el estudio no ofrece una conclusión definitiva sobre el riesgo real de contaminación biológica en la Luna, sí aporta evidencia de que la eliminación total de microorganismos terrestres en misiones tripuladas es un desafío técnico considerable, algo que las agencias deberán sopesar en los protocolos de esterilización de trajes, módulos de aterrizaje y equipos científicos antes de las próximas misiones.

Los autores anunciaron que planean ampliar la investigación para evaluar el potencial de crecimiento y reproducción de estos microorganismos bajo condiciones lunares simuladas, así como estudiar posibles mutaciones inducidas por el entorno espacial. Estas líneas de trabajo, según señalaron, resultarán determinantes para calibrar el riesgo real antes del envío de tripulaciones humanas de forma permanente al satélite, previsto por ambas potencias para la próxima década.

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