Suárez, quien se ha perfilado como uno de los voceros más visibles del entorno de De La Espriella durante la transición de gobierno, publicó su mensaje tras lo que él mismo describió como semanas de “controversias y prudente silencio”. En el texto recordó su trayectoria como abogado y aseguró que esa profesión le dio “la libertad intelectual y la independencia empresarial” necesarias para defender lo que llamó la “majestad presidencial”, concepto que dijo haber sostenido de manera constante tanto durante los años en que Uribe ocupó la Presidencia como ahora, con De La Espriella como presidente electo.
“Así actué en las épocas en que Álvaro Uribe fue presidente y, ahora, cuando el señor presidente es mi amigo Abelardo De La Espriella, no puedo sino afianzar mi mantra: ‘La majestad presidencial no se toca’”, escribió el asesor. Sobre la polémica reciente con el exmandatario, Suárez reconoció que Uribe considera haber sido objeto de agravios, pero sostuvo que él sintió que fue utilizado como “el florero de Llorente” para atacar la investidura del presidente electo.
La expresión que empleó no es menor en la memoria política colombiana: alude al incidente del 20 de julio de 1810 en Santa Fe de Bogotá, cuando la disputa por un florero prestado por el comerciante José González Llorente sirvió de detonante al grito de independencia. En el uso corriente designa un episodio menor que precipita una confrontación de mayor calado; con ella, Suárez buscó minimizar el trasfondo de la disputa y, al tiempo, admitir que había escalado.
“La unidad de la Patria está por encima de todo. Ni la majestad presidencial ni la expresidencial deben ponerse en juego en enfrentamientos inanes cuando Colombia reclama que trabajemos por reconstruir la patria”, expresó. En esa línea, invitó públicamente al expresidente a “pasar la página” y a “honrar la majestad presidencial del hoy presidente y la suya como expresidente”, y anunció que, por su parte, daba por cerrada “de manera unilateral” la discusión pública.
La formulación equipara simbólicamente ambas figuras —la del jefe de Estado en ejercicio y la de quien ya dejó el cargo— dentro de un mismo marco de respeto institucional, un gesto poco frecuente en la política colombiana reciente, marcada por la polarización entre sectores del uribismo y otras corrientes. Suárez cerró su pronunciamiento agradeciendo el respaldo de los seguidores del mandatario electo y llamando a concentrar esfuerzos en el arranque del nuevo gobierno, al que se refirió con la fórmula “la Patria Milagro”.
El episodio se produce en plena transición hacia la posesión presidencial. En Colombia, la Constitución de 1991 fija el 7 de agosto como fecha de posesión del jefe de Estado ante el Congreso, de modo que De La Espriella deberá conformar su gabinete y definir la agenda legislativa que radicará ante las cámaras, además de tender los primeros puentes con las bancadas que tramitarán sus proyectos prioritarios una vez instalado el nuevo periodo legislativo.
La relación entre el uribismo y el gobierno entrante es observada con atención por congresistas de distintas orillas. El respaldo o la distancia de Uribe —fundador del Centro Democrático y figura con capacidad de movilizar votos y bancadas— puede incidir en la correlación de fuerzas que enfrentará De La Espriella para construir mayorías en el Senado y la Cámara de Representantes y sacar adelante su agenda. La ponderación de las curules en cada plenaria será decisiva para aprobar o hundir sus iniciativas.
No es la primera vez que un gobierno entrante en Colombia enfrenta tensiones con figuras del expresidencialismo antes de su posesión. La política reciente registra tanto rupturas de coaliciones como pactos de gobernabilidad que terminaron definiendo el rumbo de la relación entre el Ejecutivo y el Congreso durante buena parte del cuatrienio; la propia trayectoria de Uribe, presidente entre 2002 y 2010 y luego senador desde 2014, ha estado atravesada por alianzas y distanciamientos con administraciones posteriores.
El expresidente, una de las figuras con mayor influencia dentro del Centro Democrático, no se había pronunciado sobre si acepta el llamado a “pasar la página” ni había ofrecido su versión detallada sobre el origen de la controversia, por lo que el episodio queda, por ahora, cerrado únicamente desde la posición del asesor.
La forma en que se resuelva —o no— la relación entre el uribismo y el nuevo gobierno será uno de los primeros indicadores de gobernabilidad para De La Espriella una vez se instale el Congreso y arranque el trámite de las iniciativas que anuncie su gabinete. En el corto plazo, la posesión del 7 de agosto y la conformación de las bancadas de apoyo marcarán si gestos como el de Suárez logran allanar el terreno antes de que comiencen los debates de control político y la negociación de mayorías legislativas.
