El BCE ha subido el costo de los préstamos en dos ocasiones durante este año para contener el repunte de los precios energéticos derivado de la guerra en Irán, y ha dejado abierta la puerta a nuevas alzas si los datos lo justifican, aunque el organismo señaló que no tiene prisa por actuar sin pruebas de efectos inflacionarios de segunda ronda. La inflación de la eurozona corre al doble del objetivo de 2% fijado por la propia institución.
El banco central reconoció que el choque energético, por su magnitud y duración, probablemente presionará más la inflación y debilitará el crecimiento en la eurozona. Sobre el panorama de precios, el organismo fue explícito en el comunicado que acompañó la decisión.
"Los precios de la energía han seguido subiendo, lo que plantea riesgos al alza para las perspectivas de inflación y a la baja para las perspectivas de crecimiento", señaló el Banco Central Europeo en su comunicado.
El organismo añadió que la inflación subyacente se ha mantenido "en general estable" y que los salarios no han mostrado "una respuesta significativa" al aumento de los precios. Pese a ello, la mayoría de economistas encuestados por agencias internacionales anticipa solo una o dos alzas adicionales antes de que el banco dé por concluido el ciclo actual de endurecimiento monetario.
Francia paga la prima más alta en décadas
El otro frente que vigila el BCE son las turbulencias en el mercado de bonos franceses. Los inversionistas se han vuelto más cautelosos ante la creciente carga de deuda del país y la incertidumbre sobre sus perspectivas fiscales tras las elecciones de este año, agravada por propuestas de algunos sectores de la izquierda política francesa para condonar deuda en poder del BCE.
Francia debe pagar actualmente una prima de 155 puntos básicos frente a Alemania para colocar deuda a 10 años, la más alta en décadas, de acuerdo con el propio comunicado del BCE, que registra algunos de los rendimientos más altos de los últimos 25 años. El encarecimiento del crédito podría operar como un freno adicional a la economía, equivalente en sus efectos a una subida de tasas sin necesidad de decretarla.
"Las condiciones de financiación se han endurecido desde la última reunión del Consejo de Gobierno, lo que probablemente lastrará la inflación y el crecimiento", indicó el BCE.
El aumento global de los rendimientos —impulsado por expectativas de mayor crecimiento, más emisión de deuda y cuantiosas inversiones ligadas a la inteligencia artificial— ya encarecía el financiamiento tanto para gobiernos como para hogares y empresas en buena parte del mundo desarrollado. El dilema para el Consejo de Gobierno es doble: evitar que la inflación se arraigue en las expectativas y, a la vez, no desencadenar una turbulencia financiera que derive en recesión.
El instrumento que nunca se ha activado
Ante ese escenario, la primera línea de defensa del BCE sería la reinversión flexible de los recursos provenientes de los bonos adquiridos durante los programas de compra de activos de la década pasada. Si eso resultara insuficiente, el banco podría activar el Instrumento para la Protección de la Transmisión, un mecanismo diseñado para contrarrestar presiones de mercado consideradas injustificadas y que, hasta ahora, nunca ha sido utilizado desde su creación en 2022, concebido tras la experiencia de la crisis de deuda soberana europea de 2010 a 2012, cuando primas de países como Grecia, Italia y España amenazaron la cohesión del euro.
La atención de analistas y operadores se concentró también en la rueda de prensa posterior de Lagarde, donde previsiblemente se le cuestionó qué haría el BCE si los costos de financiamiento de Francia continúan disparándose. La presidenta anunció que dejará el cargo el 7 de febrero, meses antes de que concluyera formalmente su mandato, en una decisión difundida apenas horas antes del anuncio sobre las tasas.
Reuters informó este mes que el Foro Económico Mundial podría nombrar a Lagarde como su próxima presidenta ya en noviembre, lo que aceleraría una remodelación más amplia en la cúpula directiva del BCE en momentos en que la institución enfrenta decisiones delicadas sobre el rumbo de las tasas y la gestión de las tensiones en el mercado de deuda francés.
Para los mercados emergentes, incluido México, la trayectoria de las tasas europeas influye en los flujos de capital y en el apetito por activos de mayor riesgo. El desempeño de instituciones con fuerte presencia en el país ilustra cómo el sector bancario ha capitalizado un entorno de tasas elevadas: Santander ganó 1,402 mdd en México entre enero y septiembre, 15.8% más.
Banxico ha mantenido su propia hoja de ruta de política monetaria en gran medida desacoplada de la europea, aunque no inmune a los vaivenes globales que genera cada decisión del BCE sobre el costo del dinero. El desenlace de la crisis de confianza en la deuda francesa, de profundizarse, podría sumarse a la lista de factores externos que los responsables de la política monetaria mexicana vigilan al calibrar sus decisiones sobre tasas. El BCE definirá ese rumbo, a partir de febrero, bajo un nuevo liderazgo.
