Hay una ironía incómoda en que el político que más desconfió del aparato electoral mexicano reciba condolencias de casi todo ese aparato. Cárdenas fue la figura del disenso: en 1988 se negó a aceptar que había perdido unos comicios cuando el sistema de cómputo se interrumpió mientras él encabezaba el conteo, episodio que la memoria colectiva fijó como "la caída del sistema". Que hoy lo lloren quienes heredaron las instituciones que él denunció no es necesariamente contradicción: es la prueba de que incluso sus adversarios terminaron adoptando su relato.
Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, fue quien mejor capturó esa paradoja. Afirmó que Cárdenas encabezó en 1988 "un movimiento popular que, con la fuerza histórica del cardenismo, hizo temblar los cimientos del viejo régimen autoritario", y recordó que años después se convirtió en el primer jefe de Gobierno electo de la capital. Brugada gobierna hoy esa ciudad gracias a la reforma que permitió elegir a su mandatario, cargo que Cárdenas estrenó en 1997.
"El fraude electoral no pudo apagar el despertar democrático de un pueblo", escribió Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
Horacio Duarte Olivares, secretario general de gobierno del Estado de México, optó por el registro solemne de la esquela oficial: llamó a Cárdenas "pionero de la lucha por la democracia y del cambio verdadero" y aseguró que "la Patria siempre lo tendrá como uno de sus hijos predilectos". Es la fórmula que cabe en cualquier funeral de Estado y que dice poco sobre lo que incomodó Cárdenas en su momento: el político que fundó el PRD, en 1989, precisamente para no pedirle permiso al poder establecido.
Tabe y el pésame transversal
Mauricio Tabe Echartea, alcalde panista de Miguel Hidalgo, se sumó con una fórmula breve: "su legado deja huella en la vida política de nuestro país". Que un edil del PAN despida al michoacano con el mismo tono que una alcaldesa morenista confirma algo que Cárdenas pasó media vida reclamando: que la democracia mexicana, con todos sus defectos, terminó siendo patrimonio de todos y no bandera de nadie en particular. La demarcación Miguel Hidalgo también publicó sus condolencias y lo recordó como exjefe de Gobierno capitalino.
Azucena Cisneros Coss, alcaldesa morenista de Ecatepec, fue quien más detalló el relato histórico. Recordó que tras el fraude de 1988 Cárdenas "no abandonó su causa: siguió adelante y demostró que las convicciones se defienden también en la adversidad", y subrayó su papel en la fundación del PRD como apertura de "un nuevo camino para millones de mexicanas y mexicanos". Es un reconocimiento de generación posterior: no nostalgia de quien lo vivió, sino herencia asumida por quien llegó después.
La gobernadora interina de Sinaloa, Graciela Domínguez Nava, calificó a Cárdenas de "referente histórico de la izquierda mexicana" y afirmó que su lucha por la democracia, la soberanía y la justicia social "abrió camino a las aspiraciones de un México más justo e igualitario". El diputado emecista Royfid Torres, en el Congreso capitalino, destacó su congruencia y visión de Estado. Cada uno desde su trinchera partidista, con el mismo adjetivo: histórico.
Cárdenas abandonó el PRI en 1987 junto con la Corriente Democrática y compitió contra el sistema del que había salido su propio padre, el general Lázaro Cárdenas, presidente entre 1934 y 1940. Esa ruptura dio origen a la izquierda electoral que hoy, en el poder, firma su esquela. Si tenía razón en 1988, la medida del tiempo que tardó el sistema político mexicano en admitirlo es este jueves de pésames unánimes: treinta y ocho años para que hasta los herederos del viejo régimen suscriban la despedida del hombre que lo desafió.
