La comisión electoral israelí precisó que los tres detenidos en el sur del país "aún no habían llegado a los centros de votación" y calificó el episodio de "caso aislado" en investigación, una versión que contradice la lectura que Netanyahu ofreció horas antes sobre un intento organizado de fraude. El partido de Eisenkot respondió acusando directamente al primer ministro de preparar el terreno para impugnar unos resultados que las encuestas previas situaban en un empate técnico entre ambos bloques.
La jornada estuvo marcada también por un incidente de seguridad en Tel Aviv, donde la policía arrestó a un hombre que se acercó con un cuchillo de manera amenazante al líder de izquierda Yair Golan. El propio Golan difundió un comunicado en el que vinculó el ataque al clima de la campaña, en la que Netanyahu ha atacado duramente a la izquierda.
"La incitación y la violencia no nos intimidarán", sostuvo Yair Golan en un comunicado, en el que arremetió contra la "máquina de veneno" de Netanyahu.
Participación histórica desde 1981
Según datos de la comisión electoral, la participación alcanzó un 16.68% tras tres horas de votación, la cifra más alta registrada para ese tramo horario desde 1981. Decenas de miles de israelíes residentes en el extranjero regresaron al país exclusivamente para emitir su voto, un fenómeno que distintos votantes atribuyeron a la percepción de que la elección define el rumbo del Estado de unos 10 millones de habitantes.
Eilana Zisblit, quien volvió a Israel tras casi tres décadas radicada en Canadá, resumió ese sentimiento durante la jornada electoral.
"Siento que este es el momento decisivo. Es ahora o nunca; de lo contrario, el país realmente ya no sobrevivirá", dijo Eilana Zisblit, votante que regresó de Canadá para sufragar.
Zisblit, de 55 años, describió el rumbo del país como "muy, muy malo" tanto para judíos como para árabes residentes en Israel y para la diáspora judía. Noam, de 78 años, planteó la contienda en términos similares al calificarla como la elección "más importante" porque, dijo, "la mitad del país ha rechazado los valores básicos sobre los cuales se creó el Estado de Israel". En el extremo opuesto, Zipporah Bennett, jubilada de 85 años, justificó su respaldo a Netanyahu por "la experiencia de conducir al país por momentos difíciles".
Diecinueve años en el poder, en juego
Netanyahu, de 77 años, acumula 19 años como primer ministro de forma discontinua y centró su campaña en la seguridad y en su cercanía con el presidente estadounidense Donald Trump, quien respaldó públicamente su reelección. Desde su regreso al cargo a finales de 2022 encabezó una escalada militar que dejó la Franja de Gaza en ruinas, ocupó el sur de Líbano y ordenó bombardeos contra Irán con respaldo de Washington, mientras Israel recibía a su vez ataques de Irán, Hamas, Hezbolá y los hutíes de Yemen, además del peor ataque de su historia, del que muchos lo responsabilizan.
Eisenkot, de 66 años y exjefe militar, encabeza el partido Yashar dentro de un bloque informal que reúne desde posiciones de derecha hasta la centroizquierda. El candidato se opone a la creación de un Estado palestino y respalda los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada, aunque prometió contener la violencia de los colonos y crear una comisión independiente para investigar las fallas de seguridad que permitieron los ataques de Hamas, una pesquisa que el gobierno de Netanyahu ha evitado hasta ahora.
Netanyahu, por su parte, gobierna respaldado por una coalición que integra a la extrema derecha ultranacionalista y a partidos ultraortodoxos cuya influencia ha crecido de forma sostenida durante su mandato. Los comicios llegan además en un momento de aislamiento internacional creciente para Israel por la campaña militar en Gaza, la expansión de asentamientos y los episodios de violencia de colonos en Cisjordania, en paralelo al giro hacia el nacionalismo religioso dentro del propio bloque gobernante. El respaldo de Trump a Netanyahu contrasta con otros gestos recientes de líderes de la región; la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, celebró en días recientes el triunfo de Lula en Brasil como una "llama de esperanza continental".
Una mayoría improbable en la Knéset
Las urnas cerraron a las 22:00 horas locales, aunque los resultados finales podrían tardar días en confirmarse. Resulta poco probable que un solo partido se acerque a los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría en la Knéset, el Parlamento de 120 integrantes, por lo que la formación de una coalición de gobierno podría extenderse semanas o incluso meses, con el riesgo de una repetición electoral si las negociaciones fracasan.
Los partidos de mayoría árabe, que representan el 21% de la población israelí, podrían resultar decisivos para inclinar la balanza final. Sin embargo, ni Netanyahu ni Eisenkot se han comprometido públicamente a negociar una alianza de gobierno con esas formaciones, lo que deja abierta una de las principales incógnitas sobre la arquitectura política que resulte de estos comicios.

