Garibay construye el eje dramático alrededor de un objeto imaginario que describe con lenguaje de publicidad televisiva: un remedio capaz de disolver los silencios domésticos sin provocar rupturas. "Hay un producto mágico y milagroso, que es un kit de secretos familiares. Para quien se tome unas cápsulas de este producto, que es como de infomercial, desaparecerán los secretos familiares, se van a poder exponer con total libertad, sin que ello represente crisis, fracturas y rupturas", explica sobre el dispositivo central del monólogo.
La autora sitúa el origen del texto en su propia biografía, de la que durante años ocultó episodios que describe como vergonzosos. El ejercicio de escritura, relata, surgió de reconocer un patrón que encontró también en quienes la rodean: un repertorio de hechos domésticos que las familias deciden no nombrar por el qué dirán.
"En mi familia mi tío es ladrón, mi abuelo es alcohólico, tengo tantos medios hermanos. Creo que hay una obsesión por la perfección y eso hace que carguemos grandes pesos que no nos permiten ser y entender que la humanidad está llena de eso, que la humanidad es muy imperfecta", afirma Valentina Garibay, directora, dramaturga y actriz.
Garibay vincula ese fenómeno con la exposición pública de la vida contemporánea, donde resulta sencillo juzgar a terceros sin reparar en las propias contradicciones. La comparación que utiliza remite a un pasaje bíblico sobre la facilidad para advertir defectos ajenos mientras se ignoran los propios.
"Más en estos tiempos donde estamos expuestos al escrutinio público y se señalan a los otros con tanta facilidad. Me recuerda a la frase bíblica sobre ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Es cómodo sentarse y exponer al otro, pero todos cargamos cosas oscuras, densas", sostiene la autora.
Abusos sexuales dentro de las familias
Entre las experiencias que marcaron la escritura, Garibay menciona los talleres que ha impartido, donde identificó con frecuencia casos de abuso sexual intrafamiliar. Describe ese hallazgo como una de las constataciones más duras del proceso: "La gente lo vive de manera muy tormentosa, como una pesadilla. Es tremendo, no se habla de eso. La realidad es que es tremendamente y terriblemente común".
La dramaturga insiste en que la exigencia social de pulcritud moral opera como un peso compartido desde la infancia, al margen de la composición de cada hogar. Admitir que ninguna familia funciona de manera ética en todo momento, plantea, abriría una vía hacia relaciones menos tensas entre sus integrantes.
Garibay enmarca el monólogo en una tradición que atribuye a las madres mexicanas el papel de sostén principal del hogar, una suerte de heroínas cotidianas frente a las adversidades. La obra cruza ese imaginario con el arquetipo del héroe de acción del cine comercial para construir su registro tragicómico. El teatro independiente mexicano arrastra esa querencia por los temas íntimos desde al menos los años setenta, cuando autoras como Sabina Berman y Carmen Boullosa llevaron a escena la memoria familiar y los tabúes domésticos.
El Teatro El Milagro, uno de los espacios históricos de la cartelera independiente en la colonia Cuauhtémoc de la capital, aloja la temporada en paralelo a una agenda cultural de la semana marcada por las vísperas de Día de Muertos.
"Hay un tono tragicómico porque la obra revela una cuestión dolorosa e hipócrita. La decepción de darse cuenta de que la sociedad y las familias exigen cosas imposibles. Es gracioso cuando uno enfrenta esto con la cultura mainstream", concluye Garibay sobre una pieza cuyas funciones terminan este miércoles 28 de octubre.

