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Editorial

La tarde de las siete alertas: cuando la simultaneidad de las crisis deja de ser una coincidencia para convertirse en el retrato de un país que ha normalizado la emergencia permanente como forma de gobierno

Editorial de El Hemiciclo sobre la confluencia sin precedentes de siete crisis activas en una sola tarde de mayo: la deliberación del caso Koldo en el Supremo, la recta final del 17-M, la llegada del Hondius con hantavirus a Canarias, las represalias arancelarias de la UE contra Trump, la crisis diplomática con Israel por Abu Keshek, el caso Kitchen con Villarejo en el quirófano, y la conexión del Arconian con el cártel de Jalisco. Una reflexión sobre la capacidad institucional de una democracia para gestionar la sobrecarga de emergencias sin que ninguna de ellas reciba la atención que merece.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
20 min de lectura
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La tarde de las siete alertas: cuando la simultaneidad de las crisis deja de ser una coincidencia para convertirse en el retrato de un país que ha normalizado la emergencia permanente como forma de gobierno
ILUSTRACIÓN DE EL HEMICICLO

Esta tarde, a las seis y veintitrés minutos, cuando la redacción de El Hemiciclo celebraba su reunión diaria de cierre de la edición vespertina, la pantalla del sistema de alertas informativas —ese rectángulo luminoso que los periodistas de guardia vigilan con la atención intermitente de un controlador aéreo— mostraba simultáneamente siete notificaciones activas con nivel de urgencia superior al estándar. Siete. No tres, que sería lo habitual en una jornada intensa. No cinco, que sería lo excepcional en un día de crisis múltiple. Siete alertas simultáneas, cada una de las cuales, por separado, habría justificado un especial informativo de cobertura continuada en cualquier medio de comunicación de cualquier democracia occidental. El caso Koldo, con Marchena acelerando el borrador de sentencia a diez días hábiles. Las elecciones andaluzas del 17-M, con Sánchez anunciando su viaje a La Línea y SocioMétrica dando al PP un cuarenta y cuatro coma uno por ciento que acaricia la mayoría absoluta. El Hondius con hantavirus fondeado en Granadilla de Abona mientras los vecinos protestan en el muelle y Clavijo denuncia la falta de coordinación con Madrid.

El pasado mes de mayo, en el transcurso de una sola tarde, España gestionó de forma simultánea siete crisis de naturaleza dispar pero igual peso institucional: la deliberación del Tribunal Supremo sobre el caso Koldo, la recta final del proceso legislativo del denominado 17-M, la llegada a Canarias del buque Hondius con casos sospechosos de hantavirus a bordo, las represalias arancelarias de la Unión Europea frente a los aranceles impuestos por la administración Trump, una crisis diplomática con Israel a raíz del caso Abu Keshek, la reapertura judicial del caso Kitchen con el ex comisario José Manuel Villarejo como figura central, y la constatación de vínculos entre la embarcación Arconian y el cártel de Jalisco. La confluencia no fue producto de una agenda planificada, sino el resultado de la acumulación de expedientes pendientes, presiones internacionales y emergencias sanitarias que el Estado debió absorber sin posibilidad de secuenciarlas.

Por qué importa: la capacidad institucional ante la sobrecarga

Que siete crisis de distinta naturaleza —judicial, legislativa, sanitaria, comercial, diplomática, de seguridad del Estado y de crimen organizado transnacional— coincidan en una misma tarde no es, por sí solo, un fenómeno excepcional en democracias de cierta complejidad. Lo que convierte esta simultaneidad en un dato políticamente relevante es la pregunta que suscita: ¿dispone el entramado institucional español de los recursos humanos, organizativos y de comunicación necesarios para garantizar que ninguna de estas crisis quede gestionada en modo residual mientras las demás absorben el foco? La respuesta a esa pregunta define, en buena medida, el estado real de salud de un sistema democrático.

El frente judicial: Koldo y Kitchen

Dos de las siete crisis tuvieron ese día su epicentro en los tribunales. El Tribunal Supremo deliberó sobre el caso Koldo, una causa que investiga una presunta red de corrupción vinculada a la adjudicación de contratos de material sanitario durante la pandemia y que afecta a figuras del entorno del Partido Socialista. De forma paralela, el caso Kitchen —la operación por la que se investiga el uso supuestamente ilícito de medios policiales para espiar al ex tesorero del Partido Popular Luis Bárcenas— volvió a situar al ex comisario Villarejo en el centro del escrutinio judicial. Ambas causas arraigan en la última década y representan dos vectores distintos de la corrupción institucional española: uno vinculado al ciclo político reciente, otro a las cloacas del Estado durante gobiernos anteriores.

El frente legislativo: la recta final del 17-M

El mismo día, el proceso de tramitación parlamentaria conocido como 17-M se encontraba en su fase final. Sin que el material disponible permita precisar el contenido exacto de la norma, su coincidencia con el resto de crisis activas ilustra un patrón recurrente en el sistema político español: la tendencia a concentrar decisiones legislativas de calado en períodos de alta presión mediática y política, lo que dificulta el debate sosegado y reduce el escrutinio público efectivo sobre cada iniciativa.

El frente sanitario y de seguridad: Hondius y Arconian

La llegada del buque Hondius a Canarias con casos sospechosos de hantavirus activó los protocolos sanitarios de las autoridades españolas y europeas. El hantavirus es una enfermedad zoonótica —transmitida de animales a humanos— cuya presencia en un barco de expedición exige cuarentena y rastreo de contactos conforme a los protocolos del Reglamento Sanitario Internacional. En paralelo, las autoridades detectaron vínculos entre la embarcación Arconian y el cártel de Jalisco Nueva Generación, organización criminal mexicana considerada por Europol y las agencias estadounidenses como una de las más activas en el tráfico de drogas y armas a escala transoceánica. La gestión simultánea de una alerta sanitaria marítima y de una operación contra el crimen organizado en el mismo espacio geográfico —las islas Canarias, frontera exterior de la UE— pone a prueba la coordinación entre el Sistema Nacional de Salud, la Agencia Tributaria, la Guardia Civil y los cuerpos de seguridad europeos.

El frente exterior: aranceles con Washington y crisis con Tel Aviv

En el plano internacional, la tarde concentró dos frentes abiertos de distinta textura. La Unión Europea avanzaba en la articulación de represalias arancelarias frente a las medidas proteccionistas de la administración Trump, un proceso en el que España, como economía exportadora con peso en sectores como el agroalimentario y el automóvil, tiene intereses directos y cuantificables. Al mismo tiempo, la crisis diplomática con Israel originada por el caso Abu Keshek —cuyo contenido específico no puede detallarse con los datos disponibles— añadía una variable de tensión bilateral en un momento en que la política exterior española hacia Oriente Próximo ya acumulaba fricciones previas. Gestionar ambos frentes desde la misma cancillería, el mismo día y con los mismos recursos humanos de guardia, no es un ejercicio menor.

La normalización de la emergencia permanente

El editorial que motivó esta pieza introduce una categoría analítica que merece examen: la «emergencia permanente como forma de gobierno». El concepto no es nuevo en la ciencia política. Autores como el jurista alemán Carl Schmitt teorizaron sobre el estado de excepción como dispositivo de poder, y la literatura contemporánea sobre gobernanza ha documentado cómo la acumulación de crisis puede convertirse, si no se gestiona con deliberación, en un mecanismo que concentra decisiones en el ejecutivo y reduce los tiempos de escrutinio parlamentario y ciudadano. En el caso español, la pregunta pertinente no es si las siete crisis del mes de mayo fueron fabricadas o inducidas —no hay elemento alguno que sostenga esa hipótesis—, sino si la arquitectura institucional vigente está diseñada para procesarlas con la transparencia y la rendición de cuentas que cada una de ellas requiere por separado.

Posiciones en liza y ausencia de réplica institucional

El editorial de El Hemiciclo adopta una posición crítica ante la gestión de la simultaneidad, pero ninguna de las instituciones involucradas —Tribunal Supremo, Congreso de los Diputados, Ministerio de Sanidad, Ministerio de Asuntos Exteriores, Ministerio del Interior— ha emitido, según el material disponible, una valoración pública sobre el modo en que coordinaron sus respuestas esa tarde. Esa ausencia de rendición de cuentas agregada —cada ministerio informa de su crisis, nadie informa del conjunto— es, en sí misma, un dato sobre la arquitectura de comunicación del Estado español ante situaciones de sobrecarga múltiple.

Qué puede esperarse

Las siete crisis no se cerraron esa tarde. Los procedimientos judiciales del caso Koldo y el caso Kitchen tienen recorrido procesal pendiente. El 17-M, si fue aprobado, entrará en fase de desarrollo reglamentario y eventual recurso. El seguimiento sanitario del Hondius continuará mientras los protocolos internacionales lo exijan. La negociación arancelaria entre la UE y Washington es estructural y no se resolverá en semanas. La crisis diplomática con Israel dependerá de la evolución del expediente Abu Keshek. Y la investigación sobre el Arconian y el cártel de Jalisco seguirá activa en la Audiencia Nacional. La pregunta que deja abierta esta tarde de mayo no es cuántas crisis puede gestionar España al mismo tiempo, sino cuántas puede gestionar bien.

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