Concedámosles también lo segundo. Los especialistas consultados no se andan con rodeos: el incremento coincide con la crisis financiera y estructural que atraviesa el sistema de salud colombiano, un contexto que limita la capacidad de respuesta ante afecciones que exigen atención sostenida en el tiempo. La presión, precisan, se concentra en el suministro de medicamentos, cuya interrupción impacta directamente el control de estas enfermedades. Traducido: cuando el remedio no llega, el enfermo se deteriora. Nadie discute una obviedad tan bien vestida. Aceptémosla entera.
Y aceptemos, ya que estamos, la tercera premisa, que es la más elegante de todas. El profesor Erwin Hernández, de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana, sostiene que la clave para prevenir enfermedades crónicas en un sistema colapsado es pasar de un modelo reactivo a uno proactivo, que busque, identifique y evalúe el riesgo de manera anticipada en lugar de esperar a que la enfermedad se manifieste. Perfecto. ¿Quién podría oponerse a anticiparse? Usted no, desde luego. Anticiparse es de sabios.
Sigámoslo, entonces, paso a paso, porque el razonamiento es impecable. Hernández propone la prevención en tres niveles simultáneos: primaria, para evitar que la enfermedad aparezca; secundaria, para identificar temprano el riesgo; y terciaria, para prevenir complicaciones en quien ya padece la afección. Y añade que el sistema debe hacer mejor uso de los datos existentes e integrar herramientas de inteligencia artificial que permitan la detección anticipada desde la historia clínica. Concedido de nuevo: hay que usar los datos. Los datos, recordará usted, son precisamente los 283.378 que abren esta página.
El médico internista Harold Ibagón cierra el círculo con la misma lógica limpia: una vez diagnosticada la enfermedad, el tratamiento oportuno resulta determinante para evitar el deterioro del paciente y la saturación de urgencias. Es importante, dice, mantener y suministrar los medicamentos adecuados con entregas a tiempo, de forma que la enfermedad crónica pueda estabilizarse y las personas no necesiten acudir a urgencias ni ser hospitalizadas. Añade que hay que mantener y aumentar la cobertura y asegurar un flujo de recursos adecuado. Todo cierto. Todo aceptado. No hemos objetado una sola coma.
Aníbal, el patriarca de García Márquez, no aparece; pero el maestro dejó escrita en Crónica de una muerte anunciada una frase que aquí funciona como prueba y no como adorno: «Nunca hubo una muerte más anunciada.» Porque eso, y no otra cosa, es lo que le acaban de describir a usted. Un infarto que se veía venir. Un accidente cerebrovascular que la historia clínica gritaba. Una EPOC, una diabetes mellitus, un cáncer de órganos digestivos que el sistema podía identificar de manera anticipada, con datos que ya tiene, con inteligencia artificial que ya existe. Todos los diagnósticos estaban firmados de antemano. Solo faltaba una cosa.
Y aquí es donde el razonamiento, tan cuidadosamente aceptado, revienta solo. Porque si todos coinciden en que la clave es pasar de lo reactivo a lo proactivo; si todos coinciden en que el problema es que el medicamento no llega a tiempo; si todos coinciden en que hay que asegurar el flujo de recursos y la entrega puntual, entonces la conclusión que nadie firma es esta: la respuesta convocada a semejante emergencia es un foro. Representantes del sector se reunirán en Bogotá el 15 de octubre, a las 7:30 de la mañana, para abordar la prevención, la inversión y las nuevas tecnologías. Es decir: frente a un modelo acusado de esperar a que la enfermedad se manifieste, la propuesta consiste en esperar hasta el 15 de octubre. Proactividad con fecha de reserva.
Sigamos el rigor hasta el fondo, porque merece la pena. Brian Narváez, presidente del clúster Andino de AstraZeneca, precisa que la innovación y las nuevas terapias deben llegar de forma efectiva a los pacientes, y que el papel de la industria es aportar evidencia, conocimiento y capacidades para que la innovación llegue a tiempo. Medtronic Colombia, por su parte, advierte que no deben ignorarse factores de riesgo como la fatiga o las palpitaciones. Concedámoslo todo, una vez más, con la misma sinceridad del principio. Solo que, atados los cabos según su propia lógica, el diagnóstico final queda así: en un país donde el medicamento no llega al enfermo crónico, quienes venden el medicamento explican, con evidencia y capacidades, por qué es indispensable que el medicamento llegue. La casta no es aquí un color político: es el círculo de quienes se sientan a las 7:30 a. m. a diagnosticar la sostenibilidad de un sistema, mientras el sistema los diagnostica a ellos con 283.378 firmas al pie. Como en el proceso 8.000, todo el mundo sabía, todo el mundo tenía los datos, y el asunto se resolvió en reuniones donde los responsables se sentaban del mismo lado de la mesa que el problema.
De modo que la pregunta no es retórica, y tiene respuesta concreta. Si el diagnóstico ya está escrito, si los datos ya existen, si el remedio ya se conoce y solo falta que llegue a tiempo, entonces la única incógnita pendiente cabe en un nombre: cuando el foro termine el 15 de octubre a media mañana y todos guarden sus presentaciones, ¿quién, exactamente, firma la orden para que el medicamento salga de la bodega y llegue al paciente antes de convertirse en la muerte 283.379?
