Varicela, neumonías, sarna, infecciones de heridas y descompensaciones de enfermedades crónicas figuran, según Roviralta, entre los cuadros que los servicios sanitarios ceutíes vigilan con mayor atención. La causa la sitúa en las condiciones de insalubridad en que viven muchas de las personas llegadas a la ciudad, con asentamientos precarios como el de la playa del Trampolín, donde describe que hay quienes pernoctan en los árboles ante la falta de plazas en el dispositivo de acogida de Loma Colmenar, con capacidad aproximada para 1.000 personas.
Ese desajuste entre la magnitud de la llegada y los recursos de realojo es, a su juicio, el origen de buena parte del riesgo epidemiológico. Roviralta relató que un paciente diagnosticado de varicela, todavía en fase contagiosa, llegó a fugarse del hospital, un episodio que ilustra la dificultad de controlar contagios en una población dispersa y sin domicilio fijo.
Ese tipo de incidentes tiene, según el médico, una traducción directa en la capacidad asistencial del hospital ceutí, que ya opera bajo una presión extraordinaria. Una habitación doble puede quedar reservada para un único paciente que precise aislamiento, lo que resta una cama a otros enfermos en un centro con recursos limitados. Cada caso que exige aislamiento reduce la disponibilidad general del centro para el resto de la demanda.
Roviralta situó la horquilla de personas en esta situación entre 6.000 y 20.000, una cifra que reconoce imprecisa por la falta de control sobre quienes permanecen sin identificar. De ese conjunto, solo una fracción reducida —en torno al 10%, según su estimación— habría podido ser filiada y, por tanto, vacunada conforme a los protocolos habituales. El resto de las actuaciones se limita a la vacunación en anillo, es decir, la inmunización de los contactos próximos a un caso detectado, siempre que puedan ser localizados.
La vacunación en anillo es una estrategia de control epidemiológico que la Organización Mundial de la Salud empleó para erradicar la viruela y que se ha aplicado en brotes recientes de ébola: en lugar de inmunizar a toda la población, se vacuna el entorno inmediato de cada caso confirmado para cortar la cadena de transmisión. Su eficacia depende de la capacidad de rastrear los contactos, precisamente el punto que Roviralta identifica como más frágil en Ceuta.
El médico subrayó que la dificultad se agrava en las pautas que requieren más de una dosis, ya que completar la inmunización exige volver a localizar a personas que carecen de domicilio estable y que, en muchos casos, no figuran en ningún registro administrativo. Una vacunación masiva y universal de toda la población en esta situación está, según sus palabras, lejos de poder alcanzarse en las condiciones actuales.
Además del riesgo infeccioso, Roviralta llamó la atención sobre otros problemas que, a su juicio, quedan en segundo plano: infecciones de heridas mal atendidas, personas mayores o con patologías crónicas que evitan acudir al hospital por miedo y acaban descompensando enfermedades previamente controladas, y un impacto en salud mental que afecta tanto a adultos como a menores, incluidos niños con trastornos del espectro autista o TDAH que han visto alterada su rutina.
La crisis sanitaria ceutí introduce una dimensión de urgencia epidemiológica ligada a la precariedad y la falta de identificación, distinta de otros debates recientes de salud infantil como el que plantea un estudio de la UAB que vincula dormir menos de nueve horas con peor rendimiento escolar. El propio Roviralta advirtió de que la próxima administración de segundas dosis en una población no localizada de forma estable resultará todavía más compleja que la primera.


