Los resultados mostraron que los menores que dormían entre ocho y nueve horas obtenían peores resultados académicos que quienes descansaban entre nueve y once. El déficit afectaba sobre todo a competencias comunicativas, metodológicas y transversales, mientras que las funciones ligadas a la memoria, el aprendizaje y la motivación se mostraban menos alteradas. Los horarios irregulares, según el estudio, también tenían un impacto relevante en los resultados escolares.
Cladellas, profesor del Departamento de Psicología Básica, Evolutiva y de la Educación de la UAB, dirigió la investigación, cuyas conclusiones aportan evidencia sobre la importancia de un descanso suficiente durante los primeros años de escolarización. La franja de nueve a once horas coincide con la recomendación general de las guías pediátricas para la edad escolar, que sitúan las necesidades de sueño por encima de las de los adultos.
Más allá del rendimiento académico, el descanso insuficiente podría repercutir en la regulación emocional y el comportamiento de los menores. Según el Hospital Quirónsalud Marbella, un sueño insuficiente o de mala calidad puede relacionarse con dificultades escolares, problemas de atención, irritabilidad e incluso hiperactividad en algunos niños.
El neuropediatra Marco Antonio Gudiño, citado por ese centro hospitalario, señala que el sueño interviene en procesos esenciales para el desarrollo infantil, como la maduración cerebral, la consolidación de la memoria y la regulación emocional. Cuando las alteraciones del descanso se mantienen en el tiempo, según el especialista, pueden aparecer dificultades de conducta que afectan tanto a la vida cotidiana como al entorno escolar del menor.
Esa explicación ayudaría a entender por qué un niño que duerme poco tiende a mostrarse más irritable, impulsivo o con dificultades para controlar sus respuestas durante la jornada lectiva.
Entre las medidas que propone Quirónsalud para mejorar el sueño infantil figura mantener horarios estables para acostarse y levantarse, también durante los fines de semana, con el objetivo de favorecer la regulación del ciclo sueño-vigilia. Se recomienda además crear un periodo de relajación previo al descanso, con actividades tranquilas como la lectura o un baño templado, y mantener el dormitorio oscuro, silencioso y a una temperatura confortable.
Las pantallas reciben una atención específica en las recomendaciones del centro hospitalario. Los especialistas aconsejan evitar móviles, tabletas, videojuegos y redes sociales al menos durante la hora previa a dormir, un margen que se amplía hasta dos horas en el caso de los adolescentes. El papel del descanso y de los dispositivos en el desarrollo infantil enlaza con debates culturales más amplios, como el que reflejó una lectura sobre John Nash veinticinco años después en torno a la mente y su funcionamiento.
Quirónsalud recomienda consultar con un profesional sanitario si aparecen ronquidos frecuentes, pausas respiratorias, somnolencia diurna o problemas persistentes de atención y conducta en el menor. Detectar y corregir a tiempo estas alteraciones, según el centro, puede contribuir tanto al bienestar general del niño como a su rendimiento en el aula.

