"El objetivo número uno es, y siempre será, que Irán no tenga, de ninguna forma, armas nucleares", escribió Trump, en lo que se interpreta como una corrección pública a su segundo al mando. Vance había ubicado la cuestión armamentística en segundo lugar, por detrás del costo de la energía para el consumidor estadounidense. El episodio expone una diferencia, al menos en el orden de prioridades, dentro de la cúpula republicana en momentos en que el conflicto con Teherán se prolonga y sus costos internos empiezan a pesar en el cálculo electoral de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato previstas para noviembre próximo.
Vance ha manifestado en varias intervenciones públicas su rechazo a que el conflicto se extienda en el tiempo y ha expresado su oposición a un despliegue de tropas terrestres estadounidenses en Oriente Próximo. Esa postura contrasta con el tono del presidente en sus últimas apariciones, entre ellas un mitin político realizado en una academia de policía del estado de Nueva York.
En ese acto, Trump afirmó con una sonrisa que "muy pronto" declararía el estrecho de Ormuz como territorio de EE. UU. "Muy pronto declararé el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos. Es cierto", dijo, y añadió que ello ocurriría "después de que terminemos de derrotar a Irán, que está siendo derrotado muy mal". La afirmación no ha sido acompañada hasta el momento de ningún anuncio formal ni de un marco legal que respalde semejante pretensión sobre una vía marítima internacional.
Del ataque conjunto al bloqueo cruzado
El conflicto armado entre Israel y EE. UU., de un lado, e Irán, del otro, se remonta al 28 de febrero de este año, cuando Washington y Tel Aviv lanzaron una ofensiva conjunta con los objetivos declarados de poner fin al programa nuclear iraní y desencadenar un levantamiento popular contra las autoridades de Teherán. Como respuesta, Irán estableció un control de facto sobre buena parte del estrecho de Ormuz, paso vital para el transporte mundial de energía y otros productos básicos.
La reacción estadounidense fue un bloqueo a los puertos iraníes, en un intento de paralizar la economía del país. El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, advirtió que Washington busca infligir a Irán un aislamiento económico "como el mundo nunca ha visto", señal del endurecimiento de las medidas financieras contra Teherán. Ese mismo funcionario había señalado a comienzos de agosto que un acuerdo para reabrir el tránsito por el estrecho podría estar cerca, una expectativa que, a la luz de las declaraciones más recientes del presidente, luce hoy condicionada a un desenlace militar que no se ha confirmado.
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y es paso obligado para las exportaciones petroleras de Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, además del propio Irán. Cualquier alteración prolongada en su operación normal repercute de inmediato en los mercados energéticos globales, algo que, según el material, ya se refleja en el alza sostenida de los precios de la gasolina en territorio estadounidense durante las últimas semanas.
Ese encarecimiento del combustible es, precisamente, el asunto que motivó los comentarios de Vance y que explica por qué el vicepresidente ubicó la cuestión económica por encima del expediente nuclear. Para el Partido Republicano, el costo de la energía se ha convertido en un frente político sensible de cara a los comicios legislativos de noviembre, en los que se disputa el control del Congreso estadounidense.
La disputa entre Irán y las potencias occidentales por el programa nuclear iraní tiene antecedentes de más de dos décadas, con episodios como el acuerdo nuclear de 2015 —del que EE. UU. se retiró unilateralmente en 2018 durante el primer gobierno de Trump— y sucesivas rondas de sanciones y negociaciones bajo mediación internacional. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el Organismo Internacional de Energía Atómica han sido históricamente los principales foros donde se ha discutido el estatus del programa atómico iraní, aunque la actual confrontación militar directa entre Washington, Tel Aviv y Teherán representa una escalada sin precedentes recientes en la región.
Ni la Casa Blanca ni el despacho del vicepresidente Vance han ofrecido, hasta el momento, una aclaración conjunta sobre la aparente diferencia en las prioridades estratégicas frente a Irán, y tampoco se ha precisado si la mención de Trump a una eventual declaración del estrecho de Ormuz como territorio estadounidense corresponde a una posición oficial del gobierno o a una expresión formulada en el marco de un acto de campaña.
En las próximas semanas, el rumbo del conflicto, la evolución de las sanciones financieras anunciadas por Bessent y el comportamiento de los precios energéticos en EE. UU. seguirán marcando la agenda diplomática entre Washington y Teherán, en un escenario que mantiene la atención de los mercados internacionales de crudo con las legislativas de noviembre como horizonte político inmediato para el gobierno estadounidense.

