Hasta el martes, según describió ATME, cada militar recibía a diario una bolsa individual compuesta por un bocadillo de fiambre —mortadela, chorizo o salchichón—, una lata de atún con panecillo, una pieza de fruta y dos botellines de agua de 330 mililitros. En algunas jornadas, la fruta se sustituía por un yogur y un paquete de cuatro galletas. Eran raciones frías pensadas para consumo rápido sobre el terreno, que la asociación consideraba escasas para las horas de patrullaje continuado.
Desde el miércoles, los efectivos pueden acudir a comer en los acuartelamientos, donde se sirve comida caliente en bandeja y con posibilidad de repetir. El primer menú documentado por la asociación incluyó lentejas, pollo con ensalada, zanahoria salteada con guisantes y coliflor y anillas de calamar, con panecillo, yogur y bebida. Otros militares recibieron ese mismo día arroz, hamburguesa, sopa, fruta y yogur; por la noche, hamburguesa con patatas fritas. Para el desayuno del jueves estaban previstos zumos, batidos, bollería y agua.
La revisión la ejecutaron, según ATME, la Comandancia General de Ceuta —que coordina el conjunto de unidades militares en la ciudad— y la Unidad de Servicios de Base (USBA), encargada de la gestión de acuartelamientos y de la coordinación con las contratas de alimentación. Ambas habrían decidido modificar los menús con efecto inmediato una vez conocida la denuncia.
Marco Antonio Gómez, presidente de ATME, explicó que la asociación recibió el miércoles por la mañana información de las autoridades competentes sobre el cambio, acompañada de pruebas gráficas de los platos que se iban a servir, y que después contactó con militares desplegados para verificar que la mejora se estaba produciendo sobre el terreno y no solo sobre el papel. La asociación agradeció «la rapidez con la que se ha solventado este grave problema de la alimentación» y subrayó que los efectivos «realizan un magnífico trabajo para que Ceuta vuelva a la normalidad».
En su denuncia inicial del martes, Gómez había advertido: «No se puede exigir profesionalidad, sacrificio y compromiso sin garantizar lo más básico: una alimentación adecuada y el suficiente descanso para poder desempeñar la labor con garantías». El presidente de ATME reclamó entonces medidas urgentes, entre ellas reforzar la plantilla con efectivos procedentes de otras ciudades, porque, según sostuvo, «falta personal».
La cuestión del refuerzo, sin embargo, seguía sin resolverse a fecha de este jueves. Según la propia asociación, los militares desplegados en Ceuta continuaban sin recibir efectivos adicionales de otras guarniciones que permitieran turnos de rotación y descanso más holgados. El Ministerio de Defensa no había realizado declaraciones públicas propias sobre el episodio ni había detallado si el cambio de menú responde a una revisión puntual del contrato de catering en Ceuta o si alcanzará a otros despliegues, ni si revisará el funcionamiento de la contrata de alimentación que prestaba servicio hasta la denuncia.
La misión de estos efectivos consiste en patrullar a pie y en vehículo los barrios de la ciudad autónoma para localizar a personas en situación migratoria irregular y trasladarlas a las autoridades policiales en la frontera, donde se determina la devolución voluntaria u otro procedimiento conforme a la normativa de extranjería, recogida fundamentalmente en la Ley Orgánica 4/2000 sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su reglamento de desarrollo.
Un despliegue en la frontera más presionada de la UE
Ceuta, junto con Melilla, constituye uno de los puntos de mayor presión migratoria de la frontera exterior de la Unión Europea en territorio español. El precedente más notorio se remonta a mayo de 2021, cuando en apenas dos días entraron a nado o a pie miles de personas por el paso del Tarajal, en un episodio que obligó al despliegue del Ejército en apoyo de la Guardia Civil. Desde entonces, los refuerzos militares se han repetido de forma intermitente, sin que hubiera trascendido antes una denuncia pública sobre las condiciones de manutención de la tropa.
El caso se enmarca en el debate recurrente sobre las condiciones laborales de la tropa y marinería profesional, colectivo que en los últimos años ha reclamado mejoras salariales y de conciliación a través de sus asociaciones representativas. Estas están amparadas por la Ley Orgánica 9/2011 de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas, que reconoce el derecho de asociación profesional pero no contempla la negociación colectiva de tipo sindical propia del resto de empleados públicos.
A partir de ahora, la atención se centra en dos frentes: si la mejora del menú se consolida más allá de los primeros días y si el Ministerio de Defensa atiende la petición de refuerzo de personal, que ATME considera tan urgente como la alimentación para garantizar el descanso de los efectivos. El propio Departamento no ha fijado plazo alguno para ampliar la dotación desplegada en la ciudad autónoma.


