La alocución, de tono confrontacional, se emitió un domingo en la noche, franja que en Colombia suele reservarse para anuncios de política pública o emergencias y que en este caso se concentró casi por completo en la defensa política del jefe de Estado. De La Espriella no incluyó medidas concretas de gobierno ni respondió a señalamientos puntuales contra su administración.
"Yo me debo a ustedes, queridos patriotas", dijo el mandatario, quien insistió en que su compromiso es "con la gente, con el pueblo que me eligió" y en que ese electorado está cansado de "la corrupción, de la pobreza, de la desigualdad y de la indiferencia del Estado".
El presidente dedicó buena parte de su intervención a quienes definió como "la izquierda radical" y "mis odiadores". Según dijo, se trata de los mismos sectores que guardaron silencio durante el gobierno de Gustavo Petro y ahora cuestionan cada decisión de su administración "sin importar si beneficia a millones de colombianos".
"No me mortifican los ataques de la izquierda radical, ni de mis odiadores, ni de los de siempre que están por todos lados. Todos ellos son los mismos que durante cuatro años guardaron silencio frente al desastre que significó el gobierno de Gustavo Petro", afirmó el presidente Abelardo De La Espriella en la alocución del domingo.
El mandatario calificó de "cinismo" las exigencias de resultados inmediatos. Según su cuenta, lleva 75 de los 90 días que, dijo, sus detractores le exigen para resolver lo que llamó "el desastre" heredado tras cuatro años de "desidia, improvisación, falta de planeación, politiquería y gravísimos cuestionamientos de corrupción" de la administración anterior.
Frente a las críticas por el ritmo de su gestión, De La Espriella defendió su jornada de trabajo como respuesta a quienes lo acusan de no avanzar con suficiente rapidez en sus promesas de campaña, centradas en seguridad y lucha contra la corrupción.
"No estoy buscando excusas ni eludiendo responsabilidades. Por eso trabajo 20 horas al día. Es la única manera de sacar las cosas adelante, porque sé que Colombia no puede esperar", sostuvo el jefe de Estado.
El presidente añadió que quienes lo atacan "creen que gobernar es disfrutar de los privilegios del poder", afirmación que no identificó con nombres propios ni con bancadas concretas, en línea con el tono general de la alocución, construido sobre categorías amplias como "los mismos de siempre" o "los dinosaurios de la política tradicional".
La prensa, en la mira presidencial
La parte final del discurso se dirigió a "ciertos sectores del periodismo", a quienes el mandatario acusó de creerse "dueños de la verdad" y de estar "divorciados de las necesidades del pueblo". De La Espriella relacionó esas críticas con el escepticismo que, según él, rodeó su candidatura antes de las elecciones que lo llevaron al solio de Bolívar.
"Y es que esos que hoy me atacan, siguen profundamente divorciados de la realidad nacional, porque son exactamente los mismos que durante la campaña aseguraban que mi candidatura no tenía sentido, que yo no tenía ninguna posibilidad, que no llegaría a ninguna parte y que jamás sería presidente de Colombia", dijo, antes de insistir en que esos sectores "se equivocaron entonces y hoy vuelven a equivocarse".
El pulso entre la Casa de Nariño y medios críticos no es nuevo en la política colombiana. El gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) mantuvo roces públicos con sectores de prensa y columnistas, y el de Gustavo Petro protagonizó repetidos choques con medios desde su alocución y sus redes. Pocas veces, sin embargo, una alocución presidencial dominical se ha dedicado casi íntegramente a la confrontación con la oposición y el periodismo.
La ofensiva discursiva se produce en medio de denuncias recientes sobre presunta corrupción e irregularidades en distintas entidades del Estado, desde señalamientos en el sector salud hasta denuncias dentro de las Fuerzas Militares, como las recogidas en torno a los militares que cobrarían hasta $30 millones por tramitar armas de Indumil. El presidente no mencionó ninguno de esos casos puntuales.
"No entendieron mi candidatura, no comprendieron el sentimiento de millones de colombianos y fueron incapaces de interpretar lo que estaba ocurriendo en las calles, en los barrios, en los pueblos y en las regiones de nuestra patria", cerró De La Espriella, en el tramo final de una alocución que no incluyó anuncios de política pública ni medidas concretas de gobierno.

