La universidad superó la inspección ministerial que pesaba sobre su gestión, según el balance que Gómez entregó a la revista Semana. El organismo había señalado debilidades en dos frentes: la solidez de las finanzas institucionales y la estructura de gobierno interno, dos ejes que marcaron buena parte de su mandato.
En el plano financiero, Gómez cita una reducción del 67,4 por ciento en la deuda de la universidad durante su gestión, además del cumplimiento de la regla fiscal institucional y la obtención de estados financieros auditados sin observaciones. Al cierre de septiembre de 2026, los ingresos operacionales acumulados ascienden a $344.317 millones, el excedente operacional acumulado se sitúa en $26.424 millones y el ebitda alcanza $42.550 millones, cifras con las que la saliente rectora sostiene que la universidad cuenta con el músculo necesario para invertir en sus funciones misionales dentro del plan integral de desarrollo Expedición 2035.
En gobernanza, el otro frente señalado por el ministerio, Gómez afirma que se adelanta la transformación de las constituciones de la universidad, un proceso que calificó como un reclamo recurrente de la comunidad universitaria desde antes de su llegada. Un primer documento de cambio, fruto de un proceso participativo, ya fue presentado ante la consiliatura, el órgano de gobierno de la institución. En paralelo, la universidad trabaja en la revisión del Estatuto Docente, que no se modificaba desde hace 22 años.
Gómez destacó la relación con el Ministerio de Educación durante el proceso de inspección, al que atribuyó haber reconocido con «bondad y neutralidad» los avances mostrados por la institución en los distintos cortes de seguimiento. La combinación de ambos frentes —financiero y de gobernanza— permitió a la universidad cerrar la inspección sin observaciones pendientes por parte de la cartera educativa.
La crisis que Gómez heredó no es inédita en la educación superior privada colombiana. La Universidad San Martín, intervenida por el Ministerio de Educación en 2016 por irregularidades financieras y de gobierno, terminó con buena parte de sus programas suspendidos y miles de estudiantes trasladados a otras instituciones, un desenlace que ilustra los riesgos de las observaciones de sostenibilidad que también pesaron sobre el Rosario.
Resignificación hacia la formación humanística
La salida de Gómez se produce en un contexto de transformación más amplio para la educación superior colombiana, marcado por el declive demográfico que afecta a buena parte de las universidades del país y por la irrupción de la inteligencia artificial en los procesos formativos. Sobre ese doble desafío, la rectoría saliente definió como eje central del plan de desarrollo una apuesta por lo que llamó la resignificación de la universidad hacia la formación humanística.
Esa apuesta se tradujo en un cambio de lema de la institución, que pasó a definirse como «Siempre nuevo, siempre antiguo, siempre humano». Según Gómez, frente a la automatización de competencias técnicas que impulsa la inteligencia artificial, las universidades deben reforzar el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación y la empatía, capacidades que considera irremplazables por una máquina.
Sobre la crisis demográfica que reduce el número de aspirantes, Gómez planteó que las universidades deben ampliar su oferta hacia la educación a lo largo de la vida, para acompañar procesos de reinvención profesional y personal de personas que ya superaron la etapa de pregrado tradicional. A ello se suma, en su visión, la necesidad de trascender el espacio presencial local mediante una ampliación hacia la virtualidad.
Rechazo a la idea de una generación frágil
Consultada por Semana sobre la percepción extendida de que la generación actual de estudiantes sería más frágil o menos dedicada que las anteriores, Gómez rechazó esa caracterización. Señaló que en todas las generaciones ha habido estudiantes dedicados y otros que no, y que el contexto de quienes hoy cursan estudios superiores —marcado por la pospandemia, la hiperestimulación digital y discursos que, en su descripción, erosionan la esperanza sobre el futuro— exige comprensión antes que juicio. Frente a la idea de una generación sobreprotegida, planteó que la dificultad obliga a desarrollar competencias de autonomía para salir adelante.
Gómez describió el proceso de recuperación institucional como un trabajo colectivo antes que individual. En su balance final atribuyó los resultados a la comunidad universitaria en su conjunto —estudiantes, profesores y funcionarios— y adelantó que realizó una rendición de cuentas disponible para consulta pública.
«Entrego una universidad distinta a la que recibí, transformada, fortalecida y con esperanza. No fue un trabajo mío, sino de estudiantes, profesores, funcionarios», afirmó Ana Isabel Gómez, rectora saliente de la Universidad del Rosario.
Stéphanie Lavaux asume la rectoría este lunes con la inspección ministerial ya superada y los indicadores financieros descritos por su antecesora, en el marco del plan Expedición 2035 que la institución proyecta hacia 2035.
