La intervención se concentró en la parte más alta del campanario, donde el sismo dejó piezas desprendidas que una réplica podría hacer caer sobre la estructura ya debilitada. Yamileth Stanziola, directora de Proyectos Especiales del Ministerio de Cultura, explicó que la prioridad inmediata es asegurar esos elementos sueltos antes de emprender cualquier otra intervención sobre el inmueble.
El retiro de los pináculos no equivale a la recuperación definitiva de la torre, sino a una medida de contención. El ministerio organizó su respuesta en una primera fase que contempla estabilización inmediata, apuntalamiento, aseguramiento de las áreas comprometidas y retiro controlado de piezas y materiales que representen peligro de caída mientras avanzan las evaluaciones técnicas de cada inmueble.
La ministra de Cultura, María Eugenia Herrera, explicó que las labores arrancan con apuntalamientos para estabilizar los edificios afectados. Solo después de evaluar cada estructura podrá determinarse qué elementos son recuperables y cuáles requieren un proceso de restauración más profundo. Herrera defendió la existencia de técnicas específicas para proteger y recuperar el patrimonio, aunque reconoció que cada inmueble exige una valoración particular antes de decidir cómo proceder.
"El mantenimiento es permanente", afirmó la ministra de Cultura, María Eugenia Herrera.
Para respaldar la metodología aplicada, Herrera recurrió a las experiencias de conservación acumuladas en Panamá Viejo, Portobelo y San Lorenzo, sitios donde la protección del patrimonio ha requerido intervenciones especializadas a lo largo de los años. Esos tres conjuntos integran el Patrimonio Mundial de la Unesco en Panamá, lo que ha obligado a sostener protocolos técnicos de restauración y mantenimiento continuo.
"La principal lección que dejó el terremoto es lo importante que es el mantenimiento de los sitios patrimoniales", puntualizó Herrera.
Diecinueve sitios en Coclé, Azuero y Veraguas
San Atanasio figura entre los 19 sitios identificados por el ministerio en la región afectada por el sismo, concentrados principalmente en Coclé, Azuero y Veraguas. El listado incluye templos y parroquias que, aunque no todos cuentan con declaratoria patrimonial formal, tienen un peso significativo en la memoria de las comunidades donde se levantan. En La Villa de Los Santos, el terremoto también alcanzó el Museo de la Nacionalidad y la iglesia de Santa Librada, aunque ninguno con la severidad del colapso parcial sufrido por la torre de San Atanasio.
En Parita, provincia de Herrera, resultó afectada la iglesia de Santo Domingo de Guzmán. En Veraguas se reportaron daños en la Catedral Santiago Apóstol y en la iglesia de Atalaya, mientras que en Coclé el registro incluye la Basílica Menor Santiago Apóstol de Natá de los Caballeros, uno de los templos coloniales más antiguos del continente. La afectación también llegó a espacios dedicados a preservar la memoria regional, como el Museo Regional de la Sal y el Azúcar Estela Sierra, en Herrera, y el Museo Regional de Veraguas.
El terremoto del 9 de octubre dejó sus marcas en paredes, torres y edificios que forman parte de la vida cotidiana de varias comunidades del interior del país. Mientras el ministerio avanza con las evaluaciones técnicas en los sitios pendientes, la agenda cultural de la capital sigue su curso con propuestas que incluyen café, percusión y teatro infantil hasta fin de mes. En San Atanasio, la tarea inmediata fue evitar nuevas caídas; la de recuperar por completo una torre que sostiene no solo un campanario, sino parte de la memoria de La Villa, sigue pendiente.


