El mecanismo aritmético del desabastecimiento
El estrecho de Ormuz canalizaba aproximadamente el 42 % del suministro global de queroseno de aviación antes de su cierre, el 28 de febrero. Las refinerías de la península arábiga —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar— producen el combustible a partir del crudo y lo embarcan en tanqueros que, en condiciones normales, emplean entre diez y catorce días en alcanzar los puertos europeos del Mediterráneo y del Atlántico norte. Desde esa fecha, esos tanqueros no salen. El resultado es una cuenta atrás que, según las fuentes diplomáticas consultadas por este diario, sitúa las reservas continentales en torno a seis semanas.
La alternativa logística más inmediata —redirigir pedidos hacia refinerías norteamericanas y del sudeste asiático— añade entre 21 y 28 días de tránsito adicional. Eso significa que el combustible redirigido hoy no llegará a los depósitos europeos antes de mediados de mayo, un horizonte que no cubre el hueco abierto si el cierre de Ormuz se prolonga. La brecha entre el momento del corte y la llegada de suministros alternativos es, en la práctica, la variable que determina cuántos vuelos se cancelarán y cuándo.
Las tres demandas del sector aéreo a Bruselas
Las aerolíneas europeas agrupadas en Airlines for Europe (A4E) —que integra a Lufthansa, Air France-KLM, Ryanair, EasyJet, Volotea y Wizz Air, entre otras— han dirigido una carta conjunta a la Comisión Europea con tres demandas urgentes: supervisión centralizada del suministro de combustible a escala comunitaria para evitar acaparamientos nacionales; suspensión temporal del régimen de comercio de derechos de emisión de la UE aplicable a la aviación (ETS) mientras dure la crisis; y supresión inmediata de los impuestos nacionales sobre el queroseno que aplican varios Estados miembros. El texto de la carta no ha sido reproducido íntegramente por A4E en público, pero su contenido ha sido confirmado por fuentes del sector.
La petición de congelar el ETS aéreo es políticamente sensible. El sistema, regulado por la Directiva 2003/87/CE y sus sucesivas reformas —la última, el Reglamento (UE) 2023/958, que endureció las obligaciones del sector hasta 2026—, es una de las palancas centrales del Pacto Verde Europeo. Suspenderlo, aunque sea de forma temporal, requeriría un acto legislativo de urgencia o, como mínimo, una decisión de la Comisión amparada en la cláusula de salvaguardia del Tratado de Funcionamiento de la UE. Ninguna de las dos vías es rápida.
El paquete de emergencia del 22 de abril y la cumbre de Chipre
La respuesta de Bruselas ha sido la convocatoria de un paquete de medidas de emergencia para el 22 de abril, que será discutido en la cumbre informal de líderes de los Veintisiete prevista en Chipre los días 23 y 24 de ese mes. El borrador del paquete, al que ha tenido acceso El Hemiciclo a través de fuentes diplomáticas, va más allá del sector aéreo: contempla la imposición de un día de teletrabajo obligatorio semanal en empresas de más de 50 empleados para reducir la movilidad; el cierre de edificios públicos no esenciales durante los fines de semana; y la subvención del transporte público para incentivar su uso frente al vehículo privado. La Comisión no ha confirmado oficialmente el contenido del borrador.
La activación de medidas de racionalización energética de este calado tiene precedente en la crisis del gas de 2022. Aquel verano, el Consejo de la UE aprobó el Reglamento (UE) 2022/1369, que establecía un objetivo vinculante de reducción del consumo de gas del 15 % hasta marzo de 2023 y habilitaba a los Estados miembros a adoptar medidas de emergencia en sectores energéticos estratégicos. El mecanismo jurídico que se baraja ahora para el queroseno seguiría una lógica similar, aunque el combustible de aviación no está incluido en el ámbito de aplicación de aquel reglamento, lo que exigiría un instrumento nuevo o una extensión explícita.
Rutas desviadas y primeras cancelaciones por aerolínea
La Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) mantiene desde marzo la prohibición de sobrevolar el golfo Pérsico, incluidos los espacios aéreos de Emiratos Árabes Unidos y Catar, al menos hasta el 24 de abril. La restricción obliga a las compañías que operan hacia Asia a trazar rutas alternativas más largas, con un consumo de combustible por vuelo sensiblemente mayor, lo que agrava el problema de suministro en el momento de mayor estrechez.
Wizz Air, la aerolínea húngara de bajo coste, fue la primera en cuantificar públicamente el impacto: prevé una reducción de aproximadamente el 5 % de su capacidad operativa en mayo y junio, equivalente a entre 300 y 400 vuelos cancelados a la semana en toda su red. EasyJet ha anunciado recortes similares, concentrados en las rutas secundarias de menor rentabilidad. Ryanair, por su parte, no ha ofrecido cifras de cancelaciones pero advirtió de que los precios de los billetes reflejarán inevitablemente el coste del combustible a partir de mayo, según la compañía. Lufthansa y Air France-KLM no han publicado hasta la fecha estimaciones de reducción de capacidad.
La presión sobre el turismo español y el crack spread del queroseno
España, que según datos del INE recibió 94 millones de turistas internacionales en 2025, es uno de los destinos de mayor exposición al riesgo de cancelaciones. El Ministerio de Industria y Turismo ha convocado una mesa de seguimiento con las comunidades autónomas de mayor dependencia turística —Baleares, Canarias, Comunidad Valenciana, Andalucía y Cataluña— para evaluar el impacto y diseñar planes de contingencia. La mesa no ha hecho públicas todavía sus conclusiones ni un calendario de medidas concretas.
En los mercados de materias primas, el crack spread del queroseno —la diferencia entre el precio del combustible de aviación y el del crudo Brent del que se deriva— se ha ampliado un 48 % en las últimas tres semanas, según las fuentes consultadas por este diario, alcanzando niveles no registrados desde 2022. Los contratos de futuros de queroseno cotizan con una prima de 60 dólares por tonelada sobre el precio al contado, la mayor prima de urgencia desde el estallido de la guerra en Ucrania. Ambos indicadores señalan que la escasez específica de queroseno supera con creces la tensión general en el mercado de crudo.
Plazos y variables que decidirán la temporada de verano
La cadencia de decisiones en las próximas semanas marcará si la crisis se contiene o se traslada de lleno a la temporada alta. El 22 de abril, la Comisión Europea debe presentar su paquete de emergencia; el 23 y 24 de abril, los líderes de los Veintisiete lo debatirán en Chipre; y el 24 de abril vence también la prohibición de EASA sobre el espacio aéreo del golfo Pérsico, momento en que la agencia deberá decidir si la levanta, la prorroga o la modifica. Si para entonces no hay un acuerdo diplomático en Mascate o una reapertura parcial del tránsito por Ormuz, el combustible alternativo redirigido desde América del Norte y el sudeste asiático no habrá llegado aún a los depósitos europeos, y las aerolíneas afrontarán junio con reservas inferiores a las necesarias para una operación normal. La temporada de verano europea, con su pico de demanda en julio y agosto, entraría entonces en terreno de incertidumbre estructural.

