Oleshki, situada en la orilla izquierda del río Dniéper, quedó bajo control ruso poco después del inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022 y ha permanecido aislada de los corredores humanitarios habituales desde entonces. Las duras condiciones de vida impuestas por la ocupación impiden a sus habitantes desplazarse a otras localidades donde abastecerse de comida o medicamentos, según el relato de quienes han logrado salir de la zona en las últimas semanas.
Entre esos testimonios figura el de Vitalii Mikolaiovich, de 55 años, que consiguió escapar de la población el mes pasado. “Es duro llamar vida a eso”, deplora sobre la situación que dejó atrás. Su relato sitúa a la ciudad entre los puntos de mayor sufrimiento civil del frente sur ucranio, una zona donde la ayuda internacional llega con cuentagotas por el riesgo de los traslados bajo fuego.
La implicación de León XIV en gestiones de este tipo se inscribe en la mediación vaticana mantenida desde el estallido del conflicto, con contactos tanto con el Kremlin como con la presidencia ucrania. Una tregua limitada para fines humanitarios, de concretarse, no implicaría un alto el fuego general, sino una ventana acotada para permitir la salida de civiles y la entrada de suministros básicos, una fórmula ya ensayada en otros puntos del frente desde 2022 con resultados desiguales.
El contexto bélico en el que se inscribe esta gestión sigue siendo tenso. Días antes, Ucrania lanzó un intenso ataque sobre San Petersburgo que golpeó una terminal petrolera, un centro de datos y un centro logístico, en una escalada que confirma que la guerra mantiene su intensidad pese a los intentos de abrir espacios de negociación puntual como el que ahora se explora para Oleshki.
La crisis alimentaria coincide con las dificultades del propio sector agrícola ucranio derivadas del conflicto: la prima de guerra por los ataques en el Mar Negro encarece el trigo ucraniano, lo que añade presión sobre los costes logísticos de cualquier operación de ayuda que deba atravesar corredores marítimos o terrestres bajo amenaza militar.
Poblaciones como Oleshki, situadas en zonas de ocupación prolongada, quedan fuera del alcance de los mecanismos habituales de asistencia internacional, que dependen del acceso negociado con las autoridades de facto sobre el terreno. La falta de corredores seguros ha llevado a intentos alternativos de distribución de alimentos mediante drones, una vía de último recurso ante el bloqueo de las rutas convencionales.
No consta un calendario ni un marco concreto para la eventual tregua planteada por el Vaticano a Moscú y Kiev. En Oleshki y sus alrededores permanecen cerca de 6.000 personas, varias decenas de ellas menores, cuya salida depende de que ambas partes acepten una ventana humanitaria en medio de un conflicto que no ha perdido intensidad.
