Si los asesinatos se repartieran conforme a ese peso demográfico, a los nacidos fuera les corresponderían unos 58 agresores, y no los 120 que figuran en la serie que arranca en enero de 2020, cuando Irene Montero devolvió a Igualdad el rango de Ministerio. La brecha se amplía al comparar los dos trienios de esa etapa: entre 2020 y 2022 los agresores nacidos fuera eran tres de cada diez; entre 2023 y 2025, ya con Ana Redondo al frente, pasaron a ser cuatro de cada diez, con una tasa de siete asesinos por millón frente a los 2,3 de los nacidos en España.
Son diez puntos de subida en un periodo en el que el número total de asesinatos apenas ha variado. La población nacida en el extranjero es, de media, más joven y con mayor proporción de varones adultos que la española, un factor que reduce la diferencia tras el ajuste por sexo y edad, pero no la elimina: la tasa de los nacidos fuera sigue por encima incluso después de ese ajuste.
El propio boletín mensual de víctimas mortales que publica el Ministerio desglosa a los agresores por edad, comunidad autónoma, vínculo con la víctima y resultado de un eventual intento de suicidio, pero limita el origen a dos casillas, «España» y «otro país», sin más detalle.
El Pacto de Estado no cita el origen del agresor
Ni el Pacto de Estado contra la Violencia de Género renovado en 2025 ni la Estrategia Estatal 2022-2025 incluyeron medidas vinculadas al origen de los agresores, ni un análisis de las causas de la sobrerrepresentación detectada en la estadística oficial, ni referencia a las consecuencias que la Ley de Extranjería contempla para quienes cometen delitos graves en situación irregular. Esta norma prevé la expulsión del territorio para extranjeros condenados por delitos dolosos con penas superiores a un año, salvo que la sanción se hubiera cancelado.
Varios casos recientes ilustran fallos previos en los mecanismos de protección. En Sevilla, el 28 de septiembre de 2025, una mujer de 28 años murió degollada en la calle Tigris a manos de su pareja, un hombre de origen colombiano que tenía un expediente de expulsión suspendido por una causa penal abierta tras un intento de ahogamiento meses antes en Cádiz; la expulsión nunca se ejecutó y ella, pese a estar incluida en el sistema VioGén, no contaba con medida de protección activa.
En Xilxes, Castellón, el 17 de febrero de este año, una mujer y su hija de doce años aparecieron muertas en su domicilio a manos del exmarido, condenado un año antes por maltrato y coacciones y con una orden de alejamiento vigente hasta 2027; la valoración de riesgo del sistema VioGén, días antes del crimen, era «medio». A mediados de mayo, en Arguedas, Navarra, una mujer de 44 años murió estrangulada por su marido, cinco meses después de la boda. El 28 de julio, en Barcelona, una mujer brasileña de 34 años fue apuñalada por su expareja al acudir a recoger documentos, delante de su hijo menor. Y el 27 de septiembre, en Benidorm, una mujer brasileña de 33 años fue apuñalada y descuartizada por su pareja, que trasladó los restos en dos maletas e intentó quemarlos junto a otros dos hombres, también detenidos.
En tres de estos cinco casos el agresor había tenido contacto previo con algún mecanismo estatal —expediente de expulsión, orden de alejamiento o valoración de riesgo— sin que derivara en una protección efectiva. En cuatro de los cinco, además, la víctima también había nacido fuera de España. El reproche sobre los fallos en el sistema VioGén no es nuevo: el propio departamento reconoció no poder localizar a 886 maltratadores por haberse desprendido de la pulsera de control telemático.
La discusión sobre la distancia entre los datos que recopila la Administración y el uso que hace de ellos reaparece en otras políticas sociales, como el Ingreso Mínimo Vital, que acumula 22.000 millones sin llegar al 55% de los hogares que cumplirían los requisitos. La tabla por país de nacimiento de los agresores se actualiza mensualmente desde hace años y está disponible en el portal estadístico de Igualdad, sin que ninguna titular del departamento la haya abordado en público.
