El origen del último episodio fue una publicación de Milei en la que, según consta en la nota de la Cancillería brasileña, el mandatario argentino escribió sobre Lula: «Espero que su último truco de campaña sucia no incluya robarse la elección. Zurdo ladrón». El comentario llegó cinco días antes de que Brasil celebre el domingo 25 de octubre la segunda vuelta de las presidenciales, en la que Lula se enfrenta a Flávio Bolsonaro, hijo primogénito del expresidente Jair Bolsonaro y senador por Río de Janeiro.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil respondió con una nota oficial en la que acusó a Milei de protagonizar «una nueva e inaceptable tentativa de injerencia externa en el proceso democrático brasileño». La Cancillería vinculó las declaraciones del líder libertario con el entorno del expresidente Bolsonaro, condenado por la Corte Suprema a 27 años de prisión por liderar un intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula.
«El presidente de la Argentina reitera mentiras difundidas por quienes perdieron las elecciones y protagonizaron el fallido golpe militar de hace cuatro años», señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil en su comunicado.
La nota brasileña defendió también la integridad del sistema de voto electrónico que el país utiliza desde 1996 y que, según la Cancillería, ha sido «históricamente elogiado por observadores independientes». El organismo subrayó que el mecanismo está «comprobado que es seguro» y que «nunca registró irregularidades» en casi tres décadas de funcionamiento, una precisión que responde directamente a las sospechas sembradas por Milei sobre un posible fraude electoral.
«La decisión sobre el futuro de Brasil corresponde exclusivamente al pueblo brasileño, que se manifestará libremente en las urnas, y sin ningún tipo de injerencia externa, el domingo, día 25», añadió el Ministerio de Relaciones Exteriores en la misma nota.
Jair Bolsonaro nunca reconoció su derrota de 2022 y, según comprobó la Corte Suprema, lideró un complot con parte de sus ministros y altos mandos militares para permanecer en el poder por la fuerza. Cumple actualmente prisión domiciliaria por motivos de salud. El Supremo brasileño ya negó a Milei la posibilidad de visitarlo en su residencia, un episodio que anticipó la tensión entre ambos gobiernos.
Un conflicto diplomático abierto en julio
El cruce de este martes no es un hecho aislado, sino la continuación de una crisis bilateral abierta en julio, cuando Milei viajó a São Paulo para respaldar públicamente a Flávio Bolsonaro en el lanzamiento de su candidatura por el Partido Liberal, la formación de extrema derecha que lidera su padre. En aquel viaje, el presidente argentino llamó «ladrón» a Lula en territorio brasileño, entre otros calificativos, lo que provocó que Brasilia convocara al embajador argentino y llamara a consultas a su propio representante en Buenos Aires, rebajando el nivel de la relación bilateral.
Aquel episodio de julio dejó un contencioso que el propio Lula recordó públicamente, al asegurar que Milei debía pedirle disculpas antes de que ambos países pudieran retomar relaciones normales. La insistencia del mandatario argentino en repetir ataques similares cinco días antes del balotaje añade tensión institucional entre dos de las mayores economías de América Latina, socias en el Mercosur pese a sus diferencias ideológicas.
El llamamiento a consultas del embajador es uno de los gestos diplomáticos de mayor gravedad por debajo de la ruptura de relaciones: supone retirar temporalmente al jefe de la misión para transmitir malestar sin cerrar la embajada. En la historia reciente de la región, el recurso se ha empleado en episodios como la crisis andina de 2008, cuando Colombia, Ecuador y Venezuela retiraron representantes tras un bombardeo colombiano en territorio ecuatoriano. Rara vez, sin embargo, lo desencadena la intervención directa de un presidente en ejercicio en la campaña electoral de un país vecino.
El balotaje del 25 de octubre
La segunda vuelta del domingo enfrentará a Lula, que busca revalidar su mandato, con Flávio Bolsonaro, heredero político de su padre. La contienda se produce en un clima de polarización que arrastra el país desde la derrota de Jair Bolsonaro en 2022 y el posterior asalto a las sedes de los poderes en Brasilia el 8 de enero de 2023, episodio que la Corte Suprema situó en el centro de la condena contra el expresidente.
El choque entre Buenos Aires y Brasilia se suma a otros frentes de tensión diplomática que gobiernos de distinto signo ideológico ventilan a través de las redes sociales, una dinámica visible también en otros litigios internacionales recientes, como el de Kiev, que denuncia ataques rusos sin aviso aliado tras el choque Trump-Zelenski.
La Cancillería brasileña cerró su nota insistiendo en que la decisión sobre el futuro del país corresponde «exclusivamente» a sus ciudadanos, que acudirán a las urnas el domingo 25 de octubre para decidir entre Lula y Flávio Bolsonaro.

