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Bruselas aprueba en 45 minutos la posición común europea sobre Ormuz: el texto belga liga el cese de tensiones a la plena operatividad de la misión naval Aspides y deja sobre la mesa la llave de sanciones reversibles

El embajador belga ante el COREPER ha golpeado la mesa dos veces con el anillo de la presidencia rotatoria a las ocho y cuarenta y dos minutos y ha cerrado la reunión extraordinaria con una fórmula de consenso que ningún país ha pedido reabrir. Cuarenta y cinco minutos de reloj para un documento que, hasta anoche, parecía que iba a necesitar todo el jueves. El texto, al que El Hemiciclo ha tenido acceso reservado, encadena tres ideas y una llave: respaldo explícito a la mediación omaní, exigencia formal de que la misión naval europea Aspides recupere la plena operatividad antes del 30 de abril, y un mecanismo de sanciones reversibles que la Alta Representante activaría en 48 horas si el sábado Mascate descarrila.

Por Redacción de El Hemiciclo· Bruselas·
8 min de lectura
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Cuando la presidencia rotatoria belga convocó anoche a las once y catorce minutos la reunión extraordinaria del Comité de Representantes Permanentes, en Bruselas nadie apostaba por un documento antes del viernes. Las dos negociaciones previas —la del texto sobre el Sahel del martes y la del paquete aduanero del miércoles— habían consumido más de seis horas cada una, y la delegación húngara había dejado por escrito en la secretaría del Consejo su intención de pedir un aplazamiento si el asunto tocaba directamente a la cooperación con Washington. Nadie lo dijo en voz alta, pero todo el mundo lo pensaba: una reunión extraordinaria a las ocho de la mañana sobre el estrecho de Ormuz, con Hungría en modo obstrucción, era la receta casi perfecta para un no-acuerdo.

A las ocho y dos minutos, la embajadora belga ha abierto la sesión con una frase que en las actas internas del COREPER suele anticipar una negociación incómoda: 'Señores embajadores, voy a pedirles algo poco habitual: que este documento no se reabra'. A las ocho y cuarenta y dos minutos, la misma embajadora ha cerrado la reunión dando dos golpes secos con el anillo de la presidencia sobre la mesa y diciendo, casi sin tono: 'Aprobado por consenso, sin reserva formal de ningún Estado miembro'. Cuarenta minutos de reloj para lo que, por la mañana, parecía imposible. La llave del cambio de ritmo, según explican a este periódico tres fuentes diplomáticas con acceso directo al acta, no ha estado en el contenido del texto sino en un detalle procedimental: la presidencia belga ha aceptado que el documento se numerara como 'posición común de la Unión' y no como 'declaración del Consejo', lo cual —contrariamente a lo que uno pensaría— relaja la tensión política porque evita fijar firmas individuales sobre un asunto del que ningún jefe de Estado quiere colgarse la medalla unilateral.

El contenido del texto, al que El Hemiciclo ha podido acceder a las nueve menos veinte en una copia reservada pendiente de traducción jurídica, tiene tres ejes y una llave. El primer eje es el respaldo explícito a la mediación omaní. La fórmula utilizada —'el Consejo saluda con satisfacción los buenos oficios del Sultanato de Omán y reconoce su papel histórico como mediador de confianza en el Golfo Pérsico'— no es una frase hecha. Es, en el léxico interno de la UE, un reconocimiento de rango equivalente al que Bruselas otorgó en 2015 a Suiza en la etapa final del acuerdo nuclear iraní. Ese paralelismo no es casual. Y para los analistas que lean el texto con atención en las próximas horas, es la pista de que Bruselas está preparando el terreno, por si hiciera falta, para otorgar a Omán un papel más amplio en la próxima fase del diálogo.

El segundo eje es la exigencia formal —es decir, con fecha y calendario— de que la misión naval Aspides recupere la plena operatividad antes del 30 de abril. La misión europea de protección de rutas marítimas en el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, lanzada en 2024 para responder a los ataques hutíes a la navegación comercial, ha estado operando desde octubre en modo reducido por restricciones presupuestarias. El texto del COREPER incluye una cláusula que, según una fuente de la delegación italiana, 'desbloquea al instante' los 42 millones de euros pendientes del presupuesto extraordinario de defensa para sostener dos fragatas adicionales —previsiblemente, una griega y una francesa— durante el resto del año. Ese refuerzo es la condición implícita que Bruselas pone para presentarse el sábado con credibilidad frente a una mesa en la que Irán va a escuchar, entre otras cosas, cuánto músculo naval tiene realmente Europa para respaldar lo que firme.

El tercer eje es el mecanismo de sanciones reversibles. La novedad jurídica aquí es importante y merece una lectura detenida. Hasta ahora, todas las sanciones económicas de la UE contra Irán requerían una decisión unánime del Consejo para ser activadas y otra decisión unánime para ser levantadas, lo que en la práctica convertía cada paquete sancionador en un tablero político de todo o nada. El texto aprobado esta mañana introduce, por primera vez, una figura que en la jerga del Servicio Europeo de Acción Exterior se llama 'suspensión automática con reactivación simplificada': las sanciones se levantan el día que entra en vigor el acuerdo, pero cualquier incumplimiento verificado reactiva automáticamente el paquete completo en un plazo máximo de 48 horas mediante una decisión no unánime de la Alta Representante con el aval del Comité Político y de Seguridad. Es un cambio de fontanería jurídica, no una revolución política. Pero cambia radicalmente el coste que Teherán pagaría por incumplir.

La llave, la cuarta pieza del texto, es la que más ha sorprendido a los observadores. Bruselas ha incluido en el anexo II un mandato a la Alta Representante para que 'explore la viabilidad, sin compromiso previo, de una misión europea de verificación independiente del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz'. Una misión de verificación es, en el lenguaje técnico, exactamente lo que suena: un grupo reducido de observadores —civiles o militares— con capacidad para certificar el cumplimiento de lo que se acuerde. Si el sábado en Mascate hay compromiso iraní, esa misión podría estar sobre el terreno en seis semanas. Si no hay compromiso, la cláusula queda dormida sin coste para nadie. El truco diplomático de incluir un mandato de ese tipo sin obligaciones concretas es que envía una señal potente —Bruselas está dispuesta— sin pedir a ningún Estado miembro que se comprometa todavía a nada. Es, en una sola frase, 'estamos preparados por si acaso'.

Hay una parte política interesante en cómo se ha moldeado la negociación de esta mañana. La delegación húngara, que anoche había dejado por escrito su intención de pedir aplazamiento, no ha intervenido en toda la reunión. Dos fuentes distintas consultadas por este periódico coinciden en la explicación: Péter Magyar, que asumirá el próximo martes su gabinete en Budapest, ha enviado en las últimas 48 horas a la representación húngara ante la UE una instrucción interna pidiendo 'abstenerse de obstaculizar los dosieres exteriores hasta la toma de posesión'. Ese cambio de posición —de Orbán, que habría vetado sin dudar, a Magyar, que prefiere esperar— libera el consenso del COREPER sin que Bruselas tenga que maniobrar. Es la primera consecuencia práctica, en un dosier importante, del cambio político en Hungría. Y probablemente no será la última.

España, por su parte, ha llegado a la reunión con una posición que, según fuentes de la Representación Permanente consultadas por este periódico a las nueve menos cuarto, se ha integrado sin dificultades en el texto belga. Madrid había pedido dos cosas: que cualquier misión europea de verificación contemplara la participación activa de la Armada española —España es, junto con Italia, el principal contribuyente actual de Aspides— y que el texto incluyera una referencia a la libertad de navegación como principio general, no solo en el contexto iraní. Ambas peticiones figuran en el documento final. Eso quiere decir que el equipo de José Manuel Albares se apunta una victoria diplomática discreta pero real. En el contexto interno —con Génova acusando a Moncloa de 'subordinación a Washington'—, la posibilidad de presentar mañana viernes una victoria propia en Bruselas es un argumento que Moncloa va a utilizar.

A las nueve y cuarto, Kaja Kallas, la Alta Representante, ha convocado una comparecencia en la sala de prensa del Europa Building para las once, con traducción simultánea a las veinticuatro lenguas oficiales. Hoy va a ser la primera vez en seis meses que la jefa de la diplomacia europea hable sobre Oriente Medio con un texto aprobado por unanimidad detrás. Eso, en la política exterior europea, no pasa todas las semanas. Lo que dirá en esa comparecencia está cerrado en lo esencial y se va a articular en tres mensajes: respaldo al diálogo del sábado sin sobreactuar, disposición a activar mecanismos europeos de verificación y una frase —que este periódico ha podido leer en un borrador de minuto diez— destinada a quedarse: 'la credibilidad de Europa en el Golfo se mide en barcos, no en comunicados'. Es una frase afilada. Y va a doler —en Berlín, en particular— porque apunta a los dos miembros que todavía no han contribuido a Aspides con medios propios.

¿Qué sigue para el lector que quiera entender cómo se encadenan las próximas horas? Tres citas. A las once, comparecencia de Kallas en Bruselas con el texto en la mano. A las tres de la tarde, reunión extraordinaria del Comité Político y de Seguridad —el CPS— para activar el desbloqueo presupuestario de Aspides. Y el sábado por la mañana, a las diez hora de Mascate —las ocho en la península—, la primera sesión de la reunión EEUU-Irán con el texto europeo aprobado esta madrugada encima de la mesa, aunque no como parte formal del diálogo. Europa, por primera vez en mucho tiempo, no va a hablar el sábado. Pero va a estar escuchando con un documento que la legitima como interlocutora de la siguiente fase. La diferencia entre estar en la sala y no estar en ella es, a veces, haber escrito el texto adecuado cuarenta y cinco minutos antes de la apertura de los mercados. Esta mañana, Bruselas lo ha hecho.

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