El testimonio adquiere relevancia para Colombia, ubicada en el Cinturón de Fuego del Pacífico y expuesta a sismicidad frecuente. El país cuenta con antecedentes graves, como el terremoto de Armenia de 1999, que afectó al eje cafetero y provocó cerca de mil muertes según registros de la época, además de movimientos telúricos recurrentes en Santander y el suroccidente. La gestión del riesgo sísmico está regulada por la Ley 1523 de 2012, que creó el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, y por el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10.
Según Barrientos, la respuesta ante una catástrofe comienza mucho antes de que ocurra el movimiento. El rescatista insiste en que cada vivienda, habitación u oficina está construida de manera distinta, por lo que no es posible estandarizar recomendaciones genéricas como refugiarse bajo el marco de una puerta, debajo de una mesa o en un baño. "La regla general es que toda casa y toda habitación y toda oficina está hecha de forma diferente. Entonces, al estar hechas de forma diferente, tú no puedes estandarizar (…) quien sabe cómo está construida tu casa es tu arquitecto", afirmó.
Esa premisa lo lleva a desmontar un mito ampliamente difundido: el llamado "triángulo de la vida", que sugiere que ubicarse junto a objetos voluminosos crea espacios de supervivencia con forma determinada. Barrientos sostiene que la experiencia de los rescatistas ha permitido hallar sobrevivientes en espacios de formas muy diversas, por lo que la clave no está en la figura geométrica sino en el material. "Las estructuras más fuertes son las que van a resistir. Estamos hablando de las trabes, de las vigas, de los muros de carga. Esas estructuras son a las que los seres humanos deberíamos replegarnos", explicó, en contraste con la mampostería, que cumple una función divisoria sin soporte estructural.
El plan familiar de protección civil
El rescatista propone que cada núcleo familiar elabore lo que denomina un plan familiar de protección civil, un ejercicio que consiste en identificar previamente las zonas más seguras de la vivienda según su construcción real y no según fórmulas generales. La prevención, sostiene, no se reduce a memorizar una lista de instrucciones, sino a conocer la propia estructura, establecer rutas de evacuación y preparar una maleta de emergencia con documentos, agua, medicamentos y elementos básicos. En Colombia, alcaldías como la de Bogotá han impulsado simulacros distritales de evacuación en años recientes, en línea con esas recomendaciones.
Barrientos también cuestionó la idea de que existe un plazo fijo —comúnmente citado como "los primeros 30 segundos"— tras el cual una persona atrapada estaría condenada. Para el rescatista, esa noción distorsiona la manera de actuar durante un sismo: en edificaciones bajas, la pregunta relevante no es cuánto dura el movimiento, sino cuánto tiempo necesita una persona para ponerse a salvo, un cálculo que solo puede hacerse con base en simulacros previos y en el conocimiento real de la estructura. La posibilidad de evacuar, agrega, debe estar evaluada de antemano.
La Brigada de Rescate Topos Tlatelolco nació de manera espontánea en la Ciudad de México tras el terremoto de 1985, uno de los episodios más devastadores en la historia sísmica de América Latina. Con el paso de las décadas se profesionalizó hasta obtener la certificación del Insarag, red que agrupa a más de 90 países y organizaciones bajo el paraguas de Naciones Unidas. Barrientos subraya que los rescatistas deben conocer de construcción e ingeniería para prever dónde pueden quedar ubicadas las personas que buscan rescatar.
Atención a poblaciones vulnerables
Barrientos dedicó parte de su explicación a la atención de quienes requieren asistencia durante una emergencia. En el caso de los niños, recomendó disponer de objetos que puedan tranquilizarlos y evacuar con la mayor calma posible. "Tengan cosas que puedan ayudarle al niño y, cuando ocurra un movimiento, traten de evacuar a los niños de la manera más tranquila posible porque no hay que estresar a los niños en cierta medida", indicó.
Para personas con discapacidad o movilidad reducida, el rescatista señaló que la prioridad es permanecer junto a ellas durante todo el movimiento antes de intentar cualquier desplazamiento, evitando maniobras apresuradas. La pauta coincide con protocolos internacionales de gestión del riesgo que enfatizan la necesidad de planes de evacuación diferenciados según las capacidades de cada persona en el hogar.
El marco normativo colombiano converge con lo que Barrientos plantea como esencial. La NSR-10, vigente en su versión de 2010 y aplicada tras la experiencia del terremoto de Armenia, establece requisitos técnicos de sismorresistencia orientados a que las edificaciones resistan el movimiento sin colapsar sobre sus ocupantes, mientras que la Ley 1523 de 2012 organiza la respuesta institucional a través del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.
La participación reciente de la brigada en labores de rescate en Venezuela ilustra el papel de la cooperación regional en la atención de desastres, un terreno en el que los países andinos han desarrollado ejercicios conjuntos y mecanismos de asistencia mutua. La organización, integrada por voluntarios de la sociedad civil, complementa así la respuesta de las instituciones estatales ante catástrofes naturales.
De cara al futuro, la experiencia acumulada por Topos Tlatelolco a lo largo de cuatro décadas apunta a que la reducción de víctimas depende menos de la reacción durante los segundos del sismo que de la prevención estructural y la educación ciudadana previas. En un país como Colombia, expuesto de manera permanente a la actividad sísmica del Cinturón de Fuego del Pacífico, esas lecciones se concretan en simulacros periódicos, revisión de las viviendas y planes familiares definidos antes de que llegue el próximo movimiento telúrico.
