Descubierto hace poco más de dos décadas, Apophis llegó a registrar una probabilidad de impacto del 2,7 % para 2029, la cifra más alta alcanzada en la escala de Turín, el sistema internacional que clasifica el riesgo de colisión de objetos cercanos a la Tierra. Ese porcentaje mantuvo en vilo durante meses a observatorios y agencias espaciales de todo el mundo, hasta convertir al asteroide en uno de los objetos más vigilados por la astronomía contemporánea.
Observaciones posteriores permitieron descartar cualquier colisión con la Tierra tanto en 2029 como en 2036. Durante algunos años se mantuvo una probabilidad remota de impacto para 2068, pero nuevos cálculos de trayectoria también eliminaron ese escenario. El consenso científico actual descarta cualquier riesgo de choque en las próximas décadas, lo que ha permitido reorientar el interés hacia el valor investigativo del fenómeno.
El acercamiento de abril de 2029 se ha convertido, en cambio, en una oportunidad científica de primer orden. De acuerdo con la ESA, la intensa gravedad terrestre modificará la órbita de Apophis alrededor del Sol, alterará su velocidad de rotación y podría provocar deslizamientos de material e incluso movimientos leves en su superficie. Como resultado de ese encuentro gravitacional, el asteroide dejará de pertenecer al grupo de los Aten y pasará a integrar el grupo Apolo, una reclasificación que ilustra el efecto físico que un planeta puede ejercer sobre un cuerpo celeste de ese tamaño.
Para documentar ese proceso, la Agencia Espacial Europea enviará la misión Ramses, que acompañará al asteroide antes, durante y después de su paso cercano por la Tierra. El objetivo, según la propia agencia, es estudiar cómo la gravedad terrestre modifica la estructura y la superficie del objeto. En paralelo, la NASA empleará la misión OSIRIS-APEX para analizar el material que podría quedar expuesto tras el acercamiento. Los datos obtenidos por ambas expediciones, según las agencias, permitirán comprender mejor el comportamiento de estos cuerpos celestes y mejorar la preparación internacional ante posibles amenazas espaciales.
Por qué importan los asteroides
Los cuerpos como Apophis no son solo objeto de curiosidad astronómica. Para la comunidad científica representan una fuente de información sobre el origen del sistema solar, pues conservan materiales prácticamente inalterados desde su formación, hace miles de millones de años. El análisis de ese material permite reconstruir parte de la historia del entorno donde se formó la Tierra, un conocimiento difícil de obtener por otras vías. Por ese motivo, distintas agencias espaciales han impulsado misiones para estudiar estos objetos e, incluso, recoger muestras de su superficie.
El caso de Apophis se enmarca en el desarrollo de la defensa planetaria, un campo que ganó relevancia internacional con episodios como la misión DART de la NASA, que en 2022 modificó deliberadamente la trayectoria de un asteroide menor para probar tecnologías de desvío. La combinación de observación astronómica, cálculo orbital y misiones espaciales conforma hoy el sistema con el que distintas agencias monitorean miles de objetos cercanos a la Tierra clasificados como potencialmente peligrosos.
El sobrevuelo de 2029 no implica riesgo para la infraestructura satelital ni para la población. La distancia de 32.000 kilómetros, aunque menor que la de la órbita geoestacionaria en la que operan satélites de comunicaciones y meteorología, no representa un cruce de trayectorias, ya que Apophis no permanecerá en esa franja sino que continuará su desplazamiento orbital alrededor del Sol.
En Colombia, el seguimiento de estos fenómenos se canaliza a través de observatorios universitarios y de la comunidad de astrónomos aficionados, cuya visibilidad ha crecido con la difusión de eventos como lluvias de meteoros o eclipses. El país no cuenta con una agencia espacial con capacidad de seguimiento orbital propio, por lo que la información generada por la NASA y la ESA suele ser retransmitida y explicada por instituciones académicas locales durante los acercamientos relevantes.
De cara a los próximos años, las misiones Ramses y OSIRIS-APEX deberán posicionarse con antelación suficiente para captar el momento exacto del acercamiento, previsto para el 13 de abril de 2029. Los datos que ambas expediciones recojan permitirán, según las agencias, perfeccionar los modelos de predicción orbital y fortalecer los protocolos internacionales de defensa planetaria, un campo en el que la cooperación entre agencias espaciales de distintos países se ha vuelto cada vez más estrecha.
