La historia que Millán comparte no es la de un éxito repentino, sino la de una rutina sostenida durante años antes de cualquier reconocimiento público. Dijo que acudía ocasionalmente a bailar, pero que evitaba el alcohol porque su prioridad seguía siendo el trabajo con los animales.
«Mis amigos salían de la discoteca en la madrugada y yo ya estaba caminando perros», relató César Millán a Noticias Telemundo sobre su adolescencia dedicada al cuidado de perros.
A los 21 años, Millán dejó Mazatlán rumbo a Tijuana con la intención de cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Pagó 100 dólares a un guía y, tras varios intentos, logró entrar en el país y llegó a San Diego, según su propio relato. Aquel episodio, situado a comienzos de los años noventa, coincidió con un periodo de flujos migratorios intensos entre México y el sur de California, una frontera que durante esa década concentró buena parte de los cruces indocumentados del continente.
Sus primeros años en Estados Unidos no estuvieron cerca del éxito televisivo que llegaría después. Millán encadenó trabajos temporales mientras intentaba abrirse paso en el oficio que conocía desde niño: el trato con perros de comportamiento difícil. Fue en las calles de Los Ángeles, a comienzos de la década de 1990, donde empezó a llamar la atención, paseando grupos numerosos de animales y atendiendo casos que otros rechazaban.
Esa visibilidad callejera le permitió ampliar su clientela hasta alcanzar a figuras como Oprah Winfrey y Jennifer Lopez. Jada Pinkett Smith tuvo un papel relevante en su trayectoria: le ayudó a encontrar un tutor de inglés, un idioma que Millán no dominaba al llegar al país y que resultaría decisivo para su posterior proyección mediática.
La filosofía que Millán desarrolló a lo largo de estos años se aparta de los métodos centrados exclusivamente en corregir al animal. El adiestrador sostiene que la convivencia entre humano y perro exige revisar primero la actitud del propietario, antes de intervenir sobre la conducta de la mascota. Defiende el ejercicio físico diario y la estimulación mental como pilares de un comportamiento equilibrado, y recomienda evitar las muestras de afecto cuando el animal atraviesa episodios de ansiedad o frustración, por considerar que ese gesto puede reforzar la conducta no deseada.
El salto a la televisión convirtió a Millán en una referencia internacional del adiestramiento canino, con programas que se emitieron en numerosos países y que popularizaron su método de trabajo. Sin embargo, su trayectoria no estuvo exenta de dificultades: en 2010 atravesó un divorcio y la pérdida de su perro Daddy, un ejemplar que lo había acompañado durante gran parte de su carrera y que se había convertido en una figura reconocible de sus programas.
De Sinaloa a los platós estadounidenses
Pese a ese periodo de dificultades personales y económicas, Millán retomó su actividad profesional y amplió sus proyectos en los años siguientes, consolidando una carrera que combina televisión, publicaciones y apariciones públicas centradas en el comportamiento animal. Su recorrido, desde un rancho en Sinaloa hasta los platós de televisión en Estados Unidos, ilustra un patrón migratorio compartido por numerosas trayectorias construidas tras una entrada irregular al país.
La frontera que cruzó a comienzos de los noventa concentra desde entonces buena parte del debate migratorio estadounidense, un asunto que ha vuelto al primer plano de la relación de Washington con sus vecinos y con otras potencias, como refleja la reciente decisión de la Casa Blanca de suspender las sanciones del Congreso a Rusia por «interés nacional». El caso de Millán, sin embargo, trascendió el ámbito del adiestramiento para convertirse en una referencia cultural asociada a la divulgación sobre comportamiento animal en el mundo hispanohablante y anglosajón.
El relato de Millán, construido en primera persona y difundido a través de una entrevista televisiva, se suma a un género de testimonios migratorios que combinan precariedad inicial y ascenso profesional posterior. Su caso particular se distingue por haber alcanzado una proyección mediática que lo situó como una de las caras más conocidas del adiestramiento canino en la televisión internacional.