La controversia se originó en la entrevista con Cambio, en la que Nieto Loaiza empleó la expresión bélica para referirse a su relación con el presidente electo. El senador había sido, además, la única voz del Centro Democrático que se opuso públicamente a que la posesión presidencial se realizara en una instalación militar, un cuestionamiento que él planteó pese a pertenecer a una colectividad que se declaró de gobierno tras el triunfo de De La Espriella en la segunda vuelta.
Esa doble disidencia generó extrañeza entre sus copartidarios. Según relata el material disponible, Nieto Loaiza tampoco había participado activamente en la campaña de Paloma Valencia, la candidata presidencial del Centro Democrático, y fue tras conocerse los resultados de la contienda cuando emprendió una serie de críticas contra el vencedor de la segunda vuelta.
El primero en marcar distancia fue el senador Hernán Cadavid, quien precisó que la única confrontación que libra el partido es contra la inseguridad y la pobreza en el país. "La única 'guerra' del Centro Democrático es contra la inseguridad y la pobreza en Colombia. Somos partido de Gobierno, sin renunciar a nuestro pensamiento, propuestas y agenda legislativa. Es lo que esperan los colombianos y nuestros electores", señaló el congresista.
El representante Jaime Arizabaleta fue igual de directo en su rechazo. "¿Cómo así que 'le vamos a ganar la guerra a Abelardo'? Nosotros no estamos en guerra con Abelardo; al revés, seremos partido de Gobierno y lo ayudaremos", escribió, en una respuesta que apuntaba a desmarcarse de la postura de su copartidario.
El senador Juan Espinal, por su parte, aclaró que en el Centro Democrático todas las posturas se respetan, pero que la de su colega no podía compartirla "de ninguna manera". Espinal defendió el rol de acompañamiento al gobierno entrante: "Nuestro partido se ha declarado partido de Gobierno, y nuestra responsabilidad es defender los valores democráticos y respaldar al presidente Abelardo De La Espriella para que Colombia avance". Y enumeró lo que, a su juicio, es la verdadera disputa pendiente: "Es urgente recuperar la seguridad, la salud, las finanzas públicas y garantizar que el país no se apague por la crisis energética. Esa es la verdadera guerra que debemos ganar".
El congresista vinculó ese diagnóstico con la gestión del gobierno saliente de Gustavo Petro. "Debemos enfrentar con toda la fuerza del Estado a los grupos criminales que, durante el gobierno de Petro, se fortalecieron y hoy amenazan la tranquilidad de los colombianos", agregó, en una intervención que sitúa la seguridad como prioridad de la relación entre el partido y el gobierno entrante.
El senador Andrés Forero, quien encabezó la lista del Centro Democrático al Senado, completó el cuadro de rechazos con un llamado a la cohesión frente al Pacto Histórico. "La guerra es contra el terrorismo, no contra un presidente con el que tenemos claras convergencias programáticas y al que el país necesita que le vaya bien", sostuvo, y advirtió sobre el riesgo de que "las estériles luchas intestinas" beneficien a una izquierda que describió como "unida y organizada", con un llamado a estar atentos de cara a los próximos comicios legislativos.
Horas después de conocerse el rechazo de sus colegas, Nieto Loaiza salió a matizar sus propias declaraciones y responsabilizó al portal Cambio de haber titulado la entrevista de una manera que, según él, indujo al error sobre el sentido de sus palabras. Con esas reacciones quedó en evidencia que la lectura de confrontación con el mandatario electo era, dentro del partido, exclusiva del senador.
Un partido que redefine su papel frente a un gobierno ajeno
El episodio se produce en un momento sensible para el Centro Democrático, que debe definir su rol frente a un gobierno que no surgió de sus propias filas pero con el que comparte buena parte de la agenda en materia de seguridad y orden público. La colectividad, fundada por Uribe Vélez tras dejar la Presidencia en 2010, ha oscilado históricamente entre la oposición frontal —como durante buena parte del gobierno de Juan Manuel Santos, por el proceso de paz con las FARC— y la condición de partido de gobierno, como ocurrió durante la administración de Iván Duque (2018-2022). El respaldo a un presidente que no es de sus filas, como De La Espriella, marca una variante inédita en esa trayectoria.
La discusión sobre si la posesión presidencial debía realizarse en una guarnición militar había abierto ya un debate sobre el simbolismo de la investidura. Los ritos de posesión presidencial en Colombia se han celebrado tradicionalmente en la Plaza de Bolívar, frente al Capitolio Nacional, sede del Congreso de la República, donde el mandatario jura ante las cámaras reunidas en pleno; cualquier variación de ese protocolo abre interrogantes sobre el mensaje institucional de la ceremonia.
El caso de Nieto Loaiza no es el primero en que un congresista del uribismo protagoniza fricciones públicas con la línea del partido; sin embargo, la respuesta coordinada de al menos cuatro congresistas en pocas horas apunta a que la colectividad busca evitar cualquier lectura de fractura interna justo en el arranque de la nueva administración. Ni la Casa de Nariño ni el equipo del presidente electo se pronunciaron formalmente sobre las declaraciones del senador.
El desenlace deja al Centro Democrático ante una primera prueba de cohesión como fuerza de gobierno. En las próximas semanas la colectividad deberá perfilar su bancada y su articulación con el Ejecutivo entrante de cara a debates de fondo como el Presupuesto General de la Nación, la crisis energética y la seguridad ciudadana, agendas en las que sus voceros han insistido en que buscarán convergencia con el nuevo gobierno antes que confrontación.
