Es el sexto hotel que la compañía pone en marcha bajo su modelo de recuperación de edificios históricos, una fórmula que combina la conservación patrimonial con servicios de alojamiento contemporáneo. La intervención ha mantenido la fachada plateresca del palacio y su relación con el entramado urbano de Peñaranda de Duero, una villa de calles empedradas y soportales situada en plena Ribera del Duero.
Las 80 habitaciones y suites se distribuyen con vistas a dos de los principales hitos monumentales del municipio: la Plaza de los Duques de Miranda y la Colegiata de Santa Ana. Según la cadena, el proyecto ha buscado preservar la identidad arquitectónica del inmueble en lugar de adaptarlo por completo a los estándares habituales de la hostelería, conservando las huellas del pasado en lugar de borrarlas.
«Con Palacio de Avellaneda devolvemos la vida a un edificio extraordinario, respetando su historia y conectándolo con la Ribera del Duero», ha explicado Roberto García, presidente y fundador de Castilla Termal.
El establecimiento incorpora un espacio de spa y bienestar construido en torno a un agua mineromedicinal y termal que, según la cadena, es única en la comarca. La oferta incluye un circuito de contrastes, piscina termal, piscina exterior y doce cabinas para tratamientos de bienestar y belleza.
La propuesta gastronómica se reparte entre dos espacios del propio palacio: el restaurante Los Zúñiga, situado bajo los arcos del claustro renacentista y centrado en carnes, verduras de huerta y recetas de tradición castellana, y el Gastrobar Condes de Miranda, de carácter más informal. Ambos se apoyan en la selección de vinos de la Denominación de Origen Ribera del Duero, una de las grandes referencias vitivinícolas del país, cuya comarca ofrece visitas a bodegas y catas.
Entre los puntos de interés del municipio figuran el Castillo, que domina la localidad desde una elevación, la Colegiata de Santa Ana y la fachada plateresca del propio Palacio de Avellaneda, testimonio de la importancia que tuvo esta villa durante el Renacimiento. A pocos kilómetros se encuentran el monasterio de Santa María de La Vid, uno de los conjuntos monásticos más destacados de la provincia, y Aranda de Duero, capital de la Ribera burgalesa, conocida por sus bodegas subterráneas.
La apertura coincide con el atractivo otoñal de la comarca, cuando los viñedos cambian de color y el paisaje castellano se tiñe de tonos ocres. La nueva oferta hotelera se suma a otros destinos del interior peninsular que, como recogió Castilla y León también gana peso por su cercanía a Madrid, siguen atrayendo visitantes desde la capital gracias a su cercanía y comunicaciones.
