El escritor construye en esa obra una galería de episodios históricos, situaciones de maltrato y recuerdos personales en los que el perro aparece como testigo o protagonista. La intención del libro no es solo narrativa: contrapone la lealtad, el coraje y la nobleza que atribuye a estos animales con conductas humanas que, a su juicio, no siempre alcanzan ese estándar. Pérez-Reverte detalla que durante la mitad de su vida convivió con perros y aprendió de ellos el amor, el desinterés y la lealtad.
El autor ha compaginado la ficción con una extensa trayectoria periodística que interrumpió como reportero en 1994, aunque mantiene su presencia en prensa como columnista, labor que ha confirmado que continuará en El Mundo. Esa doble condición de novelista y periodista atraviesa buena parte de su obra, donde la observación directa de comportamientos —humanos o animales— ocupa un lugar central, como ya mostró en títulos de ambientación histórica como El capitán Alatriste.
El concepto de «base segura»
La reflexión del autor encuentra cierto respaldo en la investigación académica sobre el vínculo entre perros y personas. Un estudio de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena observó que estos animales muestran mayor motivación para resolver una tarea cuando su dueño está presente, un comportamiento que algunos investigadores han descrito bajo el concepto de «base segura»: la presencia del humano actuaría como referencia de confianza que facilita la acción del animal.
Otros trabajos han explorado la relación entre la convivencia con animales de compañía y el aislamiento social, con resultados más heterogéneos. Una revisión sistemática de 24 estudios encontró indicios de menor aislamiento social entre algunos adultos que conviven con mascotas, si bien los hallazgos sobre la soledad propiamente dicha resultaron bastante más dispersos y menos concluyentes que los referidos al comportamiento animal.
La ciencia, por tanto, no corrobora de forma unánime que convivir con un perro haga más feliz a una persona, pero tampoco contradice de plano la intuición que plantea Pérez-Reverte: que existe un vínculo específico, difícil de medir, entre el cuidado de un animal y determinadas formas de bienestar emocional humano.
Más allá del debate científico, la reflexión del novelista insiste en una idea que atraviesa toda la obra: la imposibilidad de comprender ciertos vínculos sin haberlos vivido en primera persona. Esa lógica de la experiencia frente al juicio abstracto conecta con otros debates culturales recientes, como el que plantea un análisis de 10.000 películas que desmonta el mito del crítico desconectado del público, donde también se cuestiona la distancia entre la valoración teórica y la vivencia real.
Con «Perros e hijos de perra», publicado en 2014, Pérez-Reverte firmó una de sus incursiones más personales en un terreno alejado de la novela histórica que lo consagró, apelando a una lealtad que, según sostiene, solo se entiende desde la convivencia directa con el animal.