«Ni una sola vez he tenido tiempo de preguntarme: ¿Son mis canciones literatura?», escribió Dylan en el texto leído aquella noche, según recogió la Fundación Nobel. El músico, entonces de 75 años, explicó que la noticia del galardón le llegó durante una gira y que su primera reacción fue pensar en William Shakespeare.
Dylan sostuvo que el dramaturgo isabelino se veía a sí mismo como autor de teatro, con textos pensados para representarse y no para leerse como literatura. A su juicio, mientras escribía Hamlet, Shakespeare se preocupaba de cuestiones prácticas: qué actores contratar, si había financiación suficiente o dónde conseguir una calavera humana para la escena del sepulturero.
«Apostaría a que lo más alejado de la mente de Shakespeare era la pregunta '¿Esto es literatura?'», escribió Bob Dylan en el discurso leído en el banquete del Nobel de 2016.
El cantautor estadounidense se reconoció en esa misma lógica: dijo vivir ocupado en decisiones prácticas de su oficio, como elegir a los músicos de su banda, el estudio de grabación o el tono de una canción, más que en interrogantes sobre el estatuto literario de su trabajo. «Algunas cosas nunca cambian, ni siquiera en 400 años», apuntó, según el texto difundido por la Fundación Nobel.
En el mismo discurso, Dylan recordó que de adolescente sus aspiraciones eran modestas: imaginaba sus canciones sonando en cafés, bares y, como mucho, en salas como el Carnegie Hall de Nueva York. Grabar un disco y escucharlo en la radio era, dijo, «el gran premio» al que podía aspirar entonces. También comparó la experiencia de tocar ante grandes y pequeños públicos: había actuado para 50.000 personas y para 50, y aseguró que lo segundo resulta más difícil porque cada espectador percibe las cosas con mayor claridad. «No se me escapa el hecho de que el comité del Nobel sea tan pequeño», añadió, en referencia a los miembros de la Academia Sueca que deciden el galardón.
La ausencia de Dylan y sus reticencias ante el premio alimentaron la polémica abierta cuando la Academia Sueca concedió en 2016 su primer Nobel de Literatura a un músico, una decisión que reavivó el viejo debate sobre las fronteras del género, recurrente desde que el reconocimiento se instituyó en 1901. Él mismo volvió sobre el asunto meses más tarde, el 5 de junio de 2017, en la conferencia Nobel que completaba las obligaciones del premio.
La conferencia Nobel de junio de 2017
En esa grabación de audio, Dylan relató que había visto en directo a Buddy Holly pocos días antes de la muerte del músico y que después alguien le regaló un disco de Leadbelly con la canción «Cottonfields», que lo acercó al folk. Repasó además tres lecturas escolares que, según dijo, marcaron sus letras: Moby Dick, Sin novedad en el frente y la Odisea.
La conferencia cerraba retomando la idea expuesta en el banquete de Estocolmo: para Dylan, las canciones se diferencian de la literatura porque están hechas para cantarse, del mismo modo que las palabras de Shakespeare estaban pensadas para representarse sobre un escenario y no para leerse en un libro. La tensión entre la crítica y la recepción popular de la obra artística recorre también un análisis de 10.000 películas que desmonta el mito del crítico desconectado del público.
Nacido el 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, Dylan se trasladó a Nueva York en 1961 para actuar en los clubes de folk de Greenwich Village y publicó su primer disco, Bob Dylan, al año siguiente. En 2004 llegó su autobiografía, Crónicas. Desde finales de los años ochenta no ha dejado de salir de gira, con más de 3.000 conciertos en las dos décadas previas al Nobel, un dato que explica por qué, según su propio relato, el aviso de la Academia Sueca le llegó mientras estaba de viaje.
