El documento publicado esta mañana por la Comisión ajusta el crecimiento del PIB español previsto al 2,6%, dos décimas por encima de la estimación del invierno. Es una buena noticia en términos absolutos, porque convierte a España —una vez más— en la gran economía de la eurozona que más crece. Alemania apenas logrará avanzar un 0,4%. Francia se queda en el 0,9%. Italia, en el 1,1%. Bruselas subraya, además, que el efecto de la dana del año pasado se ha absorbido más rápido de lo previsto.
La segunda clave del informe es la recaudación fiscal. España va a ingresar este año casi 18.000 millones más de los presupuestados, gracias a una combinación de tres factores: un mercado laboral que sigue creciendo por encima de la media europea, un aumento del consumo interno superior al esperado y —este es el dato menos comentado— una mejor recaudación del impuesto sobre sociedades, impulsada por los márgenes del sector bancario y las eléctricas.
Pero la alarma aparece en el tercer capítulo del documento, el dedicado a 'riesgos externos'. Allí, la Comisión dedica dos páginas enteras al impacto potencial de la nueva política arancelaria de Estados Unidos. La cifra que manejan los técnicos europeos es contundente: una escalada arancelaria prolongada podría restar hasta 0,8 puntos de PIB a España en doce meses, lo que dejaría el crecimiento en un anémico 1,8%. Si Trump cumple sus amenazas sobre el sector agroalimentario —vino, aceite, jamón—, el golpe sería particularmente duro para Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura.
Hay una anomalía curiosa que no se suele señalar en los grandes titulares. España, a diferencia de Alemania o Francia, tiene una exposición comercial a Estados Unidos relativamente pequeña (alrededor del 4,5% de sus exportaciones totales). Eso la hace, en términos estrictos, menos vulnerable al proteccionismo norteamericano. Pero, por efecto indirecto —a través de las cadenas de suministro europeas—, el impacto podría ser incluso superior al directo. Es lo que los economistas llaman 'vulnerabilidad de segunda vuelta'.
El informe incluye, además, una recomendación explícita al Gobierno español: aprovechar el mejor escenario fiscal para reducir deuda pública en lugar de ampliar gasto corriente. La Comisión considera que la deuda sobre PIB, que todavía supera el 100%, es el principal lastre estructural de la economía española. Bruselas, con buen humor técnico, recuerda que los vecinos del norte llevan años haciendo lo contrario con peores cifras.
Políticamente, el documento cae como guisante en aceite. Moncloa lo recibe como un espaldarazo al modelo económico de la legislatura. El PP, por el contrario, lo lee del revés: 'Crecemos a pesar del Gobierno, no gracias al Gobierno', ha dicho el vicesecretario económico de los populares. Y Vox, fiel a su guion, deniega validez al informe aludiendo al 'sesgo globalista' de Bruselas. Cada cual selecciona los párrafos que le convienen.
Al mercado, sin embargo, le ha gustado. El Ibex 35, que ya subía con fuerza por la tregua arancelaria, ha añadido puntos extras tras conocerse el informe. Los bonos españoles a diez años han recortado la prima de riesgo a 67 puntos básicos, la cifra más baja desde 2021. La reacción confirma algo que los analistas ya venían diciendo: España se está beneficiando del 'vuelo a la calma' dentro de la propia eurozona, porque su perfil de crecimiento es visto como predecible.
En resumen, Bruselas dice tres cosas: uno, España va bien; dos, podría ir aún mejor si no fuera por Washington; tres, debería aprovechar el momento dulce para apretar el cinturón. La pregunta, ahora, es si el Gobierno será capaz de hacer esto último en un año en el que hay elecciones andaluzas en mayo y presupuestos pendientes en otoño.

