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Los embalses del Guadiana alcanzan el 76,6% de capacidad en agosto

La cuenca del suroeste peninsular casi duplica la media de la última década para estas fechas tras un invierno de borrascas, después de los mínimos de 2022 y 2023.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Los embalses de la cuenca del Guadiana almacenaban en la primera semana de agosto de 2026 un total de 7.305 hectómetros cúbicos de agua, equivalentes al 76,6% de su capacidad total, según los datos de seguimiento del sistema de embalses.

El contraste con los veranos recientes es marcado. En 2022 y 2023, la cuenca del Guadiana llegó a caer a niveles de entre el 24% y el 40% de su capacidad, en plena crisis de sequía que afectó a buena parte del sur y suroeste de la Península Ibérica. Aquellos mínimos obligaron a restricciones de riego y generaron tensión entre comunidades de regantes, ayuntamientos y administraciones hidráulicas en Extremadura y Castilla-La Mancha.

El cambio de tendencia se explica, según los datos disponibles, por una sucesión inusualmente intensa de borrascas que afectó a la Península a principios de 2026. Durante los meses de invierno y primavera, la cuenca registró incrementos de reserva superiores al 35% en cuestión de semanas, un ritmo de recuperación que rara vez se observa en los registros históricos.

El nivel actual no solo bate la media decenal propia de la cuenca, también supera en 15,8 puntos porcentuales la media nacional de embalses correspondiente a la última década, situada en el 53,8%. En términos absolutos, la reserva actual multiplica por 1,75 el volumen medio almacenado en estas fechas durante los últimos diez años, con una diferencia neta de 3.132 hectómetros cúbicos.

Un río con cuatro funciones estratégicas

El Guadiana es el cuarto río más largo de España y su gestión condiciona directamente la actividad agrícola, el abastecimiento de agua potable y la conservación de espacios naturales protegidos en todo el suroeste peninsular. Su cuenca sostiene el Plan Badajoz y las Vegas del Guadiana, una de las zonas de mayor producción de cereales, frutas y hortalizas del país, y alberga el embalse de La Serena, el mayor de España y el tercero de Europa por capacidad, concebido precisamente para amortiguar periodos prolongados de sequía.

El río actúa además como frontera natural entre España y Portugal en un tramo de más de 100 kilómetros conocido históricamente como La Raya. Esa condición fronteriza obliga a ambos países a coordinar la gestión del recurso hídrico bajo el Convenio de Albufeira, firmado en 1998, que regula los caudales ecológicos mínimos y el reparto del aprovechamiento hidroeléctrico en infraestructuras compartidas como la presa de Alqueva, el mayor embalse de Europa Occidental por superficie de lámina de agua.

La cuenca sostiene también ecosistemas de relevancia europea. Sus aguas alimentan el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en Ciudad Real, un humedal de tablas fluviales que constituye un punto de paso crítico para aves migratorias, y su desembocadura en el Atlántico da forma a las marismas de Isla Cristina, en Huelva, y al Sapal de Castro Marim, en el Algarve portugués, ambos espacios protegidos de alto valor pesquero y ecológico.

La cuenca convive, sin embargo, con la sobreexplotación histórica del Acuífero 23, uno de los más presionados de España por el regadío intensivo, lo que ha generado episodios recurrentes de estrés hídrico en las cabeceras del río al margen de la pluviometría anual. El propio cauce presenta fenómenos geológicos singulares, como los llamados «Ojos del Guadiana», tramos en los que el río se infiltra bajo tierra y reaparece kilómetros más adelante.

El episodio actual se inscribe en una dinámica de alternancia hidrológica frecuente en la mitad sur peninsular: ciclos de sequía prolongada seguidos de repuntes abruptos vinculados a borrascas atlánticas especialmente intensas. La Agencia Estatal de Meteorología ha documentado en balances climáticos anteriores un aumento de la variabilidad interanual de las precipitaciones en el sur de la Península, un patrón que diversos análisis asocian al cambio climático, aunque la atribución de episodios concretos requiere estudios más detallados que exceden el balance hidrológico semanal.

La gestión ordinaria de estas reservas corresponde a la Confederación Hidrográfica del Guadiana, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, que publica boletines técnicos semanales de seguimiento de embalses. Esos boletines sirven de base a las decisiones sobre dotaciones de riego para la campaña agrícola, que se adoptan en las juntas de explotación de cada sistema en función de la evolución de las reservas a lo largo del año hidrológico, computado en España entre octubre y septiembre.

Para las comunidades de regantes de Extremadura, que en los peores años de sequía vieron reducidas drásticamente sus asignaciones de agua para cultivos como el arroz, el maíz o el tomate de industria, la recuperación de reservas abre la puerta a una campaña de riego sin las restricciones severas aplicadas en 2022 y 2023. Las decisiones definitivas sobre dotaciones, no obstante, dependerán de la evolución de las reservas durante el resto del año hidrológico.

La situación del Guadiana contrasta con las asimetrías territoriales del agua en España: las cuencas mediterráneas, como el Segura o el Júcar, suelen registrar niveles estructuralmente más bajos que las atlánticas, condicionadas por patrones de precipitación distintos y una demanda agrícola e industrial más intensa. El 53,8% de media nacional decenal ilustra esa distancia con el 76,6% que exhibe ahora el Guadiana.

De cara a los próximos meses, el indicador a vigilar será la evolución de las reservas durante el otoño, cuando arranque un nuevo año hidrológico y se conozcan las primeras previsiones estacionales de precipitación para el invierno de 2026-2027. Si las lluvias vuelven a ser generosas, la cuenca podría consolidar una holgura que no registraba desde hacía más de un lustro; si el ciclo se revierte, la memoria de 2022 y 2023 recuerda con qué rapidez una cuenca puede pasar del desahogo a la alarma hídrica.

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