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La sequía agrava la mortandad de anguilas en ríos valencianos sin frenar su pesca

La anguila europea, en peligro crítico según la UICN desde 2008, sigue fuera del catálogo español de especies amenazadas y continúa sujeta a pesca regulada.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Los ríos Canyoles y Albaida, en la comarca valenciana de la Costera, han registrado en los últimos años episodios de alta mortalidad de anguilas a causa de la sequía estival, según el seguimiento sobre el terreno del colectivo Acció Ecologista-Agró, que ha alertado esta semana de la situación.

Agró ha alertado de la situación de la anguila en dos de los principales cursos fluviales de la Costera, donde —según sus observaciones— la especie ha mantenido históricamente poblaciones estables. El problema se agrava en verano, cuando la falta de caudal fragmenta el río en tramos discontinuos que dejan a los ejemplares atrapados en pozas, sin posibilidad de desplazarse hacia zonas con más oxígeno o temperaturas más bajas. La consecuencia directa es la muerte por asfixia o por estrés térmico, al subir la temperatura del agua y caer su nivel de oxígeno disuelto a medida que las charcas pierden conexión con el resto del cauce.

El colectivo ha reclamado a las administraciones competentes que garanticen un caudal ecológico mínimo durante los meses de mayor estrés hídrico, una medida que, sostiene, evitaría el aislamiento de los peces en tramos sin salida. La gestión del caudal en estos ríos corresponde a las confederaciones hidrográficas y a la propia Comunidad Valenciana, de modo que la respuesta a estos episodios depende de decisiones administrativas de reparto del agua en periodos de escasez.

Una especie sin protección legal pese al desplome de la población

La paradoja de fondo es normativa. La anguila europea (Anguilla anguilla) no está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, el instrumento que en España determina qué fauna queda protegida frente a la captura, regulado por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. Su ausencia de ese listado implica que la pesca de la especie —incluida la de angula, la cría del pez— sigue siendo legal en la Comunidad Valenciana y otras autonomías, sujeta a cupos y periodos de veda que fija cada comunidad autónoma.

Esa situación administrativa contrasta con la valoración científica internacional. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasificó en 2008 a la anguila europea como especie «en peligro crítico de extinción», la categoría de mayor riesgo antes de la extinción en estado salvaje. Los estudios calculan que la población ha caído más de un 90% respecto a los niveles registrados en la década de 1970, un desplome que sitúa a la anguila entre los peces migratorios más amenazados del continente.

El Ministerio para la Transición Ecológica ha intentado en varias ocasiones incorporar la especie al catálogo nacional de fauna amenazada, un paso que obligaría a prohibir su captura. Esa propuesta se ha encontrado con el rechazo de varias comunidades autónomas, entre ellas la valenciana, que consideran el fuerte impacto económico y cultural que tendría la prohibición en zonas donde la pesca de la anguila forma parte de la tradición, especialmente en el entorno de la Albufera y otros humedales mediterráneos.

La última reunión entre el ministerio y las autonomías concluyó con el acuerdo de crear un grupo de trabajo encargado de diseñar un plan estratégico conjunto para la anguila y otras especies migratorias en situación similar, como el salmón o el esturión. El debate sobre la protección legal de la especie queda, por tanto, aplazado a las conclusiones de ese grupo, sin que se haya fijado un calendario público de resolución.

Barreras fluviales, eutrofización y tráfico de angula

Más allá de la sequía, los investigadores apuntan a la fragmentación de los ríos como uno de los factores estructurales que más ha lastrado la recuperación. Presas, azudes y otras infraestructuras hidráulicas interrumpen el ciclo migratorio de un pez que necesita moverse entre el agua dulce y el mar para reproducirse, un viaje que culmina en el mar de los Sargazos, en el Atlántico occidental, donde la especie desova. Esas barreras bloquean total o parcialmente el recorrido, tanto en la subida de las angulas hacia los ríos como en la bajada de los adultos de vuelta al océano.

A este obstáculo físico se suma el deterioro de la calidad del agua en algunos sistemas fluviales y humedales valencianos, donde el exceso de nutrientes de origen agrícola favorece episodios de eutrofización. La proliferación de algas que consume el oxígeno disponible genera condiciones adversas no solo para la anguila, sino para buena parte de la fauna piscícola de esos ecosistemas.

La presión pesquera sobre la angula añade una tercera variable. La cría de la anguila mantiene un elevado valor económico en los mercados europeo y asiático, lo que ha impulsado tanto una pesca legal regulada como un mercado ilegal de exportación hacia Asia. La Unión Europea reconoce el tráfico de angula como uno de los delitos de comercio ilegal de fauna más relevantes en su territorio.

El precedente más cercano de gestión de una especie migratoria en situación crítica es el del atún rojo del Mediterráneo, cuya recuperación se logró a partir de la fijación de cupos de captura por la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), un modelo de coordinación internacional que se plantea como referencia para especies que atraviesan aguas de múltiples países.

El desenlace del debate sobre la protección de la anguila en España dependerá del trabajo que desarrolle el grupo técnico acordado entre el ministerio y las autonomías, sin que por ahora exista un plazo público para presentar conclusiones. Mientras ese proceso avanza, los episodios de mortandad ligados a la sequía estival —como los detectados en el Canyoles y el Albaida— seguirán dependiendo de las decisiones de gestión del caudal de las confederaciones hidrográficas y las comunidades autónomas.

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