El fenómeno responde a una lógica financiera que, según los actores del sector, las empresas colombianas han empezado a interiorizar con mayor rigor: un activo detenido no solo ocupa espacio, sino que deja de generar valor mientras acumula costos. Martha Gómez, gerente general de Subastas & Comercio, sostuvo que la conversación corporativa pasó de dónde almacenar los excedentes a cómo convertirlos en liquidez. “Hoy, las empresas entendieron que un activo detenido no es simplemente un problema de almacenamiento, sino que se convierte en capital que deja de producir valor todos los días”, afirmó.
La renovación de maquinaria, la actualización tecnológica, el cierre de proyectos y la modernización de flotas de transporte generan de manera constante bienes que quedan inmovilizados durante periodos prolongados en bodegas, patios o instalaciones industriales. De acuerdo con estimaciones de la compañía, mantener este tipo de activos sin uso puede representar un impacto financiero de entre el 25 % y el 30 % de su valor por año, cifra que incluye costos de almacenamiento, vigilancia, seguros, impuestos, depreciación contable, obsolescencia tecnológica y costo de oportunidad.
Ese porcentaje, según la firma, equivaldría a que una máquina o un vehículo pierda hasta cerca de una tercera parte de su valor comercial por permanecer detenido durante doce meses, sin contar el costo de no haber reinvertido ese capital en otra línea de negocio. Es esa ecuación la que, de acuerdo con Subastas & Comercio, ha llevado a un número creciente de compañías a optar por la venta antes que por el almacenamiento prolongado.
Durante el primer semestre de 2026, Subastas & Comercio adjudicó más de 5.700 lotes que incluyen maquinaria pesada, vehículos, equipos industriales, materiales sobrantes, chatarra y activos tecnológicos. El valor total comercializado por la firma aumentó alrededor del 30 % entre el primer y el segundo trimestre del año, un ritmo que la compañía atribuye a la mayor sofisticación de los procesos de subasta y a la presión financiera que enfrentan las empresas para liberar capital de trabajo.
La dinámica involucra a sectores como hidrocarburos, energía, infraestructura, construcción, telecomunicaciones, manufactura, logística, servicios públicos, seguros y agroindustria, todos ellos caracterizados por ciclos de inversión intensivos en capital fijo y por una renovación periódica de sus flotas y equipos. En la práctica, un activo que una empresa petrolera o de energía da de baja puede encontrar una segunda vida útil en una cadena productiva distinta, muchas veces de menor escala.
Gómez defendió que la subasta resuelve uno de los mayores retos al desprenderse de un activo: determinar su verdadero valor de mercado. “Cuando múltiples compradores compiten por un mismo bien, la empresa no solo vende más rápido, sino que recupera un mayor valor y convierte un costo permanente en liquidez inmediata”, agregó. Con ese mecanismo, lo que durante años fue tratado como un costo permanente —el mantenimiento de inventarios ociosos— pasaría a ser, según la compañía, una fuente de liquidez inmediata.
Un instrumento estadístico en construcción
La Cuenta de Economía Circular del DANE busca medir el peso de las actividades de reciclaje, reparación y reaprovechamiento de bienes dentro de la economía nacional. Se trata de un instrumento estadístico relativamente reciente, y sus cifras preliminares deben leerse con la cautela propia de mediciones aún en proceso de consolidación: el organismo no ha publicado todavía series históricas extensas que permitan comparar con precisión la evolución del sector a lo largo de varios años.
El interés por la economía circular en el país no es enteramente nuevo. Desde la formulación de la Estrategia Nacional de Economía Circular, presentada en 2019 por el entonces Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible junto con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Colombia ha buscado incentivar modelos productivos que reduzcan la extracción de materias primas vírgenes y prolonguen la vida útil de los bienes ya fabricados, en línea con compromisos internacionales de gestión de residuos y reducción de emisiones.
El mercado de subastas industriales y de activos usados convive en Colombia con canales más tradicionales de disposición de excedentes, como la venta directa a chatarrerías, la exportación de maquinaria usada o la donación con fines de deducción tributaria. Estos mecanismos, en muchos casos, ofrecen menor liquidez inmediata que un proceso competitivo de puja abierta entre compradores interesados.
Para las empresas de hidrocarburos y energía, sometidas a ciclos de inversión que dependen en buena medida de los precios internacionales del petróleo y del gas, la posibilidad de monetizar rápidamente activos fuera de operación adquiere una relevancia adicional en momentos de ajuste presupuestal, cuando liberar capital de trabajo se vuelve una prioridad de corto plazo para sostener otras líneas de negocio.
De cara a lo que resta de 2026, el comportamiento de este mercado dependerá de la evolución de la inversión industrial en el país y de si el DANE consolida y amplía la publicación de la Cuenta de Economía Circular con series comparables que permitan a analistas y hacedores de política pública dimensionar con mayor precisión el peso real de estas actividades dentro del producto interno bruto nacional.
