El desastre, ocurrido hace casi un mes, golpeó con especial dureza al estado La Guaira, en el litoral central venezolano, donde se concentra la mayor parte de las víctimas y de los daños materiales. La magnitud del fenómeno obligó a activar protocolos de emergencia, incluida una alerta de tsunami que finalmente no se materializó, pero que llevó a numerosas familias a huir hacia zonas altas en las primeras horas.
Entre el público que asistió al estadio en Valencia estaba Lizmar Mejías, de 42 años, junto a su esposo Raymond Gosling, piloto, y sus dos hijos de 7 y 13 años. La familia, oriunda de Catia La Mar, en La Guaira, vio cómo su apartamento quedó en pie por fuera pero con las paredes internas colapsadas, y ahora vive en casa de un familiar en Valencia. "Fuimos afectados. Nuestro apartamento quedó en pie, pero internamente las paredes cedieron", relató Mejías. Su esposo agregó que tuvieron que huir hacia la montaña por la alerta de tsunami.
La pareja explicó que asistió al partido principalmente por sus hijos, que perdieron a varios compañeros de colegio en el sismo. "Ellos fueron muy afectados, fueron muchos amiguitos que lastimosamente fallecieron y esto para ellos es como una distracción que necesitamos, más que todo por salud mental para los chamos", dijo Mejías, quien reconoció cierta ambivalencia por acudir a un evento deportivo en medio del duelo colectivo. "No sé si me voy a sentir con remordimiento porque no es fácil por la gente. Las pérdidas que hemos tenido, amigos, familia", admitió.
El testimonio apunta a un sentimiento compartido por buena parte de los asistentes: la idea de que el deporte, sin dejar de ser secundario frente a la reconstrucción, cumple una función de cohesión en momentos de crisis. "Lo bueno del venezolano es que somos muy unidos. El desastre fue en La Guaira, pero Venezuela se unió con esto que nos sucedió a nosotros (.) Venezuela es una sola", concluyó Mejías, que vestía la camiseta de la selección nacional. Los jugadores, por su parte, desplegaron una pancarta con la frase "Hoy más que nunca seguimos juntos".
Eduardo Rodríguez, profesor de ciencias sociales de 39 años e hincha declarado del Carabobo y no de la UCV FC, acudió igualmente al estadio para respaldar al fútbol venezolano en su conjunto. "Es el primer evento después del terremoto y entendemos que, a pesar de todas las circunstancias, el apoyar el deporte en este nuevo comienzo después del terremoto es fundamental", afirmó. "Entendemos que no es una prioridad el fútbol, todas las actividades deportivas son propias de esa catarsis que necesita el venezolano para poder superar la tragedia", añadió.
Un club de luto por su promesa perdida
El regreso de la actividad internacional estuvo marcado por un homenaje central: el del volante Yimvert Berroterán, prodigio de la cantera de la UCV FC e internacional en la categoría sub-17, fallecido durante el terremoto. Antes del pitazo inicial, jugadores y aficionados guardaron un minuto de silencio por Berroterán y por el resto de las víctimas del desastre.
La semana previa al partido, el club celebró una ceremonia en la que retiró oficialmente de circulación el dorsal número 20, que llevaba el joven futbolista. Desde entonces, todas las camisetas del primer equipo lucen un pequeño número 20 como recordatorio permanente. El portero Giancarlo Schiavone reconoció el impacto emocional de la pérdida en el vestuario. "La verdad que es muy difícil también por nuestro compañero Yimvert, que bueno, lamentablemente no lo pudo lograr, fue un golpe muy fuerte, anímicamente también para el grupo. Los primeros días fueron bastante difíciles", dijo.
Schiavone añadió que el equipo salió a jugar con la memoria de su excompañero presente en cada acción. "Fue un golpe muy muy fuerte para la institución, nosotros siempre pedimos por él, jugamos con el corazón, pensando en él, y bueno también se puede ver el detalle que está en la camiseta, que es bien bonito, y siempre nos va a acompañar", manifestó el arquero.
En el terreno de juego, la diferencia de nivel con el conjunto brasileño resultó determinante. El Santos se impuso 4-1 en un partido en el que la UCV FC, según reconocieron sus propios jugadores, no pudo esconder el desgaste físico y emocional acumulado en las últimas semanas, en las que la prioridad de buena parte del plantel había sido más humana que deportiva. El club de la Universidad Central de Venezuela jugó en Valencia precisamente porque su estadio en Caracas resultó dañado por el sismo.
La reanudación de la competencia internacional se produce mientras Venezuela continúa en fase de evaluación de daños y de asistencia a los damnificados. El fútbol, en ese contexto, se plantea como una de las primeras señales de retorno a la actividad ordinaria, aunque no se ha comunicado un calendario definitivo para el resto de los compromisos continentales de los clubes del país.
No es la primera vez que el deporte sirve de válvula colectiva ante una catástrofe en la región. Tras el terremoto que devastó Armenia y el eje cafetero colombiano en enero de 1999, con miles de muertos, la reanudación paulatina de las actividades deportivas y culturales fue leída como parte del proceso de duelo y reconstrucción de las comunidades afectadas, un paralelo que ilustra el papel simbólico que hoy se le atribuye al regreso del fútbol en Venezuela.
La eliminación temprana de la UCV FC en la Copa Sudamericana, de confirmarse el resultado ante Santos como definitivo en la fase correspondiente, dejaría abierta la incógnita sobre la representación venezolana en el resto del torneo, en un momento en que varios estadios de Caracas permanecen bajo evaluación estructural tras el sismo.
El caso de la UCV FC, obligada a mudar su sede a Valencia por los daños en su cancha, ilustra el alcance material del desastre sobre la infraestructura deportiva venezolana, un aspecto que se suma a la crisis habitacional y de servicios básicos que enfrentan miles de familias desplazadas desde el litoral central hacia otras regiones del país. Los próximos pasos dependerán del avance en la evaluación de las instalaciones y de las decisiones que adopten las autoridades deportivas y los organismos continentales sobre la continuidad de los clubes venezolanos en las competencias en curso.
