El área declarada se ubica en la cuenca del río Tochecito, reconocida como Área Clave para la Biodiversidad (KBA, por su sigla en inglés), una categoría que identifica sitios de importancia mundial para la persistencia de especies y ecosistemas. Según explicó Parques Nacionales, el territorio alberga bosques andinos y altoandinos considerados fundamentales para la supervivencia de la palma de cera, cuya pérdida de hábitat y fragmentación han sido señaladas como las principales amenazas para la especie.
La palma de cera del Quindío fue declarada árbol nacional de Colombia mediante la Ley 61 de 1985, en un gesto que buscaba visibilizar la urgencia de su conservación tras décadas de tala para usos ornamentales y religiosos, particularmente durante las celebraciones de Semana Santa. Desde entonces, distintas normas y áreas protegidas —como el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya y el Parque Nacional Natural Los Nevados— se han sumado a los esfuerzos de conservación de la especie en la región cafetera y el eje cordillerano central.
Irene Vélez, quien ejerció como ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible en calidad de encargada, afirmó que la protección de los ecosistemas estratégicos del país constituye "una decisión de país" y que la creación del santuario es "una muestra de ese compromiso". Según Vélez, con la medida "protegemos un territorio que concentra el núcleo más importante de nuestro árbol nacional", al tiempo que se fortalece el Sistema de Parques Nacionales Naturales como "una apuesta del gobierno nacional por la vida, la biodiversidad y el cuidado de nuestro territorio".
Luisz Olmedo Martínez, director general de Parques Nacionales Naturales de Colombia, calificó la declaratoria como "un paso histórico para la conservación de la biodiversidad" en la región. Martínez sostuvo que la nueva área protegida fortalecerá los procesos de conectividad ecológica, cultural y de ordenamiento territorial en un paisaje que, según explicó, resulta esencial para cientos de miles de palmas de cera y para especies emblemáticas como el loro orejiamarillo, el oso andino y la danta de páramo.
Además de la palma de cera, el santuario conserva el hábitat de 259 especies de fauna, entre ellas 231 especies de aves, según el reporte de Parques Nacionales. Entre las especies amenazadas que dependen de estos bosques para alimentarse, refugiarse y reproducirse se encuentran el loro orejiamarillo, el perico paramuno, el oso andino, la danta de páramo y el loro coroniazul, todas con distintos grados de amenaza reconocidos por las autoridades ambientales colombianas.
Un corredor ecológico en la cordillera Central
La ubicación geográfica del nuevo santuario fortalece la conectividad ecológica de la cordillera Central, al articularse regionalmente con el Parque Nacional Natural Los Nevados, el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya y el Parque Nacional Natural Las Hermosas. A escala local, el área conforma un mosaico de conservación junto con el Distrito Regional de Manejo Integrado de la Cuenca Alta del Río Quindío, en Salento, y la Reserva Natural de la Sociedad Civil Santuario de Palma de Cera. Según Parques Nacionales, esa articulación permitirá impulsar procesos de restauración ecológica, acuerdos de conservación y una gestión integral del territorio que trascienda los límites administrativos de un único municipio o departamento.
El director de Parques Nacionales planteó también la posibilidad de articular en el territorio actividades económicas como el turismo de naturaleza, la bioeconomía y la agricultura, en lo que describió como una convivencia "en armonía con el entorno". La entidad no precisó un cronograma detallado para la implementación de los acuerdos de conservación ni el presupuesto específico asignado a la nueva área dentro del Presupuesto General de la Nación.
La declaratoria de nuevas áreas protegidas en Colombia se rige por la normativa del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap) y requiere estudios técnicos previos que sustenten el valor ecológico del territorio, además de procesos de socialización con las comunidades y autoridades locales. El país cuenta con uno de los sistemas de áreas protegidas más extensos de América Latina, que incluye parques nacionales naturales, santuarios de fauna y flora, reservas nacionales naturales y distritos de manejo integrado, entre otras categorías.
El Tolima, departamento donde se ubica el nuevo santuario, ya alberga otras figuras de protección ambiental vinculadas a los ecosistemas de alta montaña de la cordillera Central, una región históricamente relevante para la conservación de cuencas hidrográficas que abastecen a poblaciones del centro del país. La nueva área se suma a los esfuerzos previos en el corredor que conecta el Tolima con el Quindío y el Valle del Cauca, epicentro histórico de la conservación de la palma de cera en Colombia.
La palma de cera del Quindío puede alcanzar más de 60 metros de altura y es considerada la palma más alta del mundo, según registros citados históricamente por instituciones ambientales colombianas. Su crecimiento extremadamente lento y su dependencia de condiciones específicas de suelo y altitud —generalmente por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar— explican por qué su recuperación en zonas degradadas puede tomar varias décadas.
De cara a los próximos meses, Parques Nacionales deberá avanzar en la formulación del plan de manejo del santuario, el instrumento técnico que define las zonas de uso, las restricciones de actividades y las estrategias de conservación aplicables al territorio. Ese proceso, según la experiencia de otras áreas protegidas recientemente declaradas en el país, suele involucrar consultas con las comunidades campesinas e indígenas presentes en la zona, así como con las autoridades ambientales regionales, en un ejercicio que puede extenderse por varios años antes de su implementación plena.
