El nuevo puente, según detalló la Empresa Metro de Bogotá, tendrá una longitud de 160 metros y estará compuesto por tres luces: dos de 45,1 metros en los extremos y una central de 69,2 metros. La particularidad de la obra radica en su metodología constructiva, que permitirá levantar la estructura sin necesidad de instalar columnas intermedias sobre el corredor de la NQS, uno de los ejes viales con mayor flujo vehicular de la ciudad y corredor troncal del sistema TransMilenio.
Para lograrlo, la entidad explicó que se emplearán dos máquinas conocidas como "carros de avance", equipos especializados que permiten construir la estructura segmento por segmento, por dovelas sucesivas, sin apoyos en el suelo. La Empresa Metro sostuvo que esta metodología busca reducir el impacto sobre la movilidad existente, disminuir las afectaciones en el entorno urbano y limitar las interferencias con la operación de TransMilenio, que ya circula por ese corredor.
La construcción de este puente hace parte del viaducto de la primera línea del metro de Bogotá, que tendrá una extensión total de 23,9 kilómetros y que constituye el componente elevado del proyecto. Con corte al 31 de julio de 2026, la Empresa Metro de Bogotá reportó un avance del 81,25 % en la ejecución de la obra, cifra que da cuenta del estado adelantado de un proyecto que ha atravesado distintas administraciones distritales desde su concepción.
Los cambios en la movilidad del corredor
La intervención sobre la NQS se desarrollará en dos etapas diferenciadas para el tráfico mixto. En la primera, la Empresa Metro de Bogotá informó que se cerrará la isleta de la avenida NQS con calle 8 sur durante las 24 horas del día. En una segunda etapa, la afectación se concentrará en horario nocturno, entre las 11:00 p. m. y las 4:30 a. m., franja en la que se busca minimizar el impacto sobre los volúmenes de tráfico diurno.
Durante ese lapso nocturno, los vehículos que circulen en sentido sur-norte por la carrera 30 serán desviados a la altura de la calle 11A sur hacia el carril oriental de la calzada exclusiva. Los conductores deberán continuar por ese carril hasta la calle 1, punto en el que podrán reincorporarse a la calzada mixta oriental para retomar su recorrido habitual hacia el norte de la ciudad. La medida implica, en la práctica, que el tráfico particular comparta temporalmente infraestructura destinada al sistema de transporte masivo.
La Empresa Metro de Bogotá informó que, pese a las modificaciones para los vehículos, se garantizará en todo momento el paso de peatones y biciusuarios mediante senderos habilitados a lo largo del corredor intervenido. Esta previsión resulta relevante en un tramo con alta afluencia peatonal y de ciclistas, especialmente en las horas de mayor movimiento hacia zonas residenciales y comerciales del sur de la capital.
La avenida NQS —Norte Quito Sur— es uno de los ejes viales estructurantes de Bogotá, con un trazado que atraviesa la ciudad de sur a norte y que concentra buena parte del tráfico de carga y de transporte público troncal. Cualquier intervención sobre este corredor tiende a generar efectos sobre la movilidad de zonas aledañas, dado el volumen de vehículos particulares, de servicio público y de transporte masivo que confluyen allí a diario.
Un proyecto de larga gestación
La primera línea del metro de Bogotá es la obra de infraestructura de transporte de mayor escala emprendida por el Distrito Capital en las últimas décadas y ha sido objeto de debates técnicos y políticos desde que se definió su trazado, incluida la discusión sobre si el sistema debía ser elevado o subterráneo. Ese asunto marcó administraciones distritales anteriores y fue tema de campañas a la alcaldía de Bogotá. La decisión final, adoptada bajo el esquema de viaducto elevado, condiciona intervenciones como la de la NQS, que exigen adaptar la movilidad existente a la construcción de estructuras de gran tamaño en corredores ya congestionados.
En Colombia, las intervenciones viales de gran escala requieren planes de manejo de tránsito coordinados con la Secretaría Distrital de Movilidad, un procedimiento que suele implicar la socialización previa con la comunidad y con los gremios de transporte, además del acompañamiento de agentes de tránsito en los puntos de mayor afectación. Este marco ha regido cada frente de obra del metro, incluidos los que avanzan por la avenida Caracas y la calle 26.
Ciudadanos y transportadores han manifestado en el pasado inquietudes por los tiempos de desplazamiento durante la construcción del metro, particularmente en corredores como la NQS. La Empresa Metro de Bogotá ha sostenido que la elección de metodologías como la de dovelas sucesivas responde a la necesidad de reducir esos impactos, aunque ciertas afectaciones, como los cierres nocturnos, resultan inevitables mientras avanza el viaducto.
El proyecto de la primera línea se ejecuta bajo un esquema de cofinanciación entre el gobierno nacional, con recursos del Presupuesto General de la Nación, y el presupuesto distrital, dado el carácter estratégico de la obra para la movilidad de la capital y su área de influencia. El avance del 81,25 % reportado con corte a julio de 2026 sitúa al proyecto en una fase en la que restan tramos como el de la conexión sobre la NQS.
De cara a los próximos meses, la Empresa Metro de Bogotá deberá informar sobre eventuales ajustes en los horarios de cierre y en las rutas de desvío, a medida que avance la construcción de las tres luces del puente. La entidad no ha precisado una fecha de finalización para esta estructura, aunque los frentes de obra deberán culminar antes de que el sistema entre en operación, un hito que las autoridades distritales han proyectado para los próximos años.
