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Cabello acusa a sectores opositores de buscar sabotear el diálogo en Venezuela

El ministro venezolano sostuvo que hay actores que quieren hacer implosionar la mesa entre el Gobierno y la Asamblea Nacional de 2015 tras los terremotos de junio

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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El ministro para Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela y secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, acusó este lunes 17 de agosto en rueda de prensa en Caracas a sectores de la oposición venezolana de intentar sabotear las negociaciones que adelantan el Gobierno y la Asamblea Nacional constituida en 2015.

El pronunciamiento de Cabello se produjo horas después de que concluyera la primera jornada de la mesa de diálogo entre el Ejecutivo venezolano y el Parlamento opositor de 2015, un encuentro que el propio ministro calificó al señalar que dejó «los resultados esperados». La delegación oficialista está encabezada por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, mientras que la representación opositora la lidera Dinorah Figuera, quien asumió la presidencia de ese Parlamento en sustitución de Juan Guaidó.

Cabello afirmó que quienes cuestionan el proceso desde fuera «andan chillando» por no haber sido convocados a la mesa, y sostuvo que ha sido el Gobierno de Caracas el que, «históricamente», ha promovido los llamados al diálogo con la oposición. El ministro repasó ciclos de negociación anteriores, que según su propio recuento acabaron encallando sin resultados concretos para superar la crisis política e institucional que atraviesa Venezuela desde hace más de una década.

Según el relato oficial, la agenda de este primer encuentro giró en torno a dos ejes: la atención a las personas afectadas por los terremotos que sacudieron al país en junio de 2026 y la recuperación de reservas de oro y otros activos venezolanos retenidos en el exterior, entre ellos fondos depositados en el Banco de Inglaterra. Cabello reiteró la disposición del Gobierno a mantener abiertos los canales de negociación pese a las críticas.

Tras el primer ciclo de contactos, el Gobierno y la Asamblea Nacional de 2015 acordaron iniciar un proceso en favor de la transformación del sistema judicial del país y promover la recuperación de activos de reserva internacional. Rodríguez y Figuera suscribieron un cronograma que contempla el inicio, ya en agosto, de «anuncios oficiales y acciones concretas» bajo lo que definieron como un mecanismo de trabajo continuo para asegurar el cumplimiento estricto de cada compromiso.

El contexto político en el que se produce este diálogo es inédito en la historia reciente de Venezuela: la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ocupa el cargo desde enero de este año, cuando Nicolás Maduro fue detenido por EE. UU. en una operación militar. Rodríguez calificó el inicio de esta ronda de conversaciones como un «primer paso» que, dijo, puede «contribuir a construir un camino para la mejor convivencia democrática» entre los distintos sectores políticos del país.

Uno de los puntos más sensibles para la oposición sigue siendo la situación de los presos políticos. Figuera insistió en que la transición democrática debe ir acompañada de su liberación y reclamó claridad sobre las cifras oficiales, que —dijo— deben contrastarse con lo verificado por las organizaciones de derechos humanos que siguen el proceso. «Es una gran demanda nacional que salgan en libertad todos los presos políticos y que la misma sea plena», señaló en mensajes difundidos en redes sociales.

Un patrón de negociaciones sin desenlace

La fractura dentro de la oposición venezolana no es nueva. Desde hace años coexisten corrientes con posiciones divergentes sobre la conveniencia de negociar con el Gobierno de Caracas, una división que se agudizó tras sucesivos procesos de diálogo que no lograron traducirse en garantías electorales ni en una salida negociada estable a la crisis institucional. Los intentos de mediación en la década pasada —con escenarios que incluyeron a Noruega y a México como facilitadores— se interrumpieron sin acuerdos verificables, un antecedente que hoy alimenta el escepticismo de los sectores no representados en la mesa.

La pregunta que persiste entre las voces críticas es si esta nueva ronda romperá ese ciclo o si servirá para dar oxígeno político a las autoridades. El propio Cabello reconoció que anteriores procesos acabaron encallando, mientras que Delcy Rodríguez lo presentó como un avance hacia la convivencia democrática, dos lecturas que reflejan la distancia entre las partes sobre el alcance real de lo pactado.

Lo que está en juego para Colombia

Para Colombia, el desenlace de este proceso tiene una relevancia directa. La frontera común, de más de 2.200 kilómetros, ha sido en la última década escenario de uno de los mayores desplazamientos migratorios del hemisferio, con millones de venezolanos radicados en territorio colombiano. Cualquier avance o retroceso en la estabilidad institucional venezolana repercute de forma inmediata en los flujos migratorios y en la agenda bilateral que maneja la Cancillería colombiana.

El Gobierno colombiano ha mantenido una posición de acompañamiento a los esfuerzos de diálogo en Venezuela, a diferencia de episodios anteriores en los que Bogotá facilitó encuentros entre las partes. Hasta el momento la Cancillería no se ha pronunciado sobre las declaraciones de Cabello ni sobre el resultado de esta primera jornada de negociación.

Las próximas semanas serán determinantes para calibrar el alcance real de los compromisos anunciados. El cronograma pactado entre Rodríguez y Figuera prevé que los primeros anuncios concretos se materialicen dentro de este mes de agosto, un plazo ajustado que pondrá a prueba tanto la voluntad negociadora del Gobierno venezolano como la capacidad de la oposición representada en la mesa para sostener su legitimidad frente a los sectores que cuestionan el proceso desde fuera.

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