El trabajo de campo en el País Vasco se desarrolla en colaboración con un grupo de investigación de la Universidad del País Vasco (EHU), encargado de recoger las muestras que después se envían a los laboratorios de York para su análisis. Boxall estuvo en Vitoria a principios de septiembre supervisando parte de esa recogida, en un proyecto que amplía a escala continental un trabajo previo centrado en un único tipo de contaminante.
Boxall, químico de 58 años nacido en Wokingham (Reino Unido), coordinó en 2022 uno de los mayores estudios globales sobre contaminación de ríos por residuos farmacéuticos, una investigación que situó al Manzanares entre los cauces europeos con mayor presencia de restos de medicamentos en su agua. Aquel trabajo puso cifras a la llegada a los ecosistemas fluviales de antibióticos, analgésicos y otros compuestos que ni las depuradoras convencionales ni los procesos naturales logran eliminar por completo.
El nuevo proyecto amplía el foco más allá de los fármacos para abarcar el conjunto de sustancias químicas que llegan a los ríos europeos, desde restos industriales hasta productos de uso cotidiano. El muestreo en 93 puntos de 31 países lo convierte en una de las redes de monitorización fluvial más extensas puestas en marcha en el continente.
La cuestión de quién debe pagar la limpieza de los ríos ya tuvo respuesta normativa en Bruselas. La Unión Europea aprobó a comienzos de año una directiva que obliga a las farmacéuticas a asumir buena parte del coste de depurar los residuos de medicamentos presentes en las aguas residuales, trasladando a la industria una responsabilidad que hasta entonces recaía principalmente en los sistemas públicos de saneamiento.
Boxall lamentó el contraste entre el volumen de evidencia acumulada y la lentitud de la respuesta de administraciones y sector privado. El título de la entrevista recoge su diagnóstico: la comunidad científica sabe que los ríos están muy contaminados por sustancias químicas y le sorprende, dijo, que no se actúe en consecuencia.
La monitorización sistemática de contaminantes emergentes en ríos es un desarrollo relativamente reciente en Europa. Durante años la vigilancia se centró casi exclusivamente en parámetros clásicos —nitratos, fosfatos, metales pesados— regulados por la Directiva Marco del Agua de la UE, aprobada en el año 2000. Estudios como los de Boxall han obligado a ampliar el catálogo de sustancias objeto de seguimiento, incluyendo microplásticos, disruptores endocrinos y residuos farmacéuticos que las normativas anteriores no contemplaban de forma específica.
El equipo de York prevé que los resultados del muestreo permitan establecer comparativas entre cuencas de distintos países y detectar patrones de contaminación asociados a la densidad de población, el tipo de industria predominante o la capacidad de depuración de cada territorio. Los datos recogidos en Álava y Madrid se sumarán a un mapa continental todavía en construcción sobre el estado real de las aguas europeas.