El Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea rechazó sin debate formal la propuesta de España, Irlanda y Eslovenia de suspender el Acuerdo de Asociación con Israel, después de que Alemania e Italia bloquearan la iniciativa en el seno del órgano comunitario. La ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, justificó la posición de Berlín con el argumento de que la suspensión del acuerdo debilita los canales de diálogo con Tel Aviv. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, queda así aislado como portavoz de la posición más rupturista dentro de la UE en relación con la política del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sin lograr una masa crítica de aliados entre los Estados miembros.
El peso del bloqueo alemán e italiano
Que el veto a la propuesta proceda de Alemania e Italia no es un dato menor en la geometría de poder de la UE. Berlín es el principal contribuyente neto al presupuesto comunitario y ejerce una influencia determinante en la orientación de la política exterior europea, mientras que Roma aporta el peso demográfico y económico del tercer PIB de la eurozona. La conjunción de ambas capitales contra la iniciativa hispanoholandesa-eslovena resultó suficiente para impedir que la cuestión ni siquiera alcanzara la fase de deliberación formal en el Consejo, lo que evidencia la distancia que separa la propuesta española del centro de gravedad político de la Unión.
Qué es el Acuerdo de Asociación UE-Israel y por qué importa
El Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea e Israel, vigente desde 2000, regula las relaciones comerciales, políticas y de cooperación entre ambas partes en el marco de la Política Europea de Vecindad. Su suspensión requeriría una decisión del Consejo y supondría una ruptura sin precedentes en la historia de las relaciones Euro-mediterráneas, al afectar tanto al acceso preferencial de productos israelíes al mercado único como a los marcos de colaboración científica, cultural y diplomática. España, Irlanda y Eslovenia solicitaron activar esa palanca como mecanismo de presión sobre el Gobierno de Netanyahu, pero el procedimiento nunca llegó a debatirse formalmente.
La tesis de Baerbock: el diálogo frente a la ruptura
El argumento esgrimido por la ministra Baerbock refleja la doctrina tradicional de la diplomacia alemana con Israel, marcada históricamente por la responsabilidad que Berlín asume como consecuencia de la Shoah. Para Alemania, mantener abiertos los canales institucionales con Tel Aviv es en sí mismo un imperativo estratégico y moral, con independencia de las discrepancias sobre la conducción de operaciones militares. Esta posición es compartida, en distintos grados, por otros gobiernos centroeuropeos y nórdicos que consideran que la suspensión del acuerdo eliminaría precisamente el único instrumento de interlocución directa que la UE conserva con el Gobierno israelí.
España sin mayoría, pero con respaldo ciudadano
El aislamiento de Sánchez en el Consejo contrasta con la tracción que la causa ha generado en la sociedad civil europea. La Iniciativa Ciudadana Europea —mecanismo previsto en el artículo 11 del Tratado de la Unión Europea que permite a los ciudadanos solicitar a la Comisión que legisle sobre una materia si se alcanzan un millón de firmas en al menos siete Estados miembros— ha superado ese umbral en relación con la presión a Israel. El dato indica que existe una base social transversal en Europa receptiva al enfoque rupturista, aunque esa presión ciudadana no se haya traducido en una mayoría entre los gobiernos que componen el Consejo.
La geometría de las alianzas europeas
La posición de España no es marginal en términos absolutos: Irlanda y Eslovenia son socios formales de la iniciativa, y otros gobiernos han expresado en distintos foros posiciones críticas con la política de Netanyahu. Sin embargo, la arquitectura de toma de decisiones en materia de política exterior de la UE exige unanimidad en el Consejo, lo que convierte cualquier veto —y con mayor razón el de Alemania e Italia simultáneamente— en un bloqueo definitivo. Sánchez carece, por tanto, no solo de una mayoría cualificada, sino de la base mínima para forzar siquiera una deliberación formal sobre la propuesta.
Precedentes de suspensión de acuerdos de asociación
La UE ha suspendido o congelado acuerdos de asociación en contadas ocasiones a lo largo de su historia, y en ningún caso con un socio del nivel de integración económica e institucional que Israel mantiene con el bloque. Los casos más próximos en el tiempo afectaron a países candidatos o vecinos que habían incurrido en quiebras del Estado de derecho o golpes de Estado documentados. La ausencia de un precedente equiparable al que España propone contribuye a explicar la resistencia de los socios mayoritarios, que perciben la medida como un salto al vacío sin hoja de ruta para su reversión.
Perspectiva: la UE ante una fractura de posiciones
El episodio del Consejo de Asuntos Exteriores deja expuesta una fractura interna en la política exterior europea sobre Oriente Próximo que no es nueva, pero que el conflicto en Gaza ha vuelto a hacer visible con una intensidad sin precedentes en los últimos años. La UE carece de un mecanismo que obligue a los Estados miembros a coordinar sus posiciones antes de que estas se ventilen públicamente, lo que permite que las divergencias entre capitales —Madrid, Berlín, Roma, Dublín— se proyecten hacia el exterior como señal de incoherencia institucional. En ese contexto, la pregunta que queda abierta es si España optará por persistir en la vía del Consejo, buscar otros instrumentos dentro del derecho europeo o trasladar la presión al plano bilateral con sus socios.

