La ceremonia marcó el cierre de un ciclo de seis años de formación académica y clínica para los 69 nuevos profesionales, quienes deberán completar todavía dos años de internado antes de obtener la idoneidad que les permita ejercer de forma autónoma en el país. Ese trámite, requisito indispensable para cualquier médico formado en Panamá, es previo a su incorporación a la práctica hospitalaria o privada.
Según los datos aportados por la decana Lam de Calvo, la tasa de aprobación cercana al 95% en el examen de certificación durante el periodo 2014-2026 situaría a la Facultad de Medicina de la UP como referente dentro de la formación médica nacional. La funcionaria no detalló cifras comparativas con otras facultades del país ni con universidades privadas que también forman médicos en Panamá. El dato del 25% de graduados con puntajes de referencia internacional en esta promoción se destacó como indicador de calidad, aunque no se precisó a qué estándar internacional aludía la comparación ni el número exacto de estudiantes que lo alcanzaron.
La facultad, fundada hace 75 años, acumula la formación de 6,281 médicos desde su creación, según cifras institucionales difundidas durante el acto. El registro la sitúa como la principal formadora histórica de médicos en el país, en un sistema de salud que combina la Caja de Seguro Social, el Ministerio de Salud y la oferta privada, y que enfrenta de forma recurrente déficits de personal especializado en el interior.
Los puestos de honor y el llamado a la vocación de servicio
Daniella V. Leblanc Moreno obtuvo el primer puesto de honor de la promoción. En su intervención recordó las jornadas de estudio y las dificultades enfrentadas durante la carrera, y exhortó a sus compañeros a mantener la empatía, la humildad, la solidaridad y la vocación de servicio como ejes de la práctica médica. Subrayó, además, que detrás de cada diagnóstico hay un paciente y una familia, en referencia a la dimensión humana de la profesión frente al avance de la tecnología clínica.
El segundo y tercer puesto de honor correspondieron a Esther E. Guerra Batista y Ámbar B. Barahona Centeno, respectivamente, cuyo desempeño académico fue reconocido durante la ceremonia como parte del cierre formal de la promoción 2026.
El viceministro de Salud, Manuel Zambrano Chang, quien participó en representación del ministro Fernando Boyd Galindo, llamó a los nuevos médicos a ejercer con ética, honestidad, empatía y responsabilidad. El mensaje se dirigió a un grupo que se incorporará gradualmente al sistema sanitario panameño, tanto en instalaciones públicas como en el sector privado, una vez culminado el internado obligatorio.
La vicerrectora de Asuntos Estudiantiles de la UP, Mayanín Rodríguez, centró parte de su discurso en los cambios que enfrenta la profesión médica por el avance de la inteligencia artificial, la robótica, la salud digital y el análisis de datos. Rodríguez señaló que los nuevos profesionales deberán incorporar estas herramientas a su práctica clínica de manera responsable, sin que ello suponga el desplazamiento de la relación humana entre médico y paciente.
Esa tensión entre innovación tecnológica y vínculo humano ha sido objeto de debate en las facultades de medicina de la región latinoamericana en los últimos años, a medida que los sistemas de salud incorporan diagnóstico asistido por algoritmos y expedientes clínicos digitales. En Panamá aún no existe una regulación específica y consolidada sobre el uso de inteligencia artificial en la práctica médica.
La formación de médicos en el país enfrenta además el reto estructural de la migración profesional hacia el exterior y la concentración de especialistas en la ciudad capital, un fenómeno señalado por gremios médicos y autoridades sanitarias en distintos momentos de la última década, que contrasta con la necesidad de cobertura en provincias como Darién, Bocas del Toro o la comarca Ngäbe-Buglé.
La Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá abrió sus puertas en 1951, en un país que apenas comenzaba a construir su red pública de atención tras la creación de la Caja de Seguro Social en 1941. Su papel como principal cantera de médicos ha convivido, en las décadas siguientes, con la aparición de programas privados de formación y con la persistente demanda de especialistas fuera del área metropolitana.
Los 69 nuevos médicos deberán ahora iniciar el periodo de internado rotatorio de dos años, distribuido entre distintas especialidades y centros hospitalarios del país, antes de solicitar formalmente su idoneidad ante las autoridades competentes y quedar habilitados para ejercer la medicina de forma independiente en Panamá.