Costa reconoció ante la Eurocámara que las posiciones de los dirigentes «seguían alejadas» tras la cumbre, pero defendió que se lograron «importantes progresos» en tres frentes: el refuerzo de la competitividad europea, el avance hacia un acuerdo sobre las cuentas del bloque para el periodo 2028-2037 y la gestión conjunta de la migración.
«El Consejo Europeo ha fijado el objetivo; ahora debemos continuar nuestros esfuerzos y lograr resultados. Europa no debe contentarse con reaccionar a los acontecimientos, Europa debe tener la fuerza, los recursos y la unidad necesaria para dar forma a su futuro», declaró António Costa, presidente del Consejo Europeo.
El dirigente, ex primer ministro portugués, vinculó explícitamente las prioridades que maneja el bloque: una competitividad que otorgue a Europa «poder económico» y un Marco Financiero Plurianual «flexible y dotado de recursos suficientes» que dé «capacidad de actuación» a las instituciones comunitarias. Ese marco presupuestario, que fija el gasto común durante siete años y ahora se negocia para 2028-2037, es uno de los asuntos más disputados entre capitales con visiones distintas sobre cohesión, defensa y ayudas agrícolas.
Costa confirmó la convocatoria de una nueva cumbre europea para febrero de 2027 centrada en competitividad, y subrayó que las negociaciones sobre el próximo presupuesto común entran ahora en una «fase decisiva» si los líderes quieren «lograr un acuerdo de aquí a finales de año». El trabajo se concentrará en estudiar las propuestas que la Comisión Europea y el propio Parlamento Europeo han puesto sobre la mesa.
«Es esencialmente una elección política sobre la Europa que queremos construir juntos y nuestra capacidad de reaccionar», afirmó Costa, quien insistió en que el debate presupuestario «no es una simple cuestión de cifras».
El presidente del Consejo Europeo no eludió la cuestión ucraniana y pidió mantener el apoyo a Kiev como garantía de la seguridad y los «principios y valores europeos», en un contexto en que el sostenimiento financiero y militar a Ucrania sigue generando fricciones entre los socios sobre su financiación a largo plazo. Sobre migración, Costa defendió que alcanzar «soluciones comunes europeas» en esta materia «demuestra el valor de la acción colectiva», en referencia a los acuerdos de la cumbre sobre gestión de flujos, un asunto que la UE ya abordó al reconocer la «situación específica» de Ceuta y Melilla como frontera africana.
La exigencia de dotar de más recursos a la Unión no es nueva: el Fondo de Recuperación de 750.000 millones de euros, aprobado por los Veintisiete en julio de 2020 tras cuatro días de negociación para responder a la pandemia, marcó el precedente de una deuda común que otros Estados, encabezados por los llamados «frugales», aceptaron solo con carácter excepcional. Ese pulso entre ambición financiera y cautela presupuestaria reaparece ahora en la discusión del marco plurianual.
Con las riendas de la negociación presupuestaria ya en sus manos, Costa fijó el horizonte de cierre en el final de este año y dejó para la cumbre de febrero de 2027 el capítulo específico de competitividad, que según sus palabras ante la Eurocámara debe convertirse en la base del «poder económico» europeo.


