La aparente contradicción entre récord de afiliados y subida del paro responde al mecanismo estadístico que rige las cifras del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE): una persona que regulariza su situación administrativa y se inscribe como demandante de empleo pasa a contabilizarse como parada, aunque antes trabajara sin contrato o fuera de las estadísticas oficiales. El efecto no implica necesariamente una pérdida de puestos de trabajo, sino la incorporación al sistema de personas antes invisibles para el registro.
El desempleo masculino se dio la vuelta tras meses de descensos interanuales y subió en 8.227 personas en términos de un año, un cambio de tendencia que contrasta con la fortaleza del mercado laboral que el Gobierno y el Banco de España han reflejado en sus últimos informes de coyuntura. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones sostiene que la afiliación es el indicador más fiable de la salud del empleo, frente al paro registrado, que recoge inscripciones en oficinas y puede distorsionarse por movimientos administrativos como las regularizaciones.
El repunte de octubre llega después de que la Seguridad Social sumara 186.612 afiliados, el mejor dato desde 2002, un registro presentado como prueba de la solidez del empleo en España. La convivencia de ambos datos reabre qué indicador refleja mejor la realidad del mercado laboral en un contexto de intensa regularización migratoria.
El patrón ya se repitió en septiembre
El mes anterior había dejado una señal similar: en septiembre la Seguridad Social superó los 22,6 millones de afiliados mientras el paro subía en 43.000 personas, una cifra casi idéntica a la de octubre. La repetición en dos meses consecutivos apunta a un fenómeno ligado a los procesos de regularización extraordinaria más que a una anomalía puntual.
España ya vivió desajustes de este tipo entre afiliación y paro registrado durante las regularizaciones masivas de extranjeros de 2000 y 2005, cuando miles de trabajadores sin papeles pasaron a las estadísticas oficiales de un día para otro, inflando tanto la afiliación como, en determinados meses, las listas del paro, según el momento del ciclo en que se produjera la incorporación.
El paro registrado del SEPE mide las inscripciones en las oficinas de empleo a final de cada mes, mientras la afiliación a la Seguridad Social contabiliza a quienes cotizan. Ambos registros administrativos pueden divergir cuando un grupo numeroso se incorpora simultáneamente al sistema, como ocurre en un proceso de regularización, donde la persona puede quedar dada de alta como demandante antes de encontrar un empleo con contrato.
La divergencia entre récord de afiliados y repunte del desempleo quedará contrastada con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre que el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicará en los próximos meses, el indicador que mide la realidad del mercado laboral más allá del registro administrativo mensual.
