El edificio conserva torres almenadas y otros elementos del diseño original, combinados con una reforma integral que incorporó sistemas de climatización y comodidades actuales. La vivienda principal suma aproximadamente 1.000 metros cuadrados construidos repartidos en cuatro plantas conectadas por ascensor, con ventanales y terrazas orientados hacia el embalse y las montañas circundantes.
El interior reúne siete habitaciones exteriores concebidas como suites, equipadas con chimeneas de diseño y, en algunos casos, jacuzzi. En total la finca dispone de once cuartos de baño, y el número de dormitorios puede ampliarse hasta once gracias a un pabellón destinado originalmente a la celebración de eventos, que incluye una barra de bar y admite su transformación en cuatro habitaciones adicionales.
El conjunto se completa con salón-comedor, cocina, garaje, almacén y sala de máquinas, una distribución que según la promoción del inmueble permitiría distintos usos: desde residencia particular hasta espacio para encuentros empresariales, turismo exclusivo o rodajes audiovisuales, siempre que se cumplan los requisitos legales correspondientes.
El rasgo más singular de la Isla Centinela es su condición insular: el acceso habitual se realiza en barco desde un embarcadero privado, lo que la separa físicamente de las zonas pobladas del entorno. La finca cuenta además con arboleda propia y pequeñas calas junto a la construcción, según la información comercial.
Esa condición, sin embargo, no es permanente. Cuando desciende el nivel del agua del embalse, la superficie puede quedar conectada con tierra firme, lo que permite llegar en vehículo hasta las inmediaciones del castillo. El acceso depende así, en parte, de las fluctuaciones hídricas de El Burguillo, un embalse del río Alberche gestionado dentro de la cuenca del Tajo cuyo nivel varía según la temporada y las sueltas de agua.
La infraestructura energética e hídrica de la finca busca garantizar su funcionamiento al margen de las redes convencionales: según el anuncio inmobiliario, dispone de paneles solares y dos grupos electrógenos de respaldo para la generación eléctrica, además de sistemas propios de depuración y filtración de agua.
Con un precio de 3,25 millones de euros, la Isla Centinela se suma a un mercado inmobiliario español donde las propiedades insulares privadas con edificaciones históricas son infrecuentes. La combinación de arquitectura de principios del siglo XX, entorno natural y aislamiento físico define el perfil de comprador que persigue la promoción del inmueble, que la publicita como una opción para quienes buscan más que una vivienda convencional.


